Te siento, te leo y te respiro; te cargo en mi piel y aún así, no puedo encontrar las palabras correctas, aquellas que griten tu nombre sin tener que llamarte, las que puedan hundirse en tu dulzura y me lleven por senderos paralelos que no sepan de despedidas. Te busco desde esta vereda, aquella que me recuerda una noche inconclusa en la que conocí tu verbo, cuando pude probar la suavidad de tus labios sobre mi cuello y tu alma entrar en la mía... te quedaste aquí, arraigado en un deseo que no sabe de prudencia mientras mi mente me encierra en silencios insostenibles, llenos de la rabia de pensarte en el corazón de otra, lleno de dudas y nubes que se cubren con una sonrisa falsa, porque mi cuerpo sólo grita amor por ti pero mis pies marchan en direccion opuesta por miedo a no encontrarte al final de esta ruta. Quiero soplar en tu oído, anidar en tus piernas, quedarme contigo un segundo más para fundirme en tu abrazo, para colarme en las sombras y unirme a tu espalda; gritar tu nombre al viento para que lleve a ti este sentir que no ha probado nuevas recetas desde que supe del sabor de tus ojos vaciando los míos. Llámame y quiébrame entera, rómpeme en cuerpo y espíritu, que si no es contigo no hay quien pueda llenarme; completa el acto y cierra la escena, navega en mi locura y piérdete en este amalgama de opuestos que es mi deseo, porque eres tú y tu palabra la que busco en entre el humo, porque eres tú a quien extraño esta noche en la oscuridad.
domingo, 12 de noviembre de 2017
lunes, 6 de noviembre de 2017
Imperativos.
Enséñame a ignorar esta cobardía, a dejarme llevar por tus labios, por tus letras, por la locura compartida en los océanos de la palabra; enséñame a revivir lentamente en tus brazos, porque cargo con un corazón maltrecho de tanto errar en lugares equivocados, movida por el terror de seguir sufriendo los embates del sentir. Quítame el miedo, la ropa y los pudores, sácame estas ganas de quedarme allí contigo, de enredar mis piernas en tu cintura sin medir las consecuencias de mi arrebato, sin pensar en las cadenas de mi pasado. Arráncame esta duda con tus besos, usa los dientes si es necesario, grita mi nombre al aire y hazme renunciar al ayer; porque mi canto se cansa de extrañarte, porque mi piel no resiste más los surcos que dejó tu dulzura. Ven y exígeme valentía, roba de mi boca estas palabras que por hoy sólo escribo, tócame el alma, palpa mi pecho, anida en mi vientre y quédate ahí la noche entera; porque ya no basta pensarte, ni mirarte oculta mientras evito encontrarte en aquella esquina del deber o la calma. Conjúgame en presente y futuro, que no quedan más pasados para pisar cuando el centro late al verte llegar; quédate a mi lado y quiéreme en la locura, en este amalgama de tu paz y mi tempestad que me domina cada noche que recuerdo tu sabor. Enséñame a amarte, a dejarme guiar por tus pasos hacia un cuarto propio y a mirar el cielo bajo tu cristal, con la magia de tu mirada desbordando cada uno de mis nudos, esos que desatas con la ternura de tus dedos, con el calor de tus ojos que se torna mi virtud.
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| Boats & Birds - Gregory and the Hawk. |
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Letras que hablan.
Voy cayendo en ti con una dulzura inusitada, abandonándome en tus letras cada vez que apuñalan mis dudas, como si de pronto los golpes del destino jugaran conmigo al ponerte en medio de una carretera rota de tanto andar sin rumbo, perdida por los vaivenes de lechos sin sabor ni sentido. Voy cayendo en ti cada vez que me canso de fingir que no dejaste marcada mi piel con la ternura de tus besos, con tu voz musitando en mi oído una invitación que, por cobardía, acepté a medias. Pasan los días, pasan los cuerpos y yo sigo aquí, ebria por el sabor de tus labios, mareada de tanto haberme perdido en tus sábanas, en la oscuridad de aquel rincón que trato de reconstruir entre imágenes borrosas en mi memoria para volver a poseerte en alma, en esa melodía que llegó como un vendaval y que escondo en relatos insignificantes de cómo pierdo el tiempo para dejar de pensarte. Porque te quiero y no salen las palabras correctas al mirarte a los ojos, al sentirte en mi centro, al buscarte a lo lejos en los pasillos de mi mente mientras me dejo ir en ti, en tu ritmo acompasado que me envuelve en esta locura de quererte entre las sombras y no querer partir.
domingo, 29 de octubre de 2017
Llamado.
Ven, navega en mi locura, quédate enredado en mí por noches enteras, eternas, cuando el reloj se funde en tus sábanas y mi aliento cuelga de tus labios. Ven, que quiero sonreír mientras cometo el mismo error en tu espalda, quedarme un segundo más en tu almohada, atraparte entre mis piernas y mis sueños que se tiñen con tu tiempo para así quedarme contigo sin el miedo, sin la huida. Aprendí a vivir extrañándote incluso antes de conocerte, sintiéndote ahí, entre árboles que arropan nuestras soledades y aquellas luces que se fragmentan con tu mirada, bajo la sombra de tu cuerpo sobre el mío, ausente de tanto callar lo que digo con mis brazos. Ven, que quiero que leas cada marca de mi pecho, cada cicatriz que cargo en el alma y en la piel, porque aprendí a vivir sin sueños de miel aún cuando estos me encontraron en el puerto de tu cama, en la calma de tus ojos idos buscando mi boca mientras me escondía del ruido entre cuerpos y polvos. Ven, porque quiero vivirte mientras me siembro en tu memoria; porque, aunque trate de evitarlo, sigues apareciendo en mis páginas, iluminando todo como brisa de primavera en medio de tanto invierno asentado en mis huesos. Porque aprendí a correr en dirección opuesta, mas esta noche no quiero irme sin saber lo que el corazón oculta, lo que tus dedos grabaron, lo que viene después.
domingo, 22 de octubre de 2017
Magia y enigma.
Es extraño el sabor que me dejas cada noche al dormir; permanece conmigo tu calidez, la ternura de tu voz, la pasión de tus palabras que atraviesan mi vientre y resuenan en mis sueños con una intensidad etérea. Te siento jugar en mis labios; un poco de dulce y otro tanto de agraz, mezcla perfecta de sabores en mi almohada y en mi pecho que se abriga con cualquiera de tus desvelos, con la inocencia de tu mente y la devoción de tu cuerpo cansado de la incerteza. Eres magia y enigma, abrazo fortuito entre tantas miserias, el miedo enterrado en mi carne cuando la realidad cae como la noche y me cubre con el espanto de los límites... y aún así te pruebo un poco más, adicta a tu abismo, al vértigo de tu compañía y a tu mano sosteniendo la mía. Me estoy quedando en ti, contigo; aquí bajo el alumbrado en una imagen que quiero, por un instante, conservar en la memoria y atrapar entre mis dedos que se vuelven tornasol con solo nombrarte.
martes, 17 de octubre de 2017
Paisajes nocturnos.
Siento cómo la calma de la noche empieza a sumergirme en una extraña quietud, como si mi alma estuviera en reposo constante, en un compás de espera que se tiñe con tu nombre, con tu risa, con tus miedos. Te espero en la esquina mientras te busco de reojo entre las sombras de un deseo que crece y que no puedo detener, porque se asienta en mis piernas, en mi pecho, en mis ojos cada noche que duermo con el sabor de tus labios y con el ritmo de tu voz. Tu mirada me desnuda sin saberlo, tus ojos pequeños iluminan la oscuridad de una banca que espera por nosotros; caminamos perdidos, sin hora y sin plan por las veredas de una ciudad nueva, una ciudad que se abre para nosotros entre carreteras y canciones sin sentido que se acumulan en en una nueva armonía. Entraste lento en mi locura, de a poco te has metido en mi piel y vas dejando huella, porque aún no existen caricias ajenas que puedan sacarte de mi pensamiento o competirle al calor de tus brazos. Retomamos el rumbo y siento cómo la calma de la noche empieza a sumergirme en tu esencia; los árboles de aquella plaza cobijan anécdotas de lágrimas, de carne, de soledades que han sabido sobrevivir los años entre tantas desgracias y tanto humo; nuestras siluetas se alargan cobrando vida en la penumbra y yo naufrago entre aquellas palabras que pintas en el aire mientras me dejo ir en tus desvelos, en tu tormenta, en tu intensidad.
lunes, 25 de septiembre de 2017
Como las olas de mar, tu recuerdo.
