viernes, 24 de marzo de 2017
Te llevo.
Te llevo atorado en mi memoria
entre sábanas y copas,
en la libertad abismante de las barreras
de mis piernas rodeándote,
atesorando tu aroma,
tu rostro,
tus besos dulces que desatan mi delirio
mientras mi cuerpo te vive en la distancia
de un encuentro que hoy parece un sueño,
un encuentro que se escapa del reloj
para habitar en la locura de tu respiración sobre mi piel,
en la intensidad de tus manos al correr por mi espalda.
Te llevo en mis pies,
en mi garganta,
en mi vientre que espera
por el destino o la casualidad de volver a sentirte,
volver a tenerte en cada espacio,
en cada rastro,
en cada suspiro que cala hondo
en la conciencia de la lejanía;
porque mi pecho te busca cada noche
entre el silencio y el éxtasis...
te llevo en mis labios: entre palabras y quimeras.
Tus ojos.
Aquí estoy nuevamente,
perdida entre ideas que no sé cómo ordenar
mientras mi cuerpo se mueve entre otros
impulsado por la extensión de la rutina;
me pierdo en mí y no sé quién soy
sino es por el reflejo de tu mirada
iluminando mi imagen con el calor de tus ojos.
Te busco como condenada a tu libertad,
porque son tus alas el viento de mis sueños
el origen de mis temores;
te escribo,
te invento entre palabras como una compulsión,
como si no fueran tus manos el eco
que reverbera en mis labios cada noche
mientras recuerdo tu rostro inmortal
y la profundidad de tu abrazo,
de tu carne,
de tus suspiros en mi piel.
Aquí estoy nuevamente mientras te vivo en la distancia,
atada a tu andar,
sembrando en la memoria,
extrañando tu voz;
porque dormidos encontramos la luz
y la luna alimenta las polaridades de nuestro deseo;
Aquí estoy: unida a tus pasos,
soltando tu mano,
dejándome ir.
lunes, 20 de marzo de 2017
Falta.
domingo, 12 de marzo de 2017
Laberinto.
Habito en una melancolía contagiosa,
en la pequeña muerte que traes de regalo
en cada ida y cada vuelta que das al sol
buscando curar un alma cansada de despedirse,
de silenciar una pasión que sólo crece
en el tiempo y en la distancia,
en la
salud y en la contrariedad,
en la felicidad compartida y la tristeza censurada,
porque hablas de amor y no dices mi nombre
mientras yo digo tu nombre sin poder llamarte amor.
La nostalgia vive conmigo desde tu arribo,
se esconde en lo profundo de mi cuerpo
desde que tú naciste en él como el río
que cubre cada espacio de mi piel,
que sólo vive al respirarte,
al enterrarte en mi memoria
como el verbo que da vida a cada sueño compartido.
Hoy existo gracias a ficciones y pasos en falso,
resisto desde la trinchera del aroma de tu cuello,
desde un balcón que solo puede escribirte
porque muero en el mutismo de un miedo crónico,
por el temor de un adiós que no permita un reencuentro,
por el terror de perderme con tu partida y no encontrarme
entre los pasillos de un laberinto indescifrable
que nace en mi pecho y termina en tus labios.
lunes, 6 de marzo de 2017
La espera.
Permanezco sentada,
inmóvil por el miedo de tu distancia,
mientras contemplo la inmensidad del mar
golpeando con cada ola el recuerdo de tu espalda,
mientras extraño tu cuerpo
respirándome a plena luz del sol,
enterrado en la arena de una soledad
cansada de extrañarte,
cansada de construirte en recuerdos de miel
que me permiten sobrevivirte
en la lejanía de una tierra
que habla de ti hasta en el silencio.
Permanezco sentada,
inmóvil en el café de tus ojos,
en la dulzura de tus labios que siguen
ardiendo en la espuma de mi sangre,
porque corres por mis venas y temo detenerte,
porque fluyes y fluyo en ti,
contigo,
en la espera de un tiempo
que no sabe llegar a nosotros
pero que me amarra a tu cintura,
al jardín de tu despedida.
inmóvil por el miedo de tu distancia,
mientras contemplo la inmensidad del mar
golpeando con cada ola el recuerdo de tu espalda,
mientras extraño tu cuerpo
respirándome a plena luz del sol,
enterrado en la arena de una soledad
cansada de extrañarte,
cansada de construirte en recuerdos de miel
que me permiten sobrevivirte
en la lejanía de una tierra
que habla de ti hasta en el silencio.
Permanezco sentada,
inmóvil en el café de tus ojos,
en la dulzura de tus labios que siguen
ardiendo en la espuma de mi sangre,
porque corres por mis venas y temo detenerte,
porque fluyes y fluyo en ti,
contigo,
en la espera de un tiempo
que no sabe llegar a nosotros
pero que me amarra a tu cintura,
al jardín de tu despedida.
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