Quiero ver la furia deslizarse por tus venas,
el sufrimiento de un pecho alicaído que insiste en sonreír
porque las miradas del mundo caen sobre tus hombros
mientras tu ausencia me devora en el sonambulismo de la espera.
Quiero ver tu pena corriendo libre con la ira del cielo,
oír crepitar tus alas enmohecidas en un cielo gris
que anuncia la tormenta que se acerca por mi calle...
quiero gemir del dolor que me causa el recuerdo de tus manos,
gritar en la inmensidad del cielo oscuro mis ganas de huir,
de escapar en lo eterno de tu abrazo
en lo infame de tu tacto
en lo perverso de tus señuelos que juegan conmigo al ajedrez,
que derrocan a mi Rey con la inconsistencia de tu canto.
Quiero verte sangrar las heridas hasta sanarlas con mi lágrima,
porque las advertencias caen solas cuando se trata de verte sonreír,
y la ilusión es la traición a mis principios,
al escudo que protege mi alma cansada
de tantas afrentas del mar.
Quiero verte, sentirte, asfixiarte en un susurro,
en la intensidad de mi cuerpo
en el borde de mis piernas
que se alejan por cobardía y escuchan los velos que te rodean
en la calma de tu demencia,
en el silencio de tu crueldad.