El oleaje vuelve a cubrir mi cuerpo, baña mi alma con su ambivalencia, con sus venidas y retiradas, con la inconsistencia que tanto me aturde y me hace perder los estribos. Busqué paz en tu distancia, busqué calma ante la desesperación de tu ausencia mientras observabas desde lejos cómo iba tejiendo el camino que hoy de ti me separa. Busqué viento y mis pies encontraron vida propia, anduve errante entre fallos y aciertos cuando esperabas en una tormenta propia que me impedía escucharte, porque nunca alzaste la voz para detenerme en mi huida. Nos perdimos de todo, nos perdimos del mundo con mis labios en tu cuello, con mis piernas rodeando tu espalda, con tus brazos afirmando mi cintura. Me perdí en tus ojos y no supe cómo sobrevivir el naufragio porque nos perdimos sin tenernos jamás, porque el amor no sabe de intentos ni de cobardías, porque me ganó el temor y me refugié en los muros que tú mismo construiste en lugar de derribarlos con la intensidad de aquél sentimiento que hoy yace agónico, por la inclemencia de la desmemoria y por la crueldad del reloj que no permite espacio para el arrepentimiento ni tiempo para un salto más. Entonces, el oleaje vuelve a cubrir mi cuerpo, baña mi alma con su espuma de olvido, porque renunciaste a mí sin darme aviso, porque te dejé ir sin saber luchar.
domingo, 24 de septiembre de 2017
Amar.
Amar es esa extraña mezcla de saber cuándo renunciar, cuándo dejar ir y cuándo quedarse para dar la pelea.
lunes, 4 de septiembre de 2017
Decir.
Hay cosas que cuesta una vida aprender a decir.
Para mí, lo más difícil es decir "te extraño".
jueves, 24 de agosto de 2017
Idea
De pronto todo cae en orden y la vida sonríe;
todo vuelve a la raíz pero yo sigo extrañando el calor de tu abrazo.
martes, 22 de agosto de 2017
Tu sabor.
A veces, la melancolía tiene distintos sabores
pero cada uno de ellos tiene un dejo a ti,
a esos ojos claros que cargan aquel enigma
que ya no insisto en descifrar desde las sombras de la razón;
porque decidí sentirte en la lejanía,
en el olvido, en este compás de espera.
Mi piel sigue unida a ti en un acto de resistencia:
eres el puñal que no puedo arrancarme en el exilio,
la herida abierta que sangro por gusto
porque padecerte es la única forma que tengo
para que sigas aquí conmigo,
en esta distancia que construiste en mi camino,
Estás en cada cielo, en cada nube,
en cada sol que aparece y en cada lluvia que me cubre;
porque elegí llevarte conmigo como signo infinito,
muestra eterna del renacer de los latidos
de un alma que agonizaba antes de tu llegada:
reconstruyes todo con tus pasos y tu andar sana
las heridas que antes cargaba como mi cruz.
Contemplo el cenit y respiro en una nueva calma,
en la compañía de esta soledad que lleva tu nombre
y que me recuerda el silencio del último abrazo,
el brote de tus ojos temiendo por el impulso de mis labios
mientras mis manos se ocultaban en tu pelo
y tu cuello guardaba aquél último beso.
A veces, la melancolía tiene distintos sabores,
sabor a sur que se impregna en mi ropa y en mi memoria,
sabor a humo y a hierba que se torna el aire que respiro,
sabor a noches en mi balcón y en tus sábanas,
sabor que en la distancia busca alguna brújula que me conduzca
lejos de tantas dudas y más cerca de tu corazón.
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| Lago Calafquén, Licanray. Julio de 2017. |
domingo, 20 de agosto de 2017
Ya no te espero.
Mis labios tienen un nuevo sabor pero mi alma sigue impregnada de tu ambivalencia, esa que daña cada célula en mi cuerpo adolorido como si tus fallas de carácter fueran una dolencia terminal o tus silencios sangraran mis oídos y me impidiesen volver a sentirte como antes. Siento el viento soplar suavemente en mi rostro, pero tu recuerdo me impide soltar las riendas y aceptar un calor menos espectral, como si cargarte se transformara en la cruz que tanto odio, o tal vez odio cargarte como la cruz que eres. Ya no te busco porque quiero perderte, quemarte vivo en el destierro al que me lanzaste, porque hoy soy una exiliada de mí misma y tú te tornas un simple turista que paseó por mi geografía y sólo pudo conservar una fotografía borrosa, efímera, lejana de lo que era el fuego. Respiro un poco porque ya no te espero, porque fuiste un paseante más que no deja rastros ni huella por lo liviano de tu andar y lo errante de tu sentir; mientras yo sigo aquí, enterrada en un recuerdo muerto que ya no tiene cabida y que me canso de despedir, porque mis labios tienen un nuevo sabor y aún así la vida sigue teniendo sabor a ti.
jueves, 17 de agosto de 2017
Los abrazos.
Cerca de mi lugar de trabajo hay una tienda donde suelo ir a comprar mis artículos de primera necesidad (todos vicios conocidos como el chicle y el chocolate). Hoy fui a buscar algo para comer, como acostumbro hacer los días jueves, opté por un completo porque el hambre lo ameritaba. Cuando me acerco al mesón, observo que la chica tenía los ojos vidriosos y la punta de la nariz roja. Me apresuré a preguntarle si todo estaba bien, si le pasaba algo, a lo que ella me responde un sentido "extraño a mi familia" con voz tímida y quebrada. La chica es venezolana, por lo que asumo que el sentimiento de añoranza es mucho más profundo de lo que puedo imaginarme. La reacción fue instintiva (como casi todas mis acciones en realidad): crucé del otro lado del mesón y la abracé firme. Sentí pronto cómo sus lágrimas mojaban el hombro de mi blusa y cómo el abrazo se volvía cada segundo más apretado, más humano. Fue un abrazo largo y cómplice, como si no fuésemos completas extrañas que se ven cada jueves e intercambian saludos cordiales. Antes de separarnos me dijo "necesitaba mucho este abrazo". Me sirvió el completo, conversamos brevemente de cómo los sirven en Venezuela y me retiré del local. Ahora, estoy sentada afuera, bebo el té helado que compré antes de volver a clases y pienso en esa sensación cálida de aquel abrazo.
Todos extrañamos a alguien en nuestras vidas, todos nos dejamos mover por esa nostalgia de quienes están lejos, todos tenemos días en los que necesitamos con urgencia un abrazo para sentirnos menos solos en nuestra realidad. Y así como todos necesitamos algo de humanidad, también olvidamos fácilmente lo simple que es demostrar empatía y entregar calidez a quienes nos rodean. Se siente como aquello que escribía Galeano en "El hambre / 2": "El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar: a muchos los condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos". Yo me quedo con el corazón un poco más lleno hoy, porque yo también necesitaba ese abrazo para sentir que estamos aquí por algún motivo y que, sin importar lo que ocurra, me niego a sentir ese tipo de hambre una vez más.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Saudade.
He escrito, tachado y vuelto a armar las mismas palabras en distinto orden mil veces, lo he intentado como si escribir el amor ayudara a diseminarlo en el viento, o como si fuese un simple acto de resistencia frente a la intensidad de mis formas. He escrito en la distancia, en la ausencia, en el llanto; en noches eternas desde el mismo balcón, mirando el mismo sur de siempre y la misma cordillera perdida entre los edificios que crecen aquí, como la nostalgia que me colma. Escribo por necesidad, por este impulso vital que te fragmenta en la memoria así como fragmentó en su momento otros recuerdos, otros momentos, otros sentires; escribo porque quise hacerlo en simple, decir que he vuelto a leerme y a habitar en aquellos lugares donde la ternura venció al deseo y el deseo venció a la razón. Te escribo hoy porque no somos dueños del mañana, porque no somos dueños de nada más que el ahora y de este abismo que crece entre los dos y que llevo pegado a mi piel, espacio que recuerdo en cada esquina que lleva tu nombre. Te pienso aquí, sentada en el rincón de siempre, escribiendo desde el mismo sitio que insiste en conservar este sabor, mezcla de amargo y alegre, que habita en este cuarto pequeño que se ha convertido en mi eterno refugio cada vez que escribo líneas sin sentido, líneas como estas, para buscar el último adorno de esta melancolía que lleva tu nombre.
martes, 15 de agosto de 2017
Rabia.
