viernes, 28 de septiembre de 2018

Pequeñas escenas cotidianas.



Él podía citar a Cortázar a la perfección mientras yo lo miraba perdida en la extensión de sus palabras que, lentamente, se esparcían en el espacio. Así éramos, dos locos que buscaban aprender a querer en una sala oscura, entre líneas ajenas, desesperados por encontrarse en otro cuerpo, en otra piel que cargara con cicatrices distintas, menos profundas que las dejadas por los fantasmas del ayer. A veces, él me leía algunas historias sueltas sobre fútbol y amor, era otra fórmula que encontramos para el sudor en medio de tanto caos, nuestra forma de unirnos en un amalgama infinito, muchas veces exasperante también, porque entrar en nuestro mundo de miradas y silencios era tan imposible como evitar que la luna riele en el mar. También habían noches en que faltaban las palabras y sobraban las melodías, noches en las que el silencio se metía entre las sábanas cada vez que se levantaba para ir en búsqueda de aquellas notas que entraban en mi alma tanto como él en mi cuerpo. Por cierto, nunca aprendimos a amarnos, pero sí jugamos a hacerlo de vez en vez, escondidos entre su espacio y mi mundo, y fuimos felices cuando nuestra piel se unía con canciones y bocetos y palabras que nunca nos pertenecieron pero que nos sirvieron como guías para sobrevivir al absurdo de un mundo que no sabe ser en soledad y que ahora aprende a ser sin su compañía.


jueves, 13 de septiembre de 2018

Respirarte, pensarte, escribirte.


Te quedas suavemente atorado en mi almohada, entre besos fugaces y caricias que aún siento en mi piel y que se pierden en mis formas hasta hundirse en mi cuello; te entierras en mi pecho, eres el viento que faltaba, el pensamiento que duerme conmigo transmutado en todos los colores de mi sonrisa, en el sabor de tus manos que rozan mi cordura y atraviesan mi intimidad. Caen los días con el peso de la rutina y surge este anhelo de poder encontrarte en algún rincón de alguna calle que me lleve hasta el hueco que me guarda tu espalda, el espacio para mis labios, para este impulso que me lleva a extrañarte aun cuando paseas entre mis sueños. El olor de tu cuerpo permanece en mis sábanas, disipa el letargo, distrae mi juicio mientras las perspectivas de siempre comienzan a transformarse al compás de aquel corazón que anidó entre mis piernas como tatuaje para mi espíritu. Pruebo tu sabor cada mañana, me enredo en tus cabellos y dejo al deseo volar, que me conduzca hacia ti la brisa y me tienda a tu lado sólo un segundo más para que el mundo ya no exista sino es a través de tus ojos, sumergido en tu dulzura, extraviado en tus formas de amar.


Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...