martes, 20 de noviembre de 2018

Algo dulce



El verano comienza a adueñarse de mi piel, se entierra en mi pecho y deja un gusto nuevo, como de frutos tan dulces como tus besos, esos mismos que se esconden para proteger aquello que crece sin saber de pausas ni de esperas. El viento a penas sopla, se adueña de mis sentidos, me enseña a respirar en tu ternura, en tus secretos; el viento sopla y comienzo nuevamente a creer en las palabras y en los silencios, comienzo a sentirte en cada abrazo un poco más adentro, como si tu aliento diera vida a mis pies dormidos mientras comienzo a habitar en ti con el mismo cuidado con el que tocas mi alma antes de entrar. Está el viento, el verano, el sol que quema y se siente en lo profundo; te repito en mi memoria, en mi cuerpo, en mis labios, te repito para traerte en la distancia y vuelvo a repetirte para no salir de ti, porque mi militancia es tu sonrisa y tu libertad es el principio que mueve mis piernas cuando debo despedirte cinco veces en una noche mientras cierro los ojos y te miro en el centro, en tu mirada, en un lugar que es nuestro y del que no quiero partir.





viernes, 28 de septiembre de 2018

Pequeñas escenas cotidianas.



Él podía citar a Cortázar a la perfección mientras yo lo miraba perdida en la extensión de sus palabras que, lentamente, se esparcían en el espacio. Así éramos, dos locos que buscaban aprender a querer en una sala oscura, entre líneas ajenas, desesperados por encontrarse en otro cuerpo, en otra piel que cargara con cicatrices distintas, menos profundas que las dejadas por los fantasmas del ayer. A veces, él me leía algunas historias sueltas sobre fútbol y amor, era otra fórmula que encontramos para el sudor en medio de tanto caos, nuestra forma de unirnos en un amalgama infinito, muchas veces exasperante también, porque entrar en nuestro mundo de miradas y silencios era tan imposible como evitar que la luna riele en el mar. También habían noches en que faltaban las palabras y sobraban las melodías, noches en las que el silencio se metía entre las sábanas cada vez que se levantaba para ir en búsqueda de aquellas notas que entraban en mi alma tanto como él en mi cuerpo. Por cierto, nunca aprendimos a amarnos, pero sí jugamos a hacerlo de vez en vez, escondidos entre su espacio y mi mundo, y fuimos felices cuando nuestra piel se unía con canciones y bocetos y palabras que nunca nos pertenecieron pero que nos sirvieron como guías para sobrevivir al absurdo de un mundo que no sabe ser en soledad y que ahora aprende a ser sin su compañía.


jueves, 13 de septiembre de 2018

Respirarte, pensarte, escribirte.


Te quedas suavemente atorado en mi almohada, entre besos fugaces y caricias que aún siento en mi piel y que se pierden en mis formas hasta hundirse en mi cuello; te entierras en mi pecho, eres el viento que faltaba, el pensamiento que duerme conmigo transmutado en todos los colores de mi sonrisa, en el sabor de tus manos que rozan mi cordura y atraviesan mi intimidad. Caen los días con el peso de la rutina y surge este anhelo de poder encontrarte en algún rincón de alguna calle que me lleve hasta el hueco que me guarda tu espalda, el espacio para mis labios, para este impulso que me lleva a extrañarte aun cuando paseas entre mis sueños. El olor de tu cuerpo permanece en mis sábanas, disipa el letargo, distrae mi juicio mientras las perspectivas de siempre comienzan a transformarse al compás de aquel corazón que anidó entre mis piernas como tatuaje para mi espíritu. Pruebo tu sabor cada mañana, me enredo en tus cabellos y dejo al deseo volar, que me conduzca hacia ti la brisa y me tienda a tu lado sólo un segundo más para que el mundo ya no exista sino es a través de tus ojos, sumergido en tu dulzura, extraviado en tus formas de amar.