La rabia vuelve a enraizar lentamente y me vuelca
en palabras impulsadas por la ira momentánea,
cólera que no quiere salir al sentirme incomprendida,
desleída,
olvidada en plenitud y contemplada sólo en la superficie,
porque me siento como una extraña para quienes cargo en el alma
y mi transparencia se torna taciturna entre palabras erradas.
Te siento como una espina, clavado dolorosamente
cuando caigo en la realidad de tu inconsistencia
inconsciencia dura
por el error de pensarme desde ti y no desde mi esencia,
porque saltaste lo vital y te quedaste en lo ideal,
en la imagen material del concepto por el concepto,
en lo que creíste ver en mí sin saber sentirme ni vivirme.
Entierro entonces el humo en mi garganta
para asfixiar la rabia del no decir la decepción que crece en mí,
la tristeza del árbol caído por tu ceguera temporal,
por la incertidumbre en la que me abismas por esta culpa
de fallar cuando no puedo cargar más sobre mis hombros.
Entierro el humo para ahogar la rabia que vuelve a enraizar,
que se queda en mí ocupando el espacio que antes habitabas,
cuando tus alas se abren y las mías se queman en esta encrucijada,
entre tu espada y mi pared,
entre tu silencio espectral y mis gritos de furia ciega,
estos que lanzo al aire para que perforen tus oídos a ver si así,
por última vez, puedes volver a verme desnuda de tanta máscara,
herida una vez más por el vaivén del porvenir.
en palabras impulsadas por la ira momentánea,
cólera que no quiere salir al sentirme incomprendida,
desleída,
olvidada en plenitud y contemplada sólo en la superficie,
porque me siento como una extraña para quienes cargo en el alma
y mi transparencia se torna taciturna entre palabras erradas.
Te siento como una espina, clavado dolorosamente
cuando caigo en la realidad de tu inconsistencia
inconsciencia dura
por el error de pensarme desde ti y no desde mi esencia,
porque saltaste lo vital y te quedaste en lo ideal,
en la imagen material del concepto por el concepto,
en lo que creíste ver en mí sin saber sentirme ni vivirme.
Entierro entonces el humo en mi garganta
para asfixiar la rabia del no decir la decepción que crece en mí,
la tristeza del árbol caído por tu ceguera temporal,
por la incertidumbre en la que me abismas por esta culpa
de fallar cuando no puedo cargar más sobre mis hombros.
Entierro el humo para ahogar la rabia que vuelve a enraizar,
que se queda en mí ocupando el espacio que antes habitabas,
cuando tus alas se abren y las mías se queman en esta encrucijada,
entre tu espada y mi pared,
entre tu silencio espectral y mis gritos de furia ciega,
estos que lanzo al aire para que perforen tus oídos a ver si así,
por última vez, puedes volver a verme desnuda de tanta máscara,
herida una vez más por el vaivén del porvenir.
domingo, 13 de agosto de 2017
Adios.
Mis pensamientos están contigo, allá lejos donde no puedo tocarte y, aún así, te siento más inaprensible, más inalcanzable que nunca. La distancia venció, noqueó cada intención de permanecer a tu lado, de cuidar tus sueños y sanar tus dolores; la distancia venció porque tú te convertiste en herida y el hilo terminó por romperse, te convertiste en un fantasma, en un extraño entre la multitud a quien no reconozco ni en figura ni en alma, un espectro de lo que fue, recordatorio doliente que alguna vez hubo alguien que se ha esfumado entre quimeras. Te enredas en mi memorias y creces ahí, dentro mío, pero llegó el tiempo del barbecho y del olvido, tiempo de caminar en direcciones opuestas, porque soy este y tú oeste, porque cambiaré de latitud para no cruzar más por tu camino. Las raíces se secan lentamente y contemplo las ruinas antes de la partida, las extraño ahora para no pensarte mañana y permanezco un rato más despierta para cargarte un último instante, para despedirte en esta soledad que ahora me acompaña, porque mis manos se abrigarán solas y las tuyas encontrarán manos semejantes que puedan cuidarlas cuando los miedos queden guardados y el porvenir nos bendiga con la desmemoria. Danzo contigo y navego en días postreros, días donde tu palabra era mi luz y tu calor mi refugio; danzo contigo para soltarte y perderme en la vuelta, desatada de la cuerda y movida por la inercia que vuelve inevitable este adiós.
lunes, 7 de agosto de 2017
Huellas y el mar.
He vuelto a sentir esa nostalgia crónica por el mar que suele embargarme tan a menudo. Es curioso ese poder magnético que tiene, como si con cada vaivén pudiese resignificarse a sí mismo, porque muchas de las cosas que he aprendido y decidido en la vida han sido mirando al mar a los ojos, en el centro del ciclón o en lo infinito de su horizonte. Soy una soñadora empedernida, romántica irremediable si prefieren, pero por eso mismo siento que el mar es mi verdadero elemento, como si tanta tierra que me rodea solo pudiese adquirir sentido en su plenitud, como si fuese mi verdadero y único amor en la realidad. Volví a pensarlo anoche (con el cariño de siempre) y volvió a adquirir significado en sí mismo, porque el mar es como esas personas que entran a tu vida y lo desordenan todo: los granos de arena y lo que se esconde bajo ella, los seres que lo habitan, las rocas de su base y la espuma en la superficie. Y divagando me puse a pensar en todas aquellas personas que han pasado por mi vida y que, por diversas razones, ya no están conmigo (o no están en la forma en que solían hacerlo), en aquellos con quienes habité espacios definitivos y que ahora habitan en otras latitudes de este cosmos que es la vida. La nostalgia es contagiosa y se desplaza desde el mar hacia todos aquellos a quienes ya no puedo abrazar; pero el mar es sabio, siempre responde con ciencia y dulzura y trae con el oleaje un alivio para la melancolía y un poco de paz para el alma; porque una vez que uno deja entrar a otra persona a tu vida siempre va a dejar una huella, aunque esa huella se la lleve el mar y no podamos verla más (lo que no significa que alguna vez no estuvo allí). Así que me siento a fumar un cigarro y veo cómo el humo juega con ayuda del viento y mi aliento, respiro profundo y me siento feliz, porque guardo cada huella y a cada una de esas personas cerca mío, en mi corazón.
"Las mareas, que encuentren tu camino
para que, al fin aquí, vivas dentro de todo lo que queda"
para que, al fin aquí, vivas dentro de todo lo que queda"
sábado, 5 de agosto de 2017
Sobre el amor.
Por estos días pienso que el amor es un tópico, algo que nos hace interesantes de algún modo para los otros y para nosotros mismos; como si el amor fuera el único tema que todos podemos hablar con otra persona porque es el único punto de encuentro que existe con los otros. El amor aparece en cada esquina de nuestras vidas: aparece en canciones, en rutinas de humor y de no tan humor, en conversaciones con amigos y con extraños. El amor es un fenómeno discursivo, una construcción que necesitamos para sentirnos en contacto con el mundo, una quimera para no sentirnos tan solos en nuestra propia existencia, la ilusión de que existe alguien al final del hilo con quien podemos abismarnos en el sinsentido de las rutinas diarias. Para mí es casi adictivo, parte de la rutina para matar los segundos libres que me quedan, un acto de resistencia, una verdadera revolución; porque para enamorarse en estos días se necesita una valentía absoluta para enfrentar los cuestionamientos y los miedos propios y ajenos. El amor es un punto de encuentro en los discursos de los otros, como si fuese una historia común sin importar los credos, los dogmas o la historia personal de cada persona que ha sentido su pecho inflado y reventado. Pero así como enamorarse es parte de nuestras propias utopías también lo es el olvido. Nunca se ama completamente y tampoco se olvida del todo, entonces, ¿porqué insistimos en incluir tan fácilmente estos términos en nuestras narraciones? Por estos días simplemente me dedico a amar la intensidad del tiempo y rechazo la idea del olvido absoluto, porque "todo lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal", y no quiero admitir más dudas en mi vida. Por hoy quiero dedicarme a amar la vida, simple, efímera y maravillosa como es; porque el amor es un punto de encuentro y lo abrazo así, como el ideal de compartir la ruta con todo aquél que ha respirado por esta idea y aquél sentimiento, porque nunca estamos del todo solos y el amor está ahí, esperando para recordarte que no existen casualidades ni absolutos.
