lunes, 19 de junio de 2017

Penélope y Ulises.



No es secreto que el año pasado lo sobreviví como pude, a puro instinto. También el año pasado me dio por tejer a modo de terapia de evasión y dejé mil cosas inconclusas, tal como bufandas que terminaron convertidas en frazadas y varias intenciones de bufandas con las que podría armar alfombras de patchwork. Tejí a medias el cargador del computador y tejí a medias mis audífonos. Tejí a medias el cable de mi celular y tejí, además, un par de regalos de cumpleaños. En este momento, tengo un tercio de bufanda escolar tejida para mi hija y bolsas de lanas que compré con la intención de terminar lo empezado y comenzar nuevos proyectos. También, en este momento, me di cuenta que llevo cerca de un año viviendo como Penélope sin saber qué o a quién espero de tanto tejer. Sin embargo, pese a estar en pleno junio y aún no recibir el invierno, me niego a seguir tejiendo; terminaré la bufanda escolar y daré por terminadas las cosas así, tal como están. Llegó el momento de aceptar que mi estilo es siempre dejar las cosas a medias y estos objetos medio tejidos podrán ser el testimonio material de que no estoy hecha para sentarme a esperar ni menos para evadirme en labores con mal génesis. Las lanas compradas las conservaré por si algún día las necesito, pero esta Penélope salió a buscar un barco propio a ver si encuentra sirenas para desafiar en el camino. Y si llega Ulises, él podría terminar todas las cosas que no terminé de tejer, porque no pretendo regresar por un tiempo.


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