viernes, 10 de agosto de 2018

Volver a decir adiós


Esta noche miro al cielo y comprendo que no eres más que un espejismo, una farsa que entrega calidez a cambio de perpetuar complejos repetidos como espiral, porque no sabes de sinceridad si no es por violentas explosiones que terminan siendo un grito de ayuda.  Te recuerdo y comprendo que no existes, que logré descifrar tu misterio y que nada tiene que ver con el reflejo de tu imagen ni con tu voz trémula llamándome a la calma; no existes porque te has enterrado en tu pecho, porque quien camina es el impostor que has creado para jugar en cada esquina que encuentras y que te entregue un segundo de atención. Te recuerdo, porque lo más honesto de ti quedó perdido en una sábana sucia de aquella habitación que tomamos para olvidarnos del ruido del mundo y, aún así, comprendo que lo tuyo no son mentiras sino trampas y caprichos, una locura en la que te pierdes para justificar tus máscaras, para perder el tiempo que te consume lentamente porque sobrevives resistiendo los golpes en sólo un frente. Esta noche miro al cielo y te destierro, te expulso de mi piel, te libero de mis besos, le grito a las estrellas y así te despido; porque los cobardes siempre pierden cuando se trata de amor, porque tú sólo haces apuestas seguras. Entonces, en medio de la oscuridad nocturna cierro los ojos y siento cómo el viento abre mis alas para llevarme lejos de tu tormenta, lejos de todos tus miedos, lejos de este triste devenir que me aprieta el corazón cada vez que bajo mis barreras; pero todo termina, volvemos a decir adiós, los botes se alejan del puerto y yo respiro en calma sabiendo que allá lejos me espera otro faro que iluminará toda esta oscuridad que dejaste en mí.


sábado, 4 de agosto de 2018

Despedidas



Esta mañana desperté con el sabor de tus palabras, ese gusto a ti que viene con las ganas de hacer las cosas bien y quedarme a tu lado, de esperarte todas las tardes en la esquina de siempre y armar un nido en tu pecho para que tengas un poco de mí en cada sueño que te lleve lejos. Se me agotan lentamente las horas mientras busco desesperada algo para darte, algo para decirte, algo que calme estas ansias que me llevan a alejarte, a huir de la calidez de tu ternura que cae como lluvia para apagar tanta furia y tanto desastre después de todas mis derrotas pasadas. Fantasmas dejaron mis labios amargos con la hiel que esparcieron y tú los limpias con cada beso, con cada caricia que me entregas; llegaste para arrancar las máscaras, los velos que caen en mi alma y no dejan ver más que espejismos de barbarie y libertad, ideas difusas de revoluciones pasadas y caídas futuras; te lo llevas todo con un abrazo, arrazaste con mis muros y me dejas en la intemperie de un sentimiento que crece cada vez que escucho tu voz dulce, profunda en tono y pasión. Te miro una última vez, tus ojos ven lo que los míos anhelan y los míos se limitan a cerrarse para soñarte nuevamente entre mis rincones y la luna que nos aguarda, que quiere dejarte mi piel para que puedas vivirme como quieras mientras yo me despido una última vez porque, por este día, ya no puedo quedarme, no puedo seguir resistiendo tu calor.







lunes, 30 de julio de 2018

Noche de invierno



Un frío desconocido recorre mi espalda cada vez que sale el sol y yo invoco tu nombre, es como si los colores del cielo se fugaran con tu recuerdo dulce perdido en mi sillón, como si no existieras más que en mi memoria errática y en las sombras de un beso a medias que se esconde tras mis intenciones de quererte. Todo cambia cuando llegas a mis pensamientos, las nubes me cubren y sólo se esfuman cuando vuelvo a sentir tu pecho latiendo, cuando dejas caer tus ojos sobre mi indecisión, la misma que me come y me llena de temores al sentirte tan dentro mío, tan profundo, que quemas justo en el centro de mis miedos. Siento el hielo calando en mis huesos, adentrándose en mi alma mientras busco formas de exiliarte de mi mente, de mi corazón que sólo sabe de fantasmas y fracasos, de cuerpos que se pierden en la niebla por las huellas que han dejado aquí; siento el peso de tus besos expulsando a aquellos labios que dejé cruzar pero jamás quedarse, porque los míos sabían que algún día llegarían otros que no querrían dejar partir pero nunca anticiparon que vendrían con tu luz, con tu calor, con tu ternura. Así, acepto la distancia y me condeno al olvido, me resigno a haberte vivido y no ser capaz de enfrentar tu mirada sosteniendo la mía, abrazando mis penas, conteniendo mi aliento que se torna cada vez más débil sin tu mano recibiendo la mía, sin mis sueños escapando con tu voz.