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| Colina, julio de 2017. |
viernes, 4 de agosto de 2017
Preguntas.
Estoy en la mitad de la carretera cuando las preguntas aparecen en el camino, cuando invaden el café matutino, el descanso cotidiano, porque ya no sé si estoy sin ti o conmigo, si extrañarte nace en el corazón o en la costumbre. Te pienso cada segundo del día, vives aquí, conmigo, en cada cielo no compartido y en cada piedra pisada mientras divago entre ideas veloces tratando de entender si la nostalgia es por tu ausencia repentina o por mis ganas de abrazar tu espalda, por el sabor que dejaste en mi piel aquella tarde de sol antes de abandonar en aquél parque los pudores. Te pienso, te cargo conmigo un último momento, porque las dudas ya no nacen de ti, porque mi mente se desnuda de tanta emoción y en frío se repite con una constancia abrumadora las preguntas de siempre, el miedo arraigado de no saber si te extraño por ti o por eso que tú me dabas, por el vértigo de despertar tan lejos y saber que ahí estarías, a tan solo una palabra de mi almohada, velando mis sueños turbios que comenzaban a teñirse con tu esencia de puro terciopelo e inédita dulzura. Te revivo en la memoria y esta melancolía se torna impersonal, como si estuviese despertando lentamente de una quimera, como si nunca hubieses estado y solo existieras aquí, en mi mente, en mis recuerdos, en la virtualidad de un lazo que nunca estuvo y cuyo nudo no deja más huella que aquellas a la orilla del mar.
miércoles, 2 de agosto de 2017
Historias de patio.
Hoy, durante la hora de almuerzo, me quedé un rato mirando el patio del fondo del colegio. Ocurrían simultáneamente dos partidos de fútbol, niños echaban carreras en la pista y, a lo lejos, dos niños estaban sentados conversando. Ocasionalmente, surgían bromas de sus compañeros, quienes, además, los llamaban a sumarse al juego (el cual era mixto). El niño, entonces, miró a la niña y permanecieron sentados, en su conversación, en ese pequeño universo paralelo. La postal resultó ser mágica y reveladora. Cuánta honestidad y simpleza hay en los sentimientos cuando no se ensucian con el miedo, cuánta verdad soportan aunque tengan 11 años, aunque estén tan a la vista en el fondo del patio a plena luz del sol. Recordé entonces esa emoción infantil de ir al colegio cuando había alguien que te daba razones para querer levantarte temprano, lo bien que se sentía esa dulzura, ese saludo matutino, ese conversar sobre cualquier cosa mientras la conversación fuera con esa y no con otra persona. Aquí, con varios años de distancia, pienso que es un poco como esta frase de Borges: "La juventud me resulta mucho más cercana ahora que cuando yo era joven. Quizá porque ya no veo la felicidad como algo inalcanzable. Ahora sé que la felicidad puede ocurrir en cualquier momento y que no se debe perseguir". Al final, el crecer nos llena de miedos vacíos y es nuestro deber el dejarlos ir, porque solo así se puede volver a ese lugar, a ese momento en los que fuimos verdaderamente felices sin buscar serlo.
Vuelo.
Mi pecho descansa con una nueva calma, como si pudiese conquistarlo todo por tanto aire que recibe, como si el silencio por fin hiciera sentido entre tanto ruido y entre tanta espera; mi pecho descansa en la otra vereda y respira y siente y vive el fulgor de nuevas noches en nuevas alturas, en latitudes desconocidas que me abisman en una paz nueva desprovista de máscaras, de tanto maquillaje y tanta prisión que castraba esta voluntad de vuelo propio que nace en mi pecho, que descansa y conquista cada esquina de mi corazón. Mi mente descansa de tanta fantasía y se olvida del reloj, crece atenta en el ahora olvidando los minutos que pasaban con dudas y pesaban con miedos; porque el tiempo es ahora, es aquí a mi lado, conmigo sosteniendo el humo y dispersando las nubes de negros recuerdos; porque fundo tierra y fuego para crecer con la libertad de las olas mientras despido los pesares y me asiento en la esperanza del viento: aquí empieza todo, aquí me dejo partir.
lunes, 31 de julio de 2017
Intentos en vano.
Por más que trate de impedirlo siguen apareciendo palabras en mi camino que me recuerdan a ti, palabras como cielo y como sueño, palabras que llevo grabadas en mi pecho y que me invaden de una nostalgia crónica, al borde de la enfermedad, como si la ausencia de tu palabra provocara esta anemia vital, este desgano que me invade cuando abro mi ventana y ya no estás ahí. Por más que trate de negarte sigues aquí conmigo, enredado en mi memoria, enraizado en mi cuello cansado de sostener tanto pensamiento circular, porque doy vueltas por tu esquina sólo para recordar lo dulce de tu nombre y tratar de ahogar entre el humo y la duda estas ganas que tengo de ti, el miedo a perdernos en este abismo mientras me busco sin encontrarte en la ruta, como paseante extraviada entre tanta señal aciaga, como ciega que busca tu luz incesante, incansablemente. Por más que trate de alejarme sigo del otro lado, enterrada al sur de este sentir ambivalente, porque mi pecho insiste en escribir las palabras que saben a ti cuando escribirte se convierte en acto de resistencia, se las escribe al aire esperando que llegue un poco de viento norte y las lleve hasta ti y te las sople al oído y retroceda veloz antes de devastarlo todo, antes de que oscurezca y no pueda despedirte con un último beso. Por más que trate de arrancarte vives dentro mío y así dejo de lucharte y me entrego al vaivén de las olas, a la locura de quererte sin querer hacerlo, a la utopía de esperar a que te pierdas en el mar.
domingo, 30 de julio de 2017
Muros.
No te alejes, no me abismes en tu ausencia
con el dolor que me causa tu silencio,
no construyas muros al rededor mío
porque tengo la voluntad de derribar cada uno
para quedarme a tu lado toda una vida,
para compartir contigo mi libertad y mis sábanas,
para curar tus heridas con mis besos
y sanar tus miedos con infinitos abrazos y canciones
mientras espero que termines el recorrido.
No me alejes hoy porque mañana
no estaré aquí para besar tus ojos cansados,
me iré lejos sin despedirme cuando caiga la noche
por el dolor que causa tu silencio
y tu distancia
y tus muros,
por las lágrimas que han caído y no has sabido detener,
por tu andar errático y tus letras ambivalentes.
No me alejes por más tiempo porque me alejo yo,
porque te dejo ir en lo inefable de tu abismo,
porque no es hoy y mañana, quizás, no estés más cerca
cuando sea ya tarde,
cuando ya no queden fuerzas para hacerte feliz
en estos desniveles que nos definen desde nuestro génesis,
porque no hubo inicio y aún así te despido,
porque no hay máscaras para sostenerte,
porque no hay más tiempo para el miedo,
para los límites,
para este adiós.
No me alejes, por favor, que esta noche ya no es necesario,
no me alejes más porque esta vez quien se despide soy yo.
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| Lago Calafquén, Lican Ray. 22 de julio 2017. |
sábado, 29 de julio de 2017
Un poco de coraje.
Sacarse de la cabeza los prejuicios y solo dejarse llevar por el sentimiento, fluir en tu caudal sin preocuparme por el destino que este tenga, porque eres la luz que llegó a disipar la angustia que habitaba en mi pecho, porque basta con tu abrazo para terminar mis tormentas y sembrar la calma con tus manos rodeando mi cintura, con tus ojos negándose a sostener mi mirada. Te cargo clavado en mi centro, atravesando cada fibra de mi ser y ahí quiero guardarte por una eternidad o al menos hasta el próximo amanecer, porque no quiero pensar en el mañana si no es con mis labios en tu cuello, con los tuyos en mi frente, con el corazón abierto para sentirte sin temor por el futuro o los reproches. Te cargo conmigo, dentro de mí, en mi esencia ahora translúcida porque develaste aquellas verdades que ocultaba tras mil máscaras, porque descubriste la dulzura que en mí aguardaba para ser entregada en la pureza de tu alma, en la belleza de tus letras, en la candidez de tus ojos cristalinos. Respirar, simplemente sacarse el miedo de los hombros y repetirte todas las noches en mi almohada para no olvidar la suavidad de tu brazo y la calidez de tu espalda cada vez que apareces en mis sueños y despierto un poco menos dolorida, un poco más feliz.
viernes, 28 de julio de 2017
Deseos nocturnos.
