sábado, 29 de agosto de 2020

Pensamiento de invierno.

"Fue mi corazón el que cambió". Seguía repitiendo la misma frase una y otra vez, hacía ecos en mi cabeza sin parar, sin embargo, su ritmo era lento, como si todas aquellas palabras entre las cuales navegaba esta idea se hubiesen detenido, suspendidas en el tiempo para ser sorteadas como obstáculos. En efecto, mi corazón había cambiado y no había vuelta atrás, es lo que nos pasa a todos en algún punto, más de una vez en la vida: la terrible consciencia de saber que las culpas asignadas no son tales, que fue sólo la vida pasando, viviendo y pereciendo. Sin embargo, lenta y ligeramente, nuevos créditos aparecen, la niebla que cubría el pensamiento se disipa y surgen las palabras finales: "ya no duele".

martes, 5 de mayo de 2020

Carta a Franco

5 de mayo de 2020

A veces te extraño. Ya no es todos los días, tampoco es específicamente hoy, pero el encierro, el virus, el triste estado de eso que conocemos como humanidad hacen que hoy sí te extrañe. No es por la fecha, quiero que lo sepas, sino porque pienso qué me dirías si de la nada te hablara uno de estos días para saber de ti, para reconectarme como lo he estado haciendo de a poco en este tiempo. Digamos que la crisis me devolvió en parte la vista y comprendí que mis silencios me hacen perder más de lo que imaginaba. Claramente una de esas pérdidas fuiste tú, no porque hayas muerto y no porque este sea otro cumpleaños más sin mandarte el mensaje protocolar; muy por el contrario, creo que nos perdimos antes de que nosotros te perdiéramos. Catorce años atrás me escribiste una carta, la misma que conservo guardada en un libro porque se comenzaba a romper de tanto abrir y cerrar la hoja de papel estos últimos cinco años. En aquella carta deseabas que la vida te volviera a poner a mi camino. ¿Qué significa eso para nosotros ahora? ¿Qué significa para mí? La verdad es que te extraño y ya no sé si puedo decírtelo. Tal vez no es el tiempo porque cuando tú me extrañabas me lo decías, pero a mí siempre me costó más eso de ser auténtica: tenía que ensayarlo, medirlo, planificarlo todo. Debí aprender más de ti cuando nos tuvimos, quizás aprendí y cuando no te tuve a mi lado lo olvidé. Sea como sea, te he pensado por más de un mes, comencé allá en nuestra playa mirando el mar. Estoy lejos, pero sigo mirando por la ventana y pienso que sería lindo poder alcanzarte con un mensaje en una botella, o con un mordisco, o al menos con una visita en sueños.


miércoles, 8 de abril de 2020

Carta a Emilia

1 de abril de 2020

Emilia:


La vida para mí abrió los ojos un día como hoy, hace 10 años. Nunca supe lo que es el amor antes de ti, me era imposible saberlo sin tus ojos de almendra, sin tu cabeza acurrucada en mi pecho, junto a mi corazón, buscando un lugar que se sintiera seguro. Fue tan inmenso todo, tan abismal. No sabía que podía sentir tanta plenitud y tanto miedo al unísono, era como si el universo hubiese colisionado justo en frente mío y todo se cristalizaba en tu cuerpo frágil, en tus 48 centímetros y tus 3,105 kilos. Pensé tantas veces que iba a romperte, jamás me había aterrado tanto la posibilidad de ser torpe. Con el tiempo aprendería que no sólo ibas a herirte, sino que cada herida tuya la sufriría como propia hasta el día de hoy y, en realidad, quién sabe hasta cuándo lo siga haciendo.

Hija, soy una persona llena de fallas, llena de imperfecciones, pero solo tú con tu aliento y amor puedes lograr que entienda que esos errores están bien, de hecho, que absolutamente todo está bien si estamos juntas. Te alegras con mis logros, sufres con mis penas, me acompañas en mis soledades. No hay nada más perfecto que tu amor porque llenas cada hueco, cada vacío, cada falta que existe en mi vida. Eres mi universo. Lucho a diario por no existir solo porque existes, por no darte ese peso y lo he ido logrando paso a paso. Quiero ser mejor siempre para