Tus besos hoy saben a despedida, amalgama de ternura y sinsabores por el vacío que queda en mi cuerpo con tu inminente ausencia. Miro tus ojos y encuentro en ellos el cielo atardeciendo, es el ocaso de un refugio con gusto a escape que develó y fue velado entre aquellas cuatro paredes que tanto nos cuidaron del ruido exterior y de las penas del alma. Tu corazón late extenuado mientras el mío se paraliza con cada paso que me aleja de tu abrazo, de tu calma, de tu risa; son los puñales que arraigan en mi vientre y la duda clavada en mi cabeza lo que aún me ata a tu espalda pero apresura la partida ante lo inmarcesible de este nosotros. Así, entre los árboles y la gente, jugamos por un instante a hacer visible lo negado, simulacros de una vida prestada que se fuga con el deseo de prolongar una última vez los pecados cometidos en el secreto de tu voz y en el silencio de tus labios.
sábado, 7 de enero de 2023
jueves, 5 de enero de 2023
Ocaso
El sonido de tus pasos reverbera en mis recuerdos, son las hojas secas o la tierra agotada de tanta espera aquello que resuena en mi pecho y estalla en tu cama, o es el miedo tocando mi puerta como un fantasma gris que me pena en el pequeño vicio que se esconde en humaredas. Las ideas, de pronto, golpean mi cabeza, se suceden unas a otras sin orden ni dirección como el fluir de las aguas en plena tormenta y la resignación de las almas enfrentando la despedida; todo ello como atardeceres con la falsa idea de final cuando se anhela el término de los ciclos, escondiendo el puñal detrás de cada palabra medida, de cada caricia calculada con la distancia y el silencio; o quizás como atardeceres porque no hay dos adioses iguales, o quizás porque de pronto toda la luz se fuga y nos cubren las sombras.
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