Por más que trate de impedirlo siguen apareciendo palabras en mi camino que me recuerdan a ti, palabras como cielo y como sueño, palabras que llevo grabadas en mi pecho y que me invaden de una nostalgia crónica, al borde de la enfermedad, como si la ausencia de tu palabra provocara esta anemia vital, este desgano que me invade cuando abro mi ventana y ya no estás ahí. Por más que trate de negarte sigues aquí conmigo, enredado en mi memoria, enraizado en mi cuello cansado de sostener tanto pensamiento circular, porque doy vueltas por tu esquina sólo para recordar lo dulce de tu nombre y tratar de ahogar entre el humo y la duda estas ganas que tengo de ti, el miedo a perdernos en este abismo mientras me busco sin encontrarte en la ruta, como paseante extraviada entre tanta señal aciaga, como ciega que busca tu luz incesante, incansablemente. Por más que trate de alejarme sigo del otro lado, enterrada al sur de este sentir ambivalente, porque mi pecho insiste en escribir las palabras que saben a ti cuando escribirte se convierte en acto de resistencia, se las escribe al aire esperando que llegue un poco de viento norte y las lleve hasta ti y te las sople al oído y retroceda veloz antes de devastarlo todo, antes de que oscurezca y no pueda despedirte con un último beso. Por más que trate de arrancarte vives dentro mío y así dejo de lucharte y me entrego al vaivén de las olas, a la locura de quererte sin querer hacerlo, a la utopía de esperar a que te pierdas en el mar.
lunes, 31 de julio de 2017
domingo, 30 de julio de 2017
Muros.
No te alejes, no me abismes en tu ausencia
con el dolor que me causa tu silencio,
no construyas muros al rededor mío
porque tengo la voluntad de derribar cada uno
para quedarme a tu lado toda una vida,
para compartir contigo mi libertad y mis sábanas,
para curar tus heridas con mis besos
y sanar tus miedos con infinitos abrazos y canciones
mientras espero que termines el recorrido.
No me alejes hoy porque mañana
no estaré aquí para besar tus ojos cansados,
me iré lejos sin despedirme cuando caiga la noche
por el dolor que causa tu silencio
y tu distancia
y tus muros,
por las lágrimas que han caído y no has sabido detener,
por tu andar errático y tus letras ambivalentes.
No me alejes por más tiempo porque me alejo yo,
porque te dejo ir en lo inefable de tu abismo,
porque no es hoy y mañana, quizás, no estés más cerca
cuando sea ya tarde,
cuando ya no queden fuerzas para hacerte feliz
en estos desniveles que nos definen desde nuestro génesis,
porque no hubo inicio y aún así te despido,
porque no hay máscaras para sostenerte,
porque no hay más tiempo para el miedo,
para los límites,
para este adiós.
No me alejes, por favor, que esta noche ya no es necesario,
no me alejes más porque esta vez quien se despide soy yo.
![]() |
| Lago Calafquén, Lican Ray. 22 de julio 2017. |
sábado, 29 de julio de 2017
Un poco de coraje.
Sacarse de la cabeza los prejuicios y solo dejarse llevar por el sentimiento, fluir en tu caudal sin preocuparme por el destino que este tenga, porque eres la luz que llegó a disipar la angustia que habitaba en mi pecho, porque basta con tu abrazo para terminar mis tormentas y sembrar la calma con tus manos rodeando mi cintura, con tus ojos negándose a sostener mi mirada. Te cargo clavado en mi centro, atravesando cada fibra de mi ser y ahí quiero guardarte por una eternidad o al menos hasta el próximo amanecer, porque no quiero pensar en el mañana si no es con mis labios en tu cuello, con los tuyos en mi frente, con el corazón abierto para sentirte sin temor por el futuro o los reproches. Te cargo conmigo, dentro de mí, en mi esencia ahora translúcida porque develaste aquellas verdades que ocultaba tras mil máscaras, porque descubriste la dulzura que en mí aguardaba para ser entregada en la pureza de tu alma, en la belleza de tus letras, en la candidez de tus ojos cristalinos. Respirar, simplemente sacarse el miedo de los hombros y repetirte todas las noches en mi almohada para no olvidar la suavidad de tu brazo y la calidez de tu espalda cada vez que apareces en mis sueños y despierto un poco menos dolorida, un poco más feliz.
viernes, 28 de julio de 2017
Deseos nocturnos.
Esta noche simplemente quiero amarte,
entregarte cada átomo de mi ser
para que te veas con mis ojos,
alimentar tu piel con cada letra leída
para así crecer contigo en el raudal de tu luz;
porque ya no existe palabra que pueda
entregarte la esencia que de ti respiro hoy.
