domingo, 22 de enero de 2017
Lluvia
Cae una leve lluvia de verano que guarda sabor a ti,
lluvia que cubre de nostalgia un corazón
que late siguiendo tus pasos,
siguiendo los signos de tu memoria.
Cae la única verdad que conozco desde que sé de tu cuerpo:
no sé andar sin tu rastro, no sé de mí si no es por ti,
porque tus sueños marcaron la ruta de los míos
en senderos eternos que aun no se encuentran
por la tempestad de mi camino
por la calma de tu andar.
viernes, 20 de enero de 2017
Kilometraje.
jueves, 12 de enero de 2017
Hilos rojos.
"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos". Lo escribió Cortázar en Rayuela y, desde mi primer encuentro con esta frase, me ha obsesionado tanto la idea del andar como la idea de su rumbo. Me cuesta creer en el destino, pero tampoco soy de aquellas personas que cree en las coincidencias: esa es una de mis paradojas esenciales. Por mucho tiempo escuché sobre la idea de los hilos rojos del destino, sin embargo, no fue sino hasta ayer que le puse atención y que me he dedicado a buscar diversas historias sobre esta inefable concepción del destino humano. ¿Existe realmente un hilo indestructible que nos une a ciertas personas? Por efectos discursivos siempre tiendo a relacionar este tipo de uniones a ataduras y me aterra pensar que podemos estar atados a alguien sin poder evitar dicha unión. Sin embargo, los últimos días me he encontrado sumergida en una nostalgia crónica, sumergida en una dulzura que viene con la marea de vez en vez y que me pierde en este tipo de reflexiones. Este mismo estado es el que, por ahora, me hace entender este tipo de uniones no como ataduras sino como parte de esa realidad inmanente que no soy capaz ni de poner en palabras ni de encontrarle explicaciones lógicas.
John Lennon probablemente lo dijo de una forma tan clara que es imposible no pensar en él cuando me pierdo en este tipo de pensamientos azarosos: "life is what happens to you while you're busy making other plans". Aquí, los hilos rojos vienen a ser una suerte de alivio, porque sin importar el plan que tengamos o el plan que decidamos seguir, podremos acortar, torcer, tensar e incluso distanciar aquellos hilos, pero éstos no podrían ser jamás destruidos pese a las circunstancias en las que nos encontremos. Es un respiro, una suerte de descanso ya que, sin importar los planes, la vida sigue corriendo a la par con nosotros y nos permite crecer en distintas dimensiones para preparar el alma. ¿Es esto ingenuo? Probablemente, pero por estos días me invade un positivismo extraño que me lleva a pensar que, tarde o temprano, el camino recorrido me llevó justo donde necesitaba estar... y es ahí donde quiero quedarme.
![]() |
| Sillas rojas en los bosques de Palermo, Julio de 2016 |
Reencuentros
A veces mi mente necesita hacer catarsis, sobretodo cuando se trata de cosas que escapan a mi lógica racional. Supongo que es una de las grandes necesidades del ser humano encontrarle una explicación a todo lo que nos rodea para que, de algún modo, nos sintamos en control de nuestras vidas. Esa, es una costumbre que tengo desde que tengo conciencia, el aprender a racionalizar cada aspecto para sentir que soy dueña de mí; sin embargo, suelo encontrarme con pequeñas cosas que no soy capaz de explicar, cosas, por ejemplo, como mi nostalgia crónica por el mar.
Es difícil explicar mi relación con el mar, porque con el mar siempre todo es tan simple y tan abismante que no soy capaz de comprenderlo, mucho menos de ponerlo por escrito. Si bien llevo toda una vida conociéndolo, son los últimos diez años de mi vida que él ha sido protagonista, incluso en la distancia: es que el mar para mí es de esos amores que uno jamás puede olvidar. Nos conocimos por destino, al menos eso creo yo, porque nunca me sentí tan completa como cuando aprendí a estar con él en silencio, escuchando perpleja su sabiduría, mirando atónita su infinitud.
Solía pasar horas sólo contemplándolo y, al irme lejos de él, sentí cómo mi corazón se rompía de la forma más definitiva y a su vez curadora, porque cada vez que puedo volver a encontrarlo me encuentro en gran parte a mí misma. Entonces pienso que, así como nos encontramos el mismo destino nos distanció, pero a veces el destino es bueno conmigo y me permite visitarlo y volver a amarlo con la intensidad de su marea y con el calor del sol que refleja. Hoy fue uno de esos días, hoy lo miré a los ojos, le volví a sonreír y la despedida no fue tan dura, porque uno se acostumbra a despedir y esperar que la ruta vuelva a marcar los pasos que te lleven a ese amor que llevas tatuado, ese amor que se queda en tu raíz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Votos
Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...
-
No es secreto que el año pasado lo sobreviví como pude, a puro instinto. También el año pasado me dio por tejer a modo de terapia de ev...
-
Quisiera estallar un segundo para poder enterrarme en tu torso, hacer un nido y quedarme pegada a ti un segundo más, escuchar los latidos de...
-
"Fue mi corazón el que cambió". Seguía repitiendo la misma frase una y otra vez, hacía ecos en mi cabeza sin parar, sin embargo, s...