Esta noche simplemente quiero amarte,
entregarte cada átomo de mi ser
para que te veas con mis ojos,
alimentar tu piel con cada letra leída
para así crecer contigo en el raudal de tu luz;
porque ya no existe palabra que pueda
entregarte la esencia que de ti respiro hoy.
Quiero vivirte en la distancia,
en el primer papel que encuentre,
y cargarte conmigo como mi piedra angular,
como el amuleto que eres,
porque contigo se acabaron los días nublados
o sólo dejé de mirar al cielo rogando por un milagro
o tal vez me basta con mirar al frente y encontrar
el recuerdo de tus ojos puros que sonríen
con una honestidad en la que me abismo.
Quiero sentirte y padecerte porque eras tú
lo que buscaba con anhelo entre las nubes,
porque eres la causa para que mi pecho siga latiendo,
de sentirme viva en la intensidad de este
sentimiento que crece y que debo despedir.
Quiero darte alas, quiero ser tu viento
y poder liberarte de cadenas y pesares,
mas antes de soltarte sólo pido amarrarme a tu espalda,
clavarme en tu pecho,
habitarte por un instante para sobrevivir a tu ausencia
pues ya no quedan más lágrimas para darte
por haberlas malgastado en los puertos equivocados.
Esta noche quiero amarte simplemente,
hoy, cuando necesito olvidarnos,
cuando el dolor por traicionar
lo que vive en mi pecho en favor del buen juicio
arraiga fuerte en mi centro mientras busco
una última excusa para dejarte partir.
Esta noche me pierdo en tus dolores y en mi sentir,
y quiero amarte en mente,
en alma,
en cuerpo,
esta noche quiero respirarte: grabarte en el corazón.
jueves, 27 de julio de 2017
Partida.
Duele este silencio entre los dos,
la distancia que crece a paso firme,
a paso de plomo por las heridas del pasado
que afloran veloces con cruel desdén
mientras recuerdo la forma de tus manos;
porque no reconozco mi reflejo cuando se trata de ti,
no sé quién es esta extraña que te habla,
que construye muros a tu alrededor
mientras finge una calma inexistente,
una calma que se sustenta en la ficción
de no quererte como lo hago,
de no querer regalarte mis piernas,
mi alma,
mis dedos enredados en tu cabello
cada vez que mueves los hilos en mi pecho,
esos que terminan en tu piel marcada por mis miedos
cuando duele este silencio que se asienta con hostilidad,
porque contigo siento todo menos frialdad
y, sin embargo, no tengo más para ofrecerte
que esta ambigua ausencia y este súbito adiós.
domingo, 23 de julio de 2017
Despedidas.
A veces, sobran las palabras y abundan los silencios, aparecen en largas caminatas tras perder el rumbo en medio de ausencias venideras y miedos futuros que me desarman con tus ojos idos y la distancia de tu cuerpo. Entonces, los silencios se vuelven ensordecedores en medio de la noche, porque necesito del ruido para no escuchar lo que mi piel grita en medio de soledades altivas que bordean tu abismo; busco entender lo que guarda mi pecho y no queda más por decir, tus ojos dijeron todo en medio de la oscuridad de las sábanas, habló la duda arraigada y el temor por la cercanía, habló la rabia germinante de un lugar abandonado, el infierno de las despedidas y la lejanía impuesta por la razón. A veces, sobran los silencios y faltan las palabras para darte, para entregarte la dulzura que guarda mi vientre cada vez que tiembla al perder el control de la superstición, de las ideas forzosas que me alejan de tu rumbo y que ignoro a conciencia para seguir los pasos de tu calor, de tus formas de entregarte y retroceder como el vaivén de las olas que te acercan y alejan a su antojo con la voluntad de la marea. A veces, sobra el espacio y falta la voz, pero soy faro y estrella para esperar en medio de la tormenta por un poco de claridad, por la calma que hoy me entrega tu abrazo que ya no está más; porque contigo sobran las palabras, sobran los miedos, la ternura, los motivos y este adiós mientras contemplo el silencio hasta desaparecer.
viernes, 21 de julio de 2017
En silencio
El silencio es tanto que puedo escuchar
el caos y la velocidad de mis pensamientos,
los oigo derrumbarse uno a uno
junto con cada recuerdo de tu cuerpo;
escucho mi alma latir al compás de tus manos,
de tus besos en mi cuello,
mientras la tierra susurra los pasos de los viajantes
como si fuera mi voluntad la que se pierde en tu rumbo.
Escucho el silencio y trae consigo un aire a ti,
una brisa que anticipa la tormenta en tiempos en los que
el sentir explota en tu presencia y el pensar llueve en tu lejanía;
escucho el llanto en mi pecho y lo siento venir despacio,
con paso lento y sigiloso como si quisiera caer por sorpresa
para quebrar el abismo de mis postales y lo frágil de mi espíritu.
Escucho al desastre avecinarse, pero aquí resisto:
en el silencio de tus ojos, en el vacío de tu voz.
jueves, 13 de julio de 2017
Noctámbula.
A veces las palabras duermen conmigo,
se sienten dulce en mi vientre y anidan ahí
como si mi cuerpo te perteneciera con tan solo nombrarlo,
o como si tu piel rozara cada rincón con tan solo escribirte;
porque hay noches en que las palabras duermen conmigo
y revientan con sutileza el descaro que guarda mi almohada,
la dulzura de caricias que permanecen en el imaginario
de un encuentro pactado lejos del miedo y el ruido,
en el secreto de las sábanas que se pegan a mi carne al despertar
mientras mi pasión grita en sueños cálidos que se han liberado
de la prisión espectral de las pesadillas anteriores:
Porque las palabras duermen conmigo y esta noche
lleva tu nombre.
martes, 4 de julio de 2017
Sobre la respiración.
Palpo mi pecho y siento que respiro con otro ritmo,
que todos los dolores del alma han decantado
lenta e imperceptiblemente mientras me perdía contemplando
el caos del universo que habita del otro lado.
Respiro de tu aliento mientras todo se ordena,
todo cae y resbala por mi cuerpo,
siguiendo la silueta de tus sombras
como si se tratase del destino jugando conmigo a las escondidas,
o como si tú fueses ese arrollo que se encuentra
perdido en los mapas, oculto entre tanto adorno.
La noche cae veloz y buscamos refugio en alguna sábana cercana,
algún lugar que le permita entrar al humo y salir al pudor,
porque por esta noche respiro tu piel y tu dulzura,
la simetría de nuestros impulsos vitales que nos pierden en la tierra,
en la cama
y contra el mundo mientras te vivo aquí,
mientras te vivo ahora.
que todos los dolores del alma han decantado
lenta e imperceptiblemente mientras me perdía contemplando
el caos del universo que habita del otro lado.
Respiro de tu aliento mientras todo se ordena,
todo cae y resbala por mi cuerpo,
siguiendo la silueta de tus sombras
como si se tratase del destino jugando conmigo a las escondidas,
o como si tú fueses ese arrollo que se encuentra
perdido en los mapas, oculto entre tanto adorno.
La noche cae veloz y buscamos refugio en alguna sábana cercana,
algún lugar que le permita entrar al humo y salir al pudor,
porque por esta noche respiro tu piel y tu dulzura,
la simetría de nuestros impulsos vitales que nos pierden en la tierra,
en la cama
y contra el mundo mientras te vivo aquí,
mientras te vivo ahora.
domingo, 2 de julio de 2017
Sonando: Zoom (Soda Stereo)
Esta noche tengo ganas de vivir, sea como sea, pero vivir con mi adicción a la intensidad de siempre.
sábado, 1 de julio de 2017
Contradicciones vitales.