Quiero vivirte en la distancia,
en el primer papel que encuentre,
y cargarte conmigo como mi piedra angular,
como el amuleto que eres,
porque contigo se acabaron los días nublados
o sólo dejé de mirar al cielo rogando por un milagro
o tal vez me basta con mirar al frente y encontrar
el recuerdo de tus ojos puros que sonríen
con una honestidad en la que me abismo.
Quiero sentirte y padecerte porque eras tú
lo que buscaba con anhelo entre las nubes,
porque eres la causa para que mi pecho siga latiendo,
de sentirme viva en la intensidad de este
sentimiento que crece y que debo despedir.
Quiero darte alas, quiero ser tu viento
y poder liberarte de cadenas y pesares,
mas antes de soltarte sólo pido amarrarme a tu espalda,
clavarme en tu pecho,
habitarte por un instante para sobrevivir a tu ausencia
pues ya no quedan más lágrimas para darte
por haberlas malgastado en los puertos equivocados.
Esta noche quiero amarte simplemente,
hoy, cuando necesito olvidarnos,
cuando el dolor por traicionar
lo que vive en mi pecho en favor del buen juicio
arraiga fuerte en mi centro mientras busco
una última excusa para dejarte partir.
Esta noche me pierdo en tus dolores y en mi sentir,
y quiero amarte en mente,
en alma,
en cuerpo,
esta noche quiero respirarte: grabarte en el corazón.
jueves, 27 de julio de 2017
Partida.
Duele este silencio entre los dos,
la distancia que crece a paso firme,
a paso de plomo por las heridas del pasado
que afloran veloces con cruel desdén
mientras recuerdo la forma de tus manos;
porque no reconozco mi reflejo cuando se trata de ti,
no sé quién es esta extraña que te habla,
que construye muros a tu alrededor
mientras finge una calma inexistente,
una calma que se sustenta en la ficción
de no quererte como lo hago,
de no querer regalarte mis piernas,
mi alma,
mis dedos enredados en tu cabello
cada vez que mueves los hilos en mi pecho,
esos que terminan en tu piel marcada por mis miedos
cuando duele este silencio que se asienta con hostilidad,
porque contigo siento todo menos frialdad
y, sin embargo, no tengo más para ofrecerte
que esta ambigua ausencia y este súbito adiós.
domingo, 23 de julio de 2017
Despedidas.
A veces, sobran las palabras y abundan los silencios, aparecen en largas caminatas tras perder el rumbo en medio de ausencias venideras y miedos futuros que me desarman con tus ojos idos y la distancia de tu cuerpo. Entonces, los silencios se vuelven ensordecedores en medio de la noche, porque necesito del ruido para no escuchar lo que mi piel grita en medio de soledades altivas que bordean tu abismo; busco entender lo que guarda mi pecho y no queda más por decir, tus ojos dijeron todo en medio de la oscuridad de las sábanas, habló la duda arraigada y el temor por la cercanía, habló la rabia germinante de un lugar abandonado, el infierno de las despedidas y la lejanía impuesta por la razón. A veces, sobran los silencios y faltan las palabras para darte, para entregarte la dulzura que guarda mi vientre cada vez que tiembla al perder el control de la superstición, de las ideas forzosas que me alejan de tu rumbo y que ignoro a conciencia para seguir los pasos de tu calor, de tus formas de entregarte y retroceder como el vaivén de las olas que te acercan y alejan a su antojo con la voluntad de la marea. A veces, sobra el espacio y falta la voz, pero soy faro y estrella para esperar en medio de la tormenta por un poco de claridad, por la calma que hoy me entrega tu abrazo que ya no está más; porque contigo sobran las palabras, sobran los miedos, la ternura, los motivos y este adiós mientras contemplo el silencio hasta desaparecer.
viernes, 21 de julio de 2017
En silencio
El silencio es tanto que puedo escuchar
el caos y la velocidad de mis pensamientos,
los oigo derrumbarse uno a uno
junto con cada recuerdo de tu cuerpo;
escucho mi alma latir al compás de tus manos,
de tus besos en mi cuello,
mientras la tierra susurra los pasos de los viajantes
como si fuera mi voluntad la que se pierde en tu rumbo.
Escucho el silencio y trae consigo un aire a ti,
una brisa que anticipa la tormenta en tiempos en los que
el sentir explota en tu presencia y el pensar llueve en tu lejanía;
escucho el llanto en mi pecho y lo siento venir despacio,
con paso lento y sigiloso como si quisiera caer por sorpresa
para quebrar el abismo de mis postales y lo frágil de mi espíritu.
Escucho al desastre avecinarse, pero aquí resisto:
en el silencio de tus ojos, en el vacío de tu voz.
jueves, 13 de julio de 2017
Noctámbula.