jueves, 26 de julio de 2018

Nuevos anhelos



Quisiera explotar un segundo para poder enterrarme en tu torso, hacer un nido y quedarme pegada a ti un segundo más, escuchar los latidos de tu corazón, tu respiración tratando de volver a la calma, pasear mis dedos por tu cabeza y que tú hagas lo mismo con la mía, retorcer el cuello para decirte de algún modo que en ese momento eres mi hogar, el fuego que me resguarda del hielo en mi alma. Quiero perderme en tu abrazo, aquél que me hace sentir frágil y pequeña, que me obliga a soñar, a estirar las manos al cielo para colgar de tu cuello porque nunca supe de vértigo hasta el momento en que empecé a extrañarte, a enumerar tus formas de mirar y de dejar de hacerlo. Quisiera navegarte y naugragar sólo por una noche, abandonar las pesadillas que me acorralan a diario y encontrar un respiro, contigo en mi espalda, cuidando mi sueño con la misma ternura con la que me acercaste aquella noche a tu cuerpo. Quiero quererte sin la piel y sin excusas, quererte en el pecho, en la mente, en los labios que por hoy se estremecen con tan solo nombrarte; quererte así, en un beso que hoy guardo para no pensarte tanto, para evitar estas ganas de no dejarte ir.


Explicaciones al aire.


De algún modo que aún no entiendo empiezas a quedarte grabado en mi piel, llegaste como un hechizo para clavarte en mi espalda, en mis tatuajes corroídos por tanto amar de formas equivocadas. Te quedas la noche entera en mi oído, tus bajos anidan en mi cuello mientras recuerdo las vibraciones de tu voz llamándome a la calma, una sensación que hoy siento jamás haber conocido si no hubiesen llegado tus brazos; porque vivo rodeada de monstruos que me acechan cuando el sol se esconde, porque no me reconozco entre las calles de una ciudad que me vuelve ajena. Me pierdo en tu ternura, en tu forma de pensar, en tus sábanas que me escondieron de todo el ruido del mundo que me persigue hasta dejarme sorda; me pierdo pensando en si te quedarás conmigo y mis fantasmas cuando el solo hecho de andar se comienza a convertir en una utopía que mantiene mi ritmo pero no mi rumbo. De algún modo, de alguna forma que aun no conozco, empiezas a habitar entre mis telarañas y darme la esperanza que creía perdida, la esperanza que me aterra y me inmoviliza porque no sé querer ni entregar sin el cuerpo de por medio, porque me encuentro rota y no sé dónde quedaron aquellas instrucciones para reconstruir lo que yo misma he derrumbado. Empiezo a quererte, tal vez, empiezo a sonreírte, a pensarte al abrir los ojos y a invocarte cada vez que los cierro para ganar un poco de tiempo que me ayude a comprender cómo detenerlo y detenerte aquí, conmigo, en un respiro eterno.


lunes, 23 de julio de 2018

El cuerpo.



El cuerpo para mí es principio y final, un eterno enemigo cuando las imágenes se fragmentan, cuando aparece en los espejos de mil formas de mirar distintas, cuando los tabúes y los miedos vencen al deseo que desafía los cánones, o los principios, o las correctas formas de presentarse. Ese es el cuerpo, oprimido y acechado por una historia que le ha enseñado que debe adecuarse, esconderse, prohibirse; una víctima de nuestra hipocresía que quiere entregarse y no puede ser visto porque la cultura pesa más que su llamado, porque el pudor se impone a la libertad de poder vivirlo en cualquier forma y tamaño. Mi cuerpo es el recuerdo de todas aquellas heridas que llevo en la piel y en el alma; es la muestra de toda la resistencia que cargo en los brazos, en las piernas, en mi vientre: la pérdida y la vida que ahí han anidado. Guardo aquí mis temores y alegrías porque el cuerpo es tanto luces como sombras, porque me ha convertido en mujer, en madre, en cómplice, amiga, amante y contradicción. Así, mi cuerpo es el hogar de todo lo que tengo, porque lucho a diario por ignorar las voces que buscan imponerse sobre él, rescatarlo de sus estigmas y su pasado para simplemente dejarlo respirar. 