A veces los discursos se entierran en tus labios y contradicen los deseos de tu carne y alma. Se enredan en la conciencia y no te permiten simplemente vivir aquellas brisas que vienen a despejar las tormentas en las que uno habita por la vorágine del día a día. Cuando llega el momento de aceptar que uno quiere el cuento de hadas te tiemblan las manos y las piernas, porque los pasos pueden llevarte a puertos no deseados, a embarques, quiebres, despedidas, heridas, llantos, gritos, desenfreno, serendipias, desdichas, cruces y galimatías. Por la boca muere el pez, dicen algunos, y este pez sólo espera cruzar el río y desembocar en el mar, porque se encuentra cansado de vasos vacíos y suspiros sin destinatario, hastiado de esperas inconclusas, de llamadas perdidas y canciones mal traducidas. Este pez tiene ganas de convertirse en Ícaro y derretir sus alas buscando el sol, el calor de la leña, lo tibio de tu cuerpo y de tu voz... y así voy volando hacia arriba, esperando que la caída sea menos dolorosa que otras veces, esperando surcar las nubes y encontrar el hogar que tanto anhelo.
Brisas.
Algo vibra en mi interior e impulsa mis pies, como si remolinos de humo me condujeran a tu lado cada noche que recuerdo tu verbo. La imaginación cobra vida y te pinto entre mis sábanas respirando mi aliento, bebiendo mi piel, enredándonos en la carne del otro como si no existiese otra misión más que devorarnos en ese instante, dejarnos seducir por la pequeña muerte que nos aguarda oculta en tu espalda y entre mis piernas. Te siento clavado en mi cenit, coronando con tu lengua el templo de nuestro cuerpo mientras yo te clamo de rodillas... y te dibujo con mis dedos recorriendo con suavidad mi pecho y todos aquellos rincones que esperan aún ser descubiertos por la dulzura de tu boca. Porque quiero enterrarme al sur de tus sentidos y quedarme ahí hasta el último suspiro, darle alas a la superstición y dejar la mente colgada, lamer tus labios y que muerdas los míos para perderme en ti, perderme de mí misma. Quiero sentir tu respiración en mi oído y enredarme en tu cabello hasta perder la conciencia... y quedarme ahí, yo guardada en tu pecho y tú enterrado en mi vientre, en un nuevo compás de espera dominado por el letargo natural de dos cuerpos que caen al unísono.
martes, 27 de junio de 2017
Catarsis.
De pronto es como si todo cayera en su lugar y me abandonara en la misma zona que he habitado por un tiempo que se ha tornado eterno. La soledad a veces se vuelve insostenible, como si fuese la única compañera en mis crepúsculos, o al menos la única verdadera y constante, porque las sábanas se convierten rápidamente en las cadenas que aprietan mi pecho cada noche que permanezco en este compás de espera. Baja la velocidad, cae el pensamiento, llega la angustia y se asienta en mi seno: no quiero más tristezas en el alma. No siento nada y el vacío se apodera de cada segundo de mi día en el letargo infinito de saberme cayendo y no saber en los brazos de quién iré a parar, porque el vientre está al sur del corazón y la mente es siempre mi norte. Se arruina toda brújula y me siento perdida, como si la ruta trazada a fuego se hubiese esfumado dejándome el corazón abierto y un camino que se bifurca. La naturaleza del cambio me obliga a los cuidados intensivos, a la cautela y el recelo, al dilema de saber que no soportaría un nuevo combate, no resistiría un nuevo ataque ni en la piel ni en el edredón cuando la única guerra que busco es la que aguarda en alguna cama de algún extraño en algún lugar que aun desconozco. Entonces pienso: cuando la espera no es opción y mis piernas se aprietan al pensar en cruzar su camino, ¿qué tratan de esconder mis labios en su espalda?.
lunes, 26 de junio de 2017
Lugares con historia: La Villa San Luis y el miedo del poderoso.
A unas cuadras de donde vivo se encuentra la Villa San Luis, un lugar que me llena el corazón de una emoción a la que aún no le encuentro nombre: simplemente te estremece el alma. Este lugar nació en 1972, como parte del proyecto de viviendas sociales del gobierno de Salvador Allende. En ese entonces, más de mil familias lograron cumplir el sueño del hogar propio, sueño que para tantos sigue siendo hoy algo lejano.
El proyecto lo conformaban veintisiete edificios, mil veinticuatro hogares que fueron arrebatados de las manos de sus dueños el año 1976 por el Ejército de Chile. Esta Villa es un verdadero estandarte de la lucha contra la segregación que podemos ver hasta el día de hoy. Una de las cosas que más me violentó cuando llegué a vivir a la capital fueron las preguntas tipo: ¿en qué comuna vives? ¿De qué colegio eres? Tuve la suerte de que esas preguntas nunca aplicaran a mí y, también, tengo la suerte de poder ver casi a diario este espacio que me recuerda que la lucha contra esta lógica elitista terrateniente aún no termina.
Alguna vez escribí: "Por suerte, aún existen lugares que tienen más memoria y más historia que cualquiera". Lo escribí después de rodear lo que queda de la Villa frente al Parque Araucano. Desde entonces, se ha vuelto un lugar al que le hablo cada vez que paso por él. "Resiste" es lo que más le digo al lote 18. Es que se trata de eso, de un ícono de la resistencia, de la lucha, de una pelea por la dignidad dada desde el corazón. Robaron sus viviendas, construyeron uno de los centros financieros más poderosos de la capital, se asentaron grandes empresas en donde antes se asentaban sueños.
¿Por qué San Luis? Por el miedo y la rabia de quienes resentían a los nuevos vecinos. Porque no podían soportar que la gente que vivía en la ribera del Mapocho ahora viviera junto a ellos, detrás de la Escuela Militar. Posteriormente, en 1996, el Ejército vendió estos terrenos, con la complicidad de Gobiernos en democracia, vendiendo a su vez los sueños de las mil familias desalojadas, los sueños de gente de lucha que fue desalojada en camiones basureros y arrojados al perímetro, al margen.
Hoy me duele este lugar. Me duele porque el poder vuelve a ignorar la lucha de tantos, porque ignora la memoria y busca demolerla a escondidas, por la espalda. Porque a días de poder declararla Monumento Histórico entraron las excavadoras, derrumbando a su vez ese espacio de esperanza que esta Villa representa. Me duele San Luis, me duele la injusticia que abraza este lugar y que no quiere soltarlo. Me duele la cobardía de quienes ostentan un poco de poder que ignoran las batallas que muchos deben dar en una sociedad cruel y violenta. Me duele este lugar y es este mismo lugar el que reafirma que hay muchas luchas por dar aún y que es parte de nuestro trabajo no desistir y enseñarles a las generaciones que vienen a darle el valor que merece la historia y la memoria para poder construir un futuro mejor.
domingo, 25 de junio de 2017
De paseantes y peatones.
De a poco, este espacio se ha transformado en una suerte de diario íntimo, de imágenes del día a día que me acompañan en memorias y en palabras. Como seres humanos acumulamos millones de anécdotas sin darnos cuenta porque, a veces, simplemente nos conformamos con la reflexión apresurada que generan en el momento (si es que tenemos esa suerte) y, en muchas otras ocasiones, las dejamos pasar, igual que la vida.
Los últimos once años, contando en ellos un breve intervalo de 12 meses, he vivido en la capital: una ciudad que cada día me parece más insufrible y con la que he aprendido a convivir de la mejor manera posible. Y no es un secreto que oculte, porque la región a uno se le nota, sobretodo cuando hay amor y orgullo por la tierra que te conoce desde el génesis. En mi caso, cada vez que puedo me descargo en contra de este lugar tantas veces hostil y apático. Al mismo tiempo, cada vez que logro ver un poco de luz en sus calles lo escribo como si fuera el bálsamo que necesito usar a diario para no extrañar el desierto y sus mares. La escena diaria de hoy tiene un poco de ambos, como todo lo bueno de la vida: encuentros y desencuentros, amores y desamores, orgasmos y despedidas.
