miércoles, 31 de mayo de 2017

En caída.


El amor cae por su fuerza de forma inevitable,
sigue la corriente de su caudal y desemboca en el olvido
mientras me aferro a los sabores que deja tu boca
en los espacios de mi piel que marcaste con fuego.

El amor cae por su fuerza en la tardanza de tu abrazo,
cae lento,
                pesado,
                             dolorosamente
al medir tus silencios con la calidez de tu mirada;
porque es la distancia la que mide al amor
cuando se transgreden los límites de la geografía,
cuando me encierro en tu recuerdo frente al descaro
que nace en labios ajenos que hoy buscan tu espacio.

Permanezco sentada en las sombras de tu ausencia,
en los lugares donde pude vivirte,
                       donde ahora habito enterrada en este exilio
que no sabe más de ti si no es por mi querer,
por el dolor que se entierra en mi pecho cuando me dejas.

El amor cae por su fuerza y yo insisto en esta espera
en tardes que se hacen insostenibles por la falta que me haces,
en noches que no saben del calor de tu piel,
porque caemos juntos en lugares lejanos:
tú allá, siguiendo el albedrío de tus alas libres
y yo aquí, sembrada en el jardín de tus ojos.


lunes, 29 de mayo de 2017

Deseos.



Por hoy, sólo por esta noche, quiero escribirte desde el corazón; escribir deseos en el aire y que el viento los lleve lejos, allá, del otro lado, donde las quimeras extienden sus alas y me llevan a tu espalda.









Puente de los Deseos, Caleta Horcón, Mayo 2017.


lunes, 22 de mayo de 2017

Resfrío emocional.



Han sido días tan extraños estos últimos, como si la furia del tiempo no se detuviera, como si estuviese ahogada aquí, en un lugar que me parece ajeno, un lugar entre mar y cordillera que termina sin ser ninguno de los dos; termino habitando en un espacio intermedio, suspendida en la nada, justo en la mitad de los dos lugares que han definido mi vida entera. Oscilo constantemente entre la montaña y el océano, buscando esos lugares vitales que corren por mi sangre, pero sigo en medio, en un llano que le hace justicia a la depresión intermedia. Es extraño, como si necesitara con urgencia aprender a respirar, como si cada vez que vuelvo a habitar esas voces que abrigan mi alma sólo pudiese volverme tempestad, porque siento que nada cae por orden natural, siento el pecho apretado y las circunstancias del día a día no ayudan a descomprimirlo, como si se tratase de un extenso resfrío emocional que he ignorado y que se ha convertido en algo crónico, porque solo así entiendo este nudo que cargo dentro. Y mientras trato de ordenar estas ideas sueltas, solo siento que necesito volver a salir, tal vez un poco de mar y sentarme y sentir, quizás intentar ser feliz a momentos, a ratos, porque rendirse no es una opción cuando no se sabe a qué se está renunciado. Por hoy, me limito a escribir en vano porque estos días han sido extraños, porque estos días he sido extraña, porque no me reconozco aquí sin ti. 

Paseo Atkinson, Valparaíso 2017.

lunes, 15 de mayo de 2017

Sin filtro.


Por estos días me baña una melancolía contagiosa,
                                     una nostalgia crónica,
                                     una necesidad imperiosa
de volver a sentir todo aquello que hoy parece perdido.

Nunca supe ordenar el sentimiento,
no sé cómo darle curso a la pasión que se ha enraizado
y que el tiempo se ha encargado de convertir
en el monumento al que le rindo culto cada noche,
porque tu ausencia,
            tu lejanía,
carcome el buen juicio y me conduce a otros cuerpos
que me brindan el calor que no puedes ofrecerme,
porque tu distancia me lleva a ignorar otras distancias,
                                                             otras manos,
                                                             otros labios
que parecen sacados de cuentos, de ficciones,
de memorias trastocadas por la crueldad de tus silencios.

Nunca supe ordenar el sentimiento como mis palabras;
y hoy te escribo así, sin filtro,
                                sin máquinas que den sentido
a mi pecho que se aprieta con tan solo pensarte;
te escribo desde la vereda del olvido que promete
nuevos días de sol del otro lado de la cordillera,
porque el sur es grande en amores,
porque nuestro hemisferio se expande con tus pasos
cuando en estos días me baña una melancolía contagiosa,
aquella que no sabe si despedirte o resistir.


domingo, 7 de mayo de 2017

Ciudades.