viernes, 13 de julio de 2018

Perdida


Antes de ir a dormir suelo salir a fumar un cigarro todas las noches, me pierdo en las volutas del humo enfrentando el frío que se impregna en mi rostro y en mis dedos; es un acto de soledad suprema, un grito de tranquilidad en el que me afirmo de forma constante en la paz que me da no tener que explicar ni mis tardanzas ni mis anhelos. Prefiero esconder las marcas de mis manos de este modo, enterrarlas en mi bolsillo antes que vuelva la necesidad de entregarlas a quienes agotaron mi voluntad, porque querer suena cada día más utópico si no siento mis pies ni mi frente ni mi espalda. Al terminar permanezco un rato en el balcón contemplando las luces de los edificios que me rodean, aquellas bancas que se ven lejanas y, cuando tengo suerte, a algún paseante noctámbulo a quien me gusta creer igual de perdido que yo, igual de náufrago en esta ciudad. Me pierdo en la noche para no perderme en el vendaval de ideas que suele ahogarme día a día, pues mi mente avanza a caudales, irrefrenable, sin saber de paradas ni pausas. Me invade la tristeza y me sé rota, fragmentada; me quedo quieta en el mutismo porque las penas deben quedarse bajo la alfombra, no se lucen, no se muestran; me pierdo porque nací extraviada de mí misma, sin saber a qué puerto pertenezco ni si las luces de aquellos edificios, los mismos que hoy me acompañan, permanecen ahí para no dejarme sola o si son solo los fantasmas de otras vidas plenas a las que debo envidiar por tener mejores razones para alargar la jornada. Así, no hay más que atacar al insomnio con amargos bocados de sueños en negro, vacíos de cualquier energía  por sentirme incomprendida entre tanta desdicha, mientras el humo que antes me envolvía me abandona en la misma soledad con la que inicié, en el silencio ensordecedor de mi mente.


martes, 10 de julio de 2018

Antes de dormir


Antes de dormir comienzo a pensarlo, a revivirlo como si estuviese atorado en mis sábanas, en mi pecho y en mis piernas. Lo imagino perdido en aquél oscuro rincón en el que yo esperaba con ansias el perderme en su boca, en su mente infinita y caudalosa, navegar en sus ideas, en su lengua y en su carne, porque todo en él me seduce, todo en él me eriza la piel, la mente, el alma. Lo imagino descansando a mi lado, abrazándome aún por la espalda, rodeando mi cuerpo con su ingenio y su pasión; porque con el silencio de la noche irrumpió también su dulzura, la misma que se perdía en mi cabello mientras yo me perdía en su ombligo. Lo siento aún adentro, cerca del corazón cuando se estremece con sólo pensar su nombre, su verbo, sus brazos recorriendo mi columna; lo siento en el centro de un corazón que empieza a renacer no por su llegada sino por el descubrimiento de poder sentir lejos del canon impuesto, fuera de la comodidad en la que me sitúo buscando refugio y seguridad, buscando no volver a herirme de tanto amar la vida. Antes de dormir comienzo a pensarlo y su fantasma se desliza por mi almohada, musita en mi oído deseos que naufragan en el pudor de sabernos ocultos y expuestos bajo las luces de aquél semáforo que nunca nos dio luz roja, porque mi cuello no busca más que reconocer sus labios y mi sexo no recuerda más que su sabor.


lunes, 2 de julio de 2018

Día de invierno



Los días como este siempre aumentan esta nostalgia crónica que habita conmigo; es como si viviera extrañando algo o a alguien que aún no conozco, como si añorase un lugar que aún no he visitado y del cual me siento parte desde que tengo memoria. Quizás es el frío entrando en mis huesos mientras me pierdo mirando el humo del último cigarro, un abrazo que significó el mundo en su momento, o puede que sea una palabra recitada en mi oído con la suavidad de la lluvia y el viento estacional. Tal vez, es un sueño del que jamás desperté, a la orilla del mar, en el límite de mis arranques y del disfraz que cargo para no sentirme nuevamente lastimada, porque el frío me recuerda la fragilidad de la que me avergüenzo, la debilidad que cargo en el cuello y en mi alma. Los días así me roban el sol pero no la sonrisa, porque he aprendido a reír con nueva simpleza, con aires libres de heridas y de errores que no cargan mentiras que esconder entre las nubes de tormenta. Por mientras, la lluvia comienza a secarse en las calles, se encienden los faroles de la esquina y me siento en la misma banca de siempre a esperar que despeje la niebla, la nostalgia y este invierno que apaga los fantasmas y que enciende la tempestad.


