sábado, 23 de abril de 2016
Viejas noticias.
A veces la calma del humo inunda mi ventana,
aquella que tantas veces esperó por tu llegada
en noches invencibles por el frío
en noches eternas por el inquebrantable deseo
que nos embriagaba entre imágenes y palabras
compartidas en la oscuridad del anonimato.
A veces la altisonancia sobra y solo queda
el recuerdo de tus manos cubriendo mis caderas,
cada uno de mis rincones en la prohibición del tacto;
porque la moral sigue herida por el juicio impuesto
y los compases cesan en la velocidad de tu canto.
A veces, las piernas tiemblan al recordar tu nombre
y la firmeza del cuerpo cede ante la tentación
de recordar el dulce descaro de tus palabras,
el suave roce de tu piel sobre la mía,
bajo los instintos de una melodía perdida
en el tren de mis mentiras.
A veces te escribo solo para provocar a la memoria,
para tentar la sugerencia de una carne que no olvida,
de un cuerpo que insiste en gritar tu nombre
cuando es tocado por otras manos,
otro aroma,
otro color...
así, a veces espero la amargura del castigo que llevo tatuado,
el que ha caído por dejarme ir.
lunes, 18 de abril de 2016
Fénix
es la rebeldía de un corazón cansado de esgrimir su espada
frente a castillos infranqueables y nubes imaginarias;
es el síntoma de un alma hastiada de esperar la llegada
de nuevos brazos que protejan su candidez del arribo
de eclipses eternos y eternos vendavales.
de nuevos brazos que protejan su candidez del arribo
de eclipses eternos y eternos vendavales.
Florecer es el deber frente al escarnio de tu ausencia,
frente al deseo pervertido por la emoción
de no saber si buscarte o dejarme partir,
de no creer que existan razones para odiarte más que el temor
que generan tus caricias escondidas en mi viente.
que generan tus caricias escondidas en mi viente.
Florecer es un invento de los otros para entender
el por qué seguimos de pie después de la tormenta,
el mito creado para sostener una esperanza caduca,
encerrada,
prohibida
por el recelo de tus formas y la intensidad de tu cuerpo;
porque no quedan más razones que tejer en la espera
ni excusas que frenen la tempestad de tu locura.
Florecer es sólo la imagen recurrente de los heridos crónicos,
un acto de patriotismo frente al amor y el desencanto;
porque florecer es el ingrediente imaginario de toda desdicha
y yo renazco como las olas en intensidad e inconsistencia:
mientras las flores se marchitan,
el mar me espera.
jueves, 14 de abril de 2016
En negro.
La ira se queda en mi interior,
arraiga como las viejas heridas del mar
que marcan mi cuerpo en cada esquina,
en cada rincón abandonado por tu ausencia.
La rabia me domina lentamente y pierdo el control
de mis manos y de mis pensamientos,
golpea mis muslos y se queda roja del pudor
al tener que aceptar que no soy dueña de mí,
que no tengo el control de lo que tocan,
de lo que rompen,
de lo que hieren
por no medir el veneno que brota de cada impacto;
porque el fuego me consume en la soledad,
porque la intensidad de mis maneras encuentra ecos
en una piel cansada de tantas afrentas.
La ira me conduce por laberintos indolentes,
por pasajes que desconozco
entre la oscuridad de mis pensamientos y la furia de mis puños;
me guía en la espesura de mis pesadillas y me impide respirar
mientras insisto sentada en la espera de un mañana
que permita la caída de mi perversidad,
que el tiempo al fin se detenga,
que la locura llegue a cualquier final.
Cayendo
De pronto un nuevo aire me domina
porque el tiempo solía detenerse en tu presencia
y hoy la inmovilidad enferma mi espíritu:
busqué libertad en tu cuerpo y encontré solo cadenas,
la traición a mis instintos
la caída del mar...
busqué libertad en tus labios
y sólo pude hacerme cautiva de los tuyos,
enrojecidos por el furor de mi vientre,
endurecidos por las viejas heridas aun abiertas.
Un aire nuevo me domina y me lleva a soltar tu cuerda,
gana de nuevo la manía de sentir el control y pierdo el miedo
a dejarte partir aun sabiendo que nunca fuiste mío;
que las sábanas quedaban guardadas para otras piernas
y el aroma de tu cuerpo se cubría de honestidad,
de la dulzura
que hoy encuentro en mis manos y en tu tempestad.
Me conquista un nuevo aire,
traído desde el otro lado del mar;
y me quedo tranquila, intentando respirar.
domingo, 10 de abril de 2016
Herida
Esta noche tengo el alma herida
no por tu capricho sino por mi voluntad.
Ha caído la sensatez y pierdo el control
sobre mis labios,
sobre mi boca;
pierdo el control de las palabras y de la mente
que me llevan a laberintos oscuros
donde la única salida es un perdón que no existe.
Tengo el alma herida por el temor que me causa
tanto tu presencia como tu ausencia;
miedo de mí y de lo que haces de mí en la oscuridad,
pánico al pensar cómo sería a la luz del día.
Sigo perdida entre tus sobras, tus formas desdibujadas,
tu lucidez y tu tacto desenfrenado
(arrebato de mi cordura);
me pierdo en la no respuesta de una honestidad acomplejada,
de las verdades que callo por prudencia,
de las alas rotas con recelo a volar.
Esta noche tengo el alma herida
no por tu capricho sino por mi voluntad:
herida por la sinrazón de mi adicción a tu cuerpo,
herida por la calidez de tu espalda y de tu alma la frialdad.
domingo, 3 de abril de 2016
Farewell
El humo se escapa de mis pulmones hacia mi cabeza,
hasta mis ojos,
me nubla la vista y me impide volver a verte
porque trae consigo la claridad de tu abismo:
la verdad de una naturaleza fácil de leer
pues tu cuerpo no guarda rincones libres de mi roce
y tu alma no guarda secretos ante mis ojos.
Algo perturba mi quietud, tu piel sigue bañándome
pero me alejo a paso firme ya en la ruta que me guía
a nuevos parajes de lo privado,
a nuevos brazos como los fueron alguna vez los tuyos
porque huir se ha vuelto mi vicio y mi mayor virtud,
porque debo cubrirme de la lluvia que trae tu tormenta.
El humo se escapa y se aclara mi pensar:
no quedan reproches ni excusas que guarden tus máscaras,
porque esta noche marco la distancia,
porque esta noche escapo de ti.
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