A veces las palabras duermen conmigo,
se sienten dulce en mi vientre y anidan ahí
como si mi cuerpo te perteneciera con tan solo nombrarlo,
o como si tu piel rozara cada rincón con tan solo escribirte;
porque hay noches en que las palabras duermen conmigo
y revientan con sutileza el descaro que guarda mi almohada,
la dulzura de caricias que permanecen en el imaginario
de un encuentro pactado lejos del miedo y el ruido,
en el secreto de las sábanas que se pegan a mi carne al despertar
mientras mi pasión grita en sueños cálidos que se han liberado
de la prisión espectral de las pesadillas anteriores:
Porque las palabras duermen conmigo y esta noche
lleva tu nombre.
martes, 4 de julio de 2017
Sobre la respiración.
Palpo mi pecho y siento que respiro con otro ritmo,
que todos los dolores del alma han decantado
lenta e imperceptiblemente mientras me perdía contemplando
el caos del universo que habita del otro lado.
Respiro de tu aliento mientras todo se ordena,
todo cae y resbala por mi cuerpo,
siguiendo la silueta de tus sombras
como si se tratase del destino jugando conmigo a las escondidas,
o como si tú fueses ese arrollo que se encuentra
perdido en los mapas, oculto entre tanto adorno.
La noche cae veloz y buscamos refugio en alguna sábana cercana,
algún lugar que le permita entrar al humo y salir al pudor,
porque por esta noche respiro tu piel y tu dulzura,
la simetría de nuestros impulsos vitales que nos pierden en la tierra,
en la cama
y contra el mundo mientras te vivo aquí,
mientras te vivo ahora.
que todos los dolores del alma han decantado
lenta e imperceptiblemente mientras me perdía contemplando
el caos del universo que habita del otro lado.
Respiro de tu aliento mientras todo se ordena,
todo cae y resbala por mi cuerpo,
siguiendo la silueta de tus sombras
como si se tratase del destino jugando conmigo a las escondidas,
o como si tú fueses ese arrollo que se encuentra
perdido en los mapas, oculto entre tanto adorno.
La noche cae veloz y buscamos refugio en alguna sábana cercana,
algún lugar que le permita entrar al humo y salir al pudor,
porque por esta noche respiro tu piel y tu dulzura,
la simetría de nuestros impulsos vitales que nos pierden en la tierra,
en la cama
y contra el mundo mientras te vivo aquí,
mientras te vivo ahora.
domingo, 2 de julio de 2017
Sonando: Zoom (Soda Stereo)
Esta noche tengo ganas de vivir, sea como sea, pero vivir con mi adicción a la intensidad de siempre.
sábado, 1 de julio de 2017
Contradicciones vitales.
A veces los discursos se entierran en tus labios y contradicen los deseos de tu carne y alma. Se enredan en la conciencia y no te permiten simplemente vivir aquellas brisas que vienen a despejar las tormentas en las que uno habita por la vorágine del día a día. Cuando llega el momento de aceptar que uno quiere el cuento de hadas te tiemblan las manos y las piernas, porque los pasos pueden llevarte a puertos no deseados, a embarques, quiebres, despedidas, heridas, llantos, gritos, desenfreno, serendipias, desdichas, cruces y galimatías. Por la boca muere el pez, dicen algunos, y este pez sólo espera cruzar el río y desembocar en el mar, porque se encuentra cansado de vasos vacíos y suspiros sin destinatario, hastiado de esperas inconclusas, de llamadas perdidas y canciones mal traducidas. Este pez tiene ganas de convertirse en Ícaro y derretir sus alas buscando el sol, el calor de la leña, lo tibio de tu cuerpo y de tu voz... y así voy volando hacia arriba, esperando que la caída sea menos dolorosa que otras veces, esperando surcar las nubes y encontrar el hogar que tanto anhelo.
Brisas.
Algo vibra en mi interior e impulsa mis pies, como si remolinos de humo me condujeran a tu lado cada noche que recuerdo tu verbo. La imaginación cobra vida y te pinto entre mis sábanas respirando mi aliento, bebiendo mi piel, enredándonos en la carne del otro como si no existiese otra misión más que devorarnos en ese instante, dejarnos seducir por la pequeña muerte que nos aguarda oculta en tu espalda y entre mis piernas. Te siento clavado en mi cenit, coronando con tu lengua el templo de nuestro cuerpo mientras yo te clamo de rodillas... y te dibujo con mis dedos recorriendo con suavidad mi pecho y todos aquellos rincones que esperan aún ser descubiertos por la dulzura de tu boca. Porque quiero enterrarme al sur de tus sentidos y quedarme ahí hasta el último suspiro, darle alas a la superstición y dejar la mente colgada, lamer tus labios y que muerdas los míos para perderme en ti, perderme de mí misma. Quiero sentir tu respiración en mi oído y enredarme en tu cabello hasta perder la conciencia... y quedarme ahí, yo guardada en tu pecho y tú enterrado en mi vientre, en un nuevo compás de espera dominado por el letargo natural de dos cuerpos que caen al unísono.
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