miércoles, 20 de junio de 2018

Cuadro



De pronto, la luz del fondo se enciende y se asoma tu silueta por la puerta; aparece como sacada de un cuento antiguo, de una de esas historias que uno no quiere volver a repetir pero que sigue releyendo en el tiempo por ese apego a las historias inmortales. Atraviesas la habitación, llegas por mi espalda y tus brazos se entierran en mi cintura; me quitas el sweater, besas mi cuello con medida suavidad, acaricias mi pecho y te largas como invitándome a seguirte. Desapareces entre el humo mientras te observo, mientras tus dedos siguen vibrando en la superficie; dudo un segundo de mis pasos mientras repaso la lista de mis deberes del momento, pero el impulso le impide a mi mente pensar en otra cosa que no sea tu cuerpo. Te sigo como náufrago en busca de un faro, como si la oscuridad de aquel rincón me atrapase con un magnetismo desconocido que me enreda en tus piernas cada vez que rozas mis cicatrices, cada vez que entierras tus ojos en mis labios. Así caemos en la cama para fundirnos en un tiempo que se me hace eterno, un tiempo que suelo revivir en mi almohada y que se escapa de vez en cuando para recordarle a mi piel que sigue viva aun cuando siempre cargo un trozo de otoño en el alma; caemos, bajamos, perdemos el rumbo pero encontramos el sur pues navegamos en un retroceso constante que da paso al deseo y a la calma. Al terminar, permanezco un momento en reposo acompañada de tu ausencia, un beso tuyo marca mi espalda y me levanto aun mareada por tu intensidad; entonces, el roloj anuncia la hora y tu abrazo dibuja para mí un trozo de felicidad en el aire que cuelga de tu boca, que me ata a tu libertad.


martes, 12 de junio de 2018

Preguntas



Por las noches me pregunto qué pasaría si te pido que me extrañes, que me pienses con la misma intensidad con la que te presiento cada noche que no estás a mi lado, cerca de mi ombligo, enterrándote en mi mente con aquella sutileza que tienen tus ojos que se clavan en mis labios. Me pregunto cómo sería decirte al oído que no es solo mi cuerpo el que te desea, que mis manos te buscan para no dejarte ir, para guardarte dentro mío, en algún rincón que no permita que se borre tu nombre, en algún lugar junto a tus besos dulces que tiñen mis caricias que terminan en otros puertos, en sitios cargados de ternura pero que no tienen tu sabor. Pienso en cómo sería ser tuya y que tú seas mío y que nos pertenezcamos en la libertad que sólo tú y yo conocemos, esa que gozamos de vez en cuando en la complicidad de tu cuarto, el mismo que recorro aún con temor por no saber si existen sombras o enemigos a la deriva; porque me pregunto cómo sería quererte sin silencios y sin miedos, sin las dudas que me cercan y me dejan inmóvil mientras sigo náufraga de tu mirada, perdida en tu lucidez y tu perversión que no conocen límites cuando se extienden sobre mi piel que es tuya, mi piel que vive amarrada a tu voz.


viernes, 25 de mayo de 2018

Lista de deseos


Hoy sólo quiero gritar que te quiero, que sueño cada noche con tu nombre y que lo vivo también en el alba, con la luz del sol, con el recuerdo en mi oído de tu voz que aparece por mi espalda para anunciar la despedida. Quiero mirarte a los ojos sin adornos y sin trampas, sin caretas que oculten los miedos que habitan conmigo, aquellos que musitan en mi almohada y que quiebran estas ganas de ser valiente sin importar el cómo ni el cuándo. Quiero suspirarte todo el amor que cargo en mi pecho, que conquistes mi vientre, que nunca tenga que dejar ese hueco en tu brazo que me cuida aún cuando hacerlo es imposible debido a aquellos fantasmas que dejaron las pasadas revoluciones, por las heridas que no sangran sólo gracias al cemento. Quiero que aprendas a leerme entre sábanas y líneas, encontrar certezas en tu pecho y aventuras en tus manos, que en mis labios sólo encuentres verdades y un poco de aire en lo poco que me queda de voz para nunca volver a dejar tu lado, gritar simplemente un "te quiero" y así  enraizar en tu pecho para no volver a partir.