Siempre he creído que los días fríos son para caminar, porque me encanta el frío y esa sensación de resguardo que trae un buen café (mejor aún si hay una buena charla de por medio). Salí entonces en busca de ese resguardo esta tarde y me encontré con un cielo de algodones, un cielo de invierno. Al verlo paré unos segundos, para retenerlo, para que no se me olvidara. De pronto, mi hombro se mueve involuntariamente hacia el frente: un caminante chocó mi hombro a gran velocidad, a velocidad capitalina. Me mira y pregunta "¿por qué te quedas parada ahí?". Y yo respondo desde la región, desde la honestidad sin filtro: "el cielo está bonito y se lo está perdiendo por andar de santiaguino un domingo a medio día". El desconocido miró al cielo un segundo y siguió su ruta sin hacer más comentarios. Me pareció verlo alejarse a un paso menor, tal vez por el cielo, o por la imprudencia de mi honestidad. Yo seguí caminando hasta llegar al puente para cruzar la avenida, saqué mi cámara, apunté al cielo y seguí mi resguardo.
Esta es una ciudad donde no es común saludar y despedirse de los desconocidos y donde si es común la pregunta "usted no es de aquí, ¿cierto?". Por esto es casi vital retratar esos cielos, porque te recuerdan que el corazón sí tiene un lugar en el mundo y que, ese mismo corazón, te recuerda quién eres y de dónde vienes: porque el corazón es el que debe marcar tus pasos, sea donde sea que estés.
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| Puente entre el Parque Araucano y el Parque Juan Pablo II. Junio 2016. |
viernes, 23 de junio de 2017
Cafuné o la verdadera intimidad.
Es al menos curioso cómo, en las acciones del día a día, uno puede encontrar espacios llenos de magia. Porque la magia no es eso que te venden en televisión o en publicidades, la magia real está en pequeños momentos que te hacen abrir los ojos y respirar profundo al darte cuenta de lo simple que puede ser todo. El cuadro es el siguiente: figuraba yo secando y cepillado con mis dedos el pelo de mi hija. Así de simple, así de cotidiano. Recordé entonces que los brasileños tienen una de esas rarezas lingüísticas que tanta fascinación me generan: cafuné, o el término para nombrar la acción de pasar los dedos con cariño por el cabello de alguien. Y pensé (como si eso fuera una novedad) que no hay acto de intimidad más grande que acariciar el pelo de alguien.
Más allá de conceptos morales que ya parecen polvorientos en una realidad donde besos, brazos, camas y sábanas se pueden compartir fugazmente; me parece que, ese momento de paz cuando te acarician o tú acaricias la cabeza de alguien más, no tiene parámetros de comparación alguna. A los chicos se les exige saludar de beso a desconocidos, nos enseñan que es por buena educación saludar con un abrazo al médico al entrar a su despacho, se abraza a los jefes, a los colegas y besas a los amigos y a los amigos de tus amigos y a desconocidos en un bar de buena o mala reputación. Ni hablar de cómo puedes compartir una cama. La intimidad es un concepto que ha sido transgredido, tergiversado, transformado en la era de las redes sociales y compartimos el despertar y el desayuno y la cena. Pero ¿a cuántos y a quiénes le acariciamos el cabello? Ese y no otro debería ser el parámetro para medir nuestras intenciones. Y la pregunta no debería ser por si besarías a alguien, la pregunta verdadera es por si te gustaría ese cafuné con alguien o para alguien.
miércoles, 21 de junio de 2017
Mis planes.
Los planes son los enemigos naturales de la vida. Se encargan de hacernos ver sólo un camino cuando en verdad nunca hay una ruta unívoca. Los planes no te permiten vivir en el corazón aquellas sorpresas que la vida lanza como paracaídas, la ciudad me ha enseñado eso. El navegador es nuestro mejor amigo: cuando las distancias se hacen eternas y el destino es desconocido nos indica la mejor ruta, la más rápida, la con menos accidentes. Así, por seguir esos caminos destacados, ignoras las pequeñas callecitas llenas de magia que se encuentran perdidas en esos mapas exactos y calculadas con una minuciosidad que sólo puede tener la red. La vida no se calcula y yo quiero perderme y no encontrarme por un rato, navegar sin rumbo fijo hasta encontrar un puerto que se convierta en mi hogar. Y en esas rutas espero encontrar eventos, caídas, una hora o dos de taco que me permitan ver lo furioso que se pone el cielo cuando el sol empieza a esconderse. Porque el sol se esconde, pero nace la noche y, con ella, el espacio para esconderse por un momento de tanto ruido y encontrar otro tipo de calor. Mis planes, por ahora, son dejar de hacer planes y recibir toda la calidez que la vida quiera darme, fuera de toda red, con la libertad del viento que sopla mis alas: morder la manzana sin temer las consecuencias.
lunes, 19 de junio de 2017
Penélope y Ulises.
No es secreto que el año pasado lo sobreviví como pude, a puro instinto. También el año pasado me dio por tejer a modo de terapia de evasión y dejé mil cosas inconclusas, tal como bufandas que terminaron convertidas en frazadas y varias intenciones de bufandas con las que podría armar alfombras de patchwork. Tejí a medias el cargador del computador y tejí a medias mis audífonos. Tejí a medias el cable de mi celular y tejí, además, un par de regalos de cumpleaños. En este momento, tengo un tercio de bufanda escolar tejida para mi hija y bolsas de lanas que compré con la intención de terminar lo empezado y comenzar nuevos proyectos. También, en este momento, me di cuenta que llevo cerca de un año viviendo como Penélope sin saber qué o a quién espero de tanto tejer. Sin embargo, pese a estar en pleno junio y aún no recibir el invierno, me niego a seguir tejiendo; terminaré la bufanda escolar y daré por terminadas las cosas así, tal como están. Llegó el momento de aceptar que mi estilo es siempre dejar las cosas a medias y estos objetos medio tejidos podrán ser el testimonio material de que no estoy hecha para sentarme a esperar ni menos para evadirme en labores con mal génesis. Las lanas compradas las conservaré por si algún día las necesito, pero esta Penélope salió a buscar un barco propio a ver si encuentra sirenas para desafiar en el camino. Y si llega Ulises, él podría terminar todas las cosas que no terminé de tejer, porque no pretendo regresar por un tiempo.
Edificios.
Es de noche y en el edificio de al frente están casi todas las luces apagadas. Trato de concentrarme en mi trabajo pero, de pronto, centro mi atención en una de las pocas luces encendidas cruzando la calle y que da justo frente a mi balcón. Una chica corre libremente de un lado de la habitación hacia el otro y yo pienso "qué hermoso librero tiene". En ese momento, aparece en el cuadro un bello perro blanco, grande, que persigue a la joven y la atrapa. Toca cambio de turno y ahora es la mascota la que corre y su compañera de juegos quien debe atraparle. Los edificios se han tomado la ciudad; sin embargo, a ratos, nos regalan estas pequeñas escenas en las que uno puede sentirse cómplice o espía de la felicidad de otros. Tal vez, tanto mi vecina como yo, deberíamos poner cortinas. O quizás el no tener cortinas es una nueva forma de compartir en esta verticalidad. Al frente se apaga la luz, no supe si ella pudo atrapar a su camarada, pero es la señal que necesitaba para retomar mis deberes. Aquí vamos de nuevo, trabajando en vitrina para que los de al frente puedan imaginarse qué me trae tan ocupada cuando escribo sobre ellos: paradojas de la vida en altura.
domingo, 18 de junio de 2017
Abrir los ojos.
Hoy desperté con ansias de encontrar nuevos sabores,
de abrir los ojos para encontrar magia en cada rincón.
domingo, 11 de junio de 2017
Bajarse del mundo.
Me gustaría poder poner la mente en off,
dejar de extrañarte como pasatiempo mortal
cada noche que mi almohada habla de ti,
dejar de pensarte incesantemente,
insistentemente,
en la insensatez de creer que podrías ser mío,
porque no quiero pensarte como propiedad
cuando lo único que espero es que me llames tuya.
Me gustaría poner mi mente a descansar
y dejarte en el olvido tal como tú ignoras este ardor
que acompaña mis piernas y mi alma;
tal como tú sigues cada mañana en una nostalgia
que no tiene mi nombre ni mi aroma,
en una melancolía que no sabe de mi ausencia
ni de los errores que cometo al buscarte en otros.
Me gustaría dejar de exiliarme en mí misma,
bajarme del mundo y dejar de conversar contigo en la ficción,
alejarme del ruido de mis intentos vacíos por confesarte
que el motivo de mi inconsistencia es la cordillera,
la línea divisoria entre tu voz y este adiós.