Quiero creer que la ciudad despierta contigo cada mañana,
                     que se acuesta conmigo cada anochecer,
creer que la noche me aguarda en cada esquina de tu piel
mientras espero que llegue el tiempo de la valentía
para poder escupir las verdades que llevo atoradas
en la garganta,
                        en las piernas,
                                                 en mis dedos
que te quisieron seriamente y hoy no saben de nosotros.


Quiero creer que la ciudad despierta contigo
en la distancia de un abrazo que se niega a dejarte partir,
mientras mi boca se niega a aceptar su egoísmo:
quiero creer que te quiero libre como el mar y la brisa
que me cubren en la profundidad de tu carne,
que me basta con el palpitar de tu pecho volátil
                             en tardes de otoño con gusto a verano,
                             en noches febriles con aires de algo más.


Quiero creer que la ciudad despierta contigo cada mañana
y te lleva lejos con su viento al anochecer;
que no existe un lenguaje ni un nombre que te toque
en la inmensidad de un caudal que no sabe de fronteras,
en la infinitud del silencio que ahoga mis gritos
y el dolor de no poder llamarte mío en cada encuentro furtivo,
en cada sábana herida por el descaro de una pasión
que no conoce límites ni creencias,
que no sabe compartirte entre supuestos y quimeras.


Quiero creer que la ciudad despierta a tu lado
y que permanezco ahí,
                                    contigo,
en el dominio de las bajas pasiones que dominan
este impulso de callar mis anhelos que sólo hablan de ti.



miércoles, 3 de mayo de 2017

Sobre el cuerpo.



"La distancia no es un problema. El problema somos los humanos, que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. Y el amor se siente con el corazón, no con el cuerpo".- Gabriel García Márquez.*


El problema somos los humanos, pero el amor sí se siente en el cuerpo, debería vibrar en cada rincón, apretarte el pecho, estremecerte. El amor se siente en el vientre, en las piernas, se siente bajo el ombligo y te mueve los brazos, porque cuando el amor no se siente en la carne no es amor sino idealismo; porque el amor vibra bajo la piel y conduce tus pasos. El amor sin el cuerpo no existe, porque se debe palpar en cada respiro, en cada exhalación vital; te aprieta los dientes, te muerde los labios, te marca la superficie. El amor sobrevive la distancia cuando es el cuerpo el que extraña, el que resiente, el que recuerda; porque el cuerpo lleva grabado los signos de la memoria y te ayuda a resistir -o te guía a otros cuerpos que también extrañan-.

Borrador 1.


*Fuente incierta.



martes, 2 de mayo de 2017

Komorebi o el baño del sol.



Existen realidades que se escapan de nuestro lenguaje, que huyen lejos de la lengua porque son tan inaprensibles que no conocen el límite de la palabra. Una de esas realidades para mí siempre ha sido la luz de sol que se tamiza entre las hojas de los árboles: tiene un magnetismo tal que la abstracción es la única salida. Tan singular es esa realidad que solo existe un término para dar cuenta de ésto, le dicen Komorebi y es la palabra que los japoneses utilizan para referirse a este fluir de los rayos del sol. Espero que algún día esa luz me alcance y logre bañarme de toda la vorágine del día a día, de los fantasmas de mi memoria, del espejismo de humano que soy por estos días; por mientras, sólo espero contemplando ese destello y el recuerdo de sus sombras. 

Plaza San Martín - Buenos Aires.


Para no extrañarte...


Para no extrañarte te cargo en el cuello,
te llevo en la piel y en cada célula de mi carne;
porque me llenas y vacías con la voluntad del océano,
como la luz del sol que tiñe grises edificios cada amanecer
para luego revelar un cenizo hormigón.

Te llevo en los oídos con un grito silenciado
y con tus labios mordidos por la voracidad
                           de nuestros desencuentros,
por las idas y partidas de infinitos terminales
que aguardan infinitas despedidas
en infinitos rincones de una ausencia fantasmal,
                                  de nuestro espacio vital,
                                  de nuestro roce profundo,
agrietado por mi terquedad y alimentado por tu calidez;
porque te llevo en el dolor de mis brazos
cansados de asirse en la distancia y en la cercanía,
resignados a trepar por otros cuerpos más reales,
                                                            más constantes,
                                                            más presentes
en la intensidad de momentos de colección
que no logran convertirse en memorias.

Para no extrañarte te grabo en mi espalda,
                                            en mi seno,
en el recuerdo de tu rostro embriagado por exhalaciones
que hoy solo reverberan en un cuarto vacío;
para no olvidarte te cargo en mi cuello, te quemo en mi piel.




Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...