martes, 22 de mayo de 2018

Puerto de otoño



Desde que entraste en mí cargo una piedra en mi pecho que me quema tu nombre y me marca la piel; así te tengo en cada esquina que tu lengua conoce, en cada rincón que ha sido abrasado por tus besos, por tu fuego que penetra en mi mirada y en cada hueco que posee mi alma. Cargo contigo en medio de la tormenta que es descubrirte, mirarme en el abismo de tus ojos tornasol que abrigan esta tierra helada en la que habito cuando no te tengo, cuando estás con todos, cuando en ti me abismo aquellas noches insostenibles por tanto soñarte, por tanto pensarte en la sequía de mi almohada que sólo sabe de la cadencia de tu voz. Te llevo con la violencia de tu cuerpo latiendo en el mío, con la paciencia de un corazón que ha sabido esperarte y de unas piernas que te han buscado en otros astros, en otras orbes, y que no han encontrado frutos ni encanto; te llevo con vehemencia, con deseo, con este amor infinito que te espera en la esquina para vivirte sin excusas y sin miedos, sin disfraces que escondan las huellas que ha dejado tu tempestad en mi interior. Te cargo conmigo porque me dejo ir en tu locura, me pierdo entre tus brazos, en tu mano sosteniendo mi cuello y tocando mi rostro, diciéndome dónde caer y dónde dejarme morir; porque te encontré entre las ruinas y te amé en la oscuridad para quedarme a tu lado, para nunca más partir.


domingo, 20 de mayo de 2018

Ambivalencias



Te quiero en el equilibrio y en el desbalance, porque el amor no nace en el estómago sino entre las piernas, en el deseo que surge entre miradas y palabras, entre roces que se mezclan con lo humano y lo divino. Te quiero en el bien, en la cítrica luz que atraviesa tu ventana y en el sabor de las mañanas entre tus sábanas; te quiero así, en lo simple, en lo cotidiano, pero te amo aún más en el mal, en la oscuridad de aquel cuarto y en la tenue luz de nuestros rincones; te quiero en las sombras porque ahí nacimos a la vida, entre el error y la locura de desearte en lo imposible, en lo inefable de tus besos bajando por mi cuello aquella lejana tarde de lluvia. Así, cuando el cielo se cubre de negro y llega a mi mente tu imagen, te sueño con el pecho apretado de tanta angustia al recibirte en la duda y la cobardía de no saber cómo gritar este sentir que duerme conmigo, de no saber cómo ahogar este anhelo ambivalente que carga tu nombre.


martes, 15 de mayo de 2018

Cosas del quererte.


Quererte es un acto de rebeldía, quebranta todas las normas del juicio y anima el vuelo de un instinto dormido, de un amor perverso que me amarra a tu lengua y al impulso de este deseo que crece cada noche en tu ausencia. Te pienso en el silencio, desde las sombras, porque quiero amarte hasta el extremo, odiarte con cada fibra de mi cuerpo hasta que explote toda la ternura que guardo en mis dedos y así pensarte en los segundos, en las distancias y en los errores, perdonarte en el pasado para quererte en el futuro como acto de resistencia frente a tanto ruido y tanto olvido. Quiero quererte hasta que me llames tuya, porque tus formas no traen cadenas, porque tus manos me han memorizado tal como yo he memorizado tu cuello y aún así solo encuentro libertad en tu pecho, porque quererte es un acto de liberación, un grito de guerra que llevo grabado en mis huesos y que silencio en el andar errático de mis pies frente a tus ojos.



domingo, 13 de mayo de 2018

Silencio


Tengo un beso encadenado entre mis labios que recorre suavemente mi espalda y anida siempre hacia el sur; lo llevo tatuado con fuego en mi cuello como si revivirte fuera parte de mis dedos, de mi piel que se eriza al recordar tu mirada entrando con furia y dolor en la mía. Estás clavado en mi centro como puñal, como carne, como aquella ternura extinguida que explota cada vez que mi corazón se agita entre supuestos; porque te temo cada tarde al pensar en nuevas noches que alcanzan la cima en tu cama, aquellas noches en que no sé de tu cuerpo más que en sueños lejanos que guardo para ti entre mis piernas, y que son los mismos que oculto y destruyo en una mente que no sabe descansar de tu nombre entre las dudas y los celos. Tengo un beso encadenado que te pertenece, porque abres mi jaula, mis alas, mi intinuición que permanecía inmóvil hasta tu llegada en un cálido rincón que hoy reconstruyo con miedo al olvido o a las caricias ajenas; porque te llevo escondido adentro, en mis huesos, mientras te niego en mi interior cuando mi razón insiste en la cobardía, en la mirada esquiva, en los labios atados y en este silencio.

Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...