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| El Morro, Iquique. Diciembre 2006 |
domingo, 4 de junio de 2017
Pensar en ti.
Si necesitas mantener la mente ocupada,
soy voluntaria para que la ocupes en mí,
para nadar por tus pensamientos
tal como tú navegas por mi piel,
mientras el silencio perfora mis oídos
por la cobardía de no decir que te seguiría
hasta el último rincón de la tierra que habitas.
Me ofrezco para ser el hogar que te espera
en la distancia impuesta por sueños discordantes,
vuelos tangenciales que empapan con nostalgia
cada tarde de domingo en mi balcón,
cada noche en la que no soy capaz de recordar
el aroma de tu cuerpo ni el roce de tus manos.
Si necesitas mantener la mente ocupada
te pido que pienses en mí al menos un instante,
que repases cada palabra, cada caricia,
para que descifres las fallas de mi carácter
y encuentres esta confesión que hago
cuando ya no tengo más verdades que ocultarte.
Podría soplar tus alas hasta reventar mi pecho,
dejarte descansar en mis piernas hasta mediodía;
a cambio, sólo pido que me revivas en tu colchón
y que sientas cómo me duele tu ausencia,
si necesitas mantener la mente ocupada,
si necesitas que alguien también piense en ti.
viernes, 2 de junio de 2017
jueves, 1 de junio de 2017
Cordilleras.
miércoles, 31 de mayo de 2017
En caída.
El amor cae por su fuerza de forma inevitable,
sigue la corriente de su caudal y desemboca en el olvido
mientras me aferro a los sabores que deja tu boca
en los espacios de mi piel que marcaste con fuego.
El amor cae por su fuerza en la tardanza de tu abrazo,
cae lento,
pesado,
dolorosamente
al medir tus silencios con la calidez de tu mirada;
porque es la distancia la que mide al amor
cuando se transgreden los límites de la geografía,
cuando me encierro en tu recuerdo frente al descaro
que nace en labios ajenos que hoy buscan tu espacio.
Permanezco sentada en las sombras de tu ausencia,
en los lugares donde pude vivirte,
donde ahora habito enterrada en este exilio
que no sabe más de ti si no es por mi querer,
por el dolor que se entierra en mi pecho cuando me dejas.
El amor cae por su fuerza y yo insisto en esta espera
en tardes que se hacen insostenibles por la falta que me haces,
en noches que no saben del calor de tu piel,
porque caemos juntos en lugares lejanos:
tú allá, siguiendo el albedrío de tus alas libres
y yo aquí, sembrada en el jardín de tus ojos.
lunes, 29 de mayo de 2017
Deseos.
Por hoy, sólo por esta noche, quiero escribirte desde el corazón; escribir deseos en el aire y que el viento los lleve lejos, allá, del otro lado, donde las quimeras extienden sus alas y me llevan a tu espalda.
lunes, 22 de mayo de 2017
Resfrío emocional.
Han sido días tan extraños estos últimos, como si la furia del tiempo no se detuviera, como si estuviese ahogada aquí, en un lugar que me parece ajeno, un lugar entre mar y cordillera que termina sin ser ninguno de los dos; termino habitando en un espacio intermedio, suspendida en la nada, justo en la mitad de los dos lugares que han definido mi vida entera. Oscilo constantemente entre la montaña y el océano, buscando esos lugares vitales que corren por mi sangre, pero sigo en medio, en un llano que le hace justicia a la depresión intermedia. Es extraño, como si
necesitara con urgencia aprender a respirar, como si cada vez que vuelvo a habitar esas voces que abrigan mi alma sólo pudiese volverme tempestad, porque siento que nada cae por orden natural, siento el pecho
apretado y las circunstancias del día a día no ayudan a descomprimirlo, como si se tratase de un extenso resfrío emocional que he ignorado y que se ha convertido en algo crónico, porque solo así entiendo este nudo que cargo dentro. Y mientras trato de ordenar estas ideas sueltas, solo siento que necesito volver a salir, tal vez un poco
de mar y sentarme y sentir, quizás intentar ser feliz a momentos, a ratos, porque rendirse no es una opción cuando no se sabe a qué se está renunciado. Por hoy, me limito a escribir en vano porque estos días han sido extraños, porque estos días he sido extraña, porque no me reconozco aquí sin ti.
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| Paseo Atkinson, Valparaíso 2017. |
domingo, 21 de mayo de 2017
lunes, 15 de mayo de 2017
Sin filtro.
Por estos días me baña una melancolía contagiosa,
una nostalgia crónica,
una necesidad imperiosa
de volver a sentir todo aquello que hoy parece perdido.
Nunca supe ordenar el sentimiento,
no sé cómo darle curso a la pasión que se ha enraizado
y que el tiempo se ha encargado de convertir
en el monumento al que le rindo culto cada noche,
porque tu ausencia,
tu lejanía,
carcome el buen juicio y me conduce a otros cuerpos
que me brindan el calor que no puedes ofrecerme,
porque tu distancia me lleva a ignorar otras distancias,
otras manos,
otros labios
que parecen sacados de cuentos, de ficciones,
de memorias trastocadas por la crueldad de tus silencios.
Nunca supe ordenar el sentimiento como mis palabras;
y hoy te escribo así, sin filtro,
sin máquinas que den sentido
a mi pecho que se aprieta con tan solo pensarte;
te escribo desde la vereda del olvido que promete
nuevos días de sol del otro lado de la cordillera,
porque el sur es grande en amores,
porque nuestro hemisferio se expande con tus pasos
cuando en estos días me baña una melancolía contagiosa,
aquella que no sabe si despedirte o resistir.
domingo, 7 de mayo de 2017
Ciudades.
Quiero creer que la ciudad despierta contigo cada mañana,
que se acuesta conmigo cada anochecer,
creer que la noche me aguarda en cada esquina de tu piel
mientras espero que llegue el tiempo de la valentía
para poder escupir las verdades que llevo atoradas
en la garganta,
en las piernas,
en mis dedos
que te quisieron seriamente y hoy no saben de nosotros.
Quiero creer que la ciudad despierta contigo
en la distancia de un abrazo que se niega a dejarte partir,
mientras mi boca se niega a aceptar su egoísmo:
quiero creer que te quiero libre como el mar y la brisa
que me cubren en la profundidad de tu carne,
que me basta con el palpitar de tu pecho volátil
en tardes de otoño con gusto a verano,
en noches febriles con aires de algo más.
Quiero creer que la ciudad despierta contigo cada mañana
y te lleva lejos con su viento al anochecer;
que no existe un lenguaje ni un nombre que te toque
en la inmensidad de un caudal que no sabe de fronteras,
en la infinitud del silencio que ahoga mis gritos
y el dolor de no poder llamarte mío en cada encuentro furtivo,
en cada sábana herida por el descaro de una pasión
que no conoce límites ni creencias,
que no sabe compartirte entre supuestos y quimeras.
Quiero creer que la ciudad despierta a tu lado
y que permanezco ahí,
contigo,
en el dominio de las bajas pasiones que dominan
este impulso de callar mis anhelos que sólo hablan de ti.
miércoles, 3 de mayo de 2017
Sobre el cuerpo.
"La distancia no es un problema. El problema somos los humanos, que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. Y el amor se siente con el corazón, no con el cuerpo".- Gabriel García Márquez.*
El problema somos los humanos, pero el amor sí se siente en el cuerpo, debería vibrar en cada rincón, apretarte el pecho, estremecerte. El amor se siente en el vientre, en las piernas, se siente bajo el ombligo y te mueve los brazos, porque cuando el amor no se siente en la carne no es amor sino idealismo; porque el amor vibra bajo la piel y conduce tus pasos. El amor sin el cuerpo no existe, porque se debe palpar en cada respiro, en cada exhalación vital; te aprieta los dientes, te muerde los labios, te marca la superficie. El amor sobrevive la distancia cuando es el cuerpo el que extraña, el que resiente, el que recuerda; porque el cuerpo lleva grabado los signos de la memoria y te ayuda a resistir -o te guía a otros cuerpos que también extrañan-.
*Fuente incierta.
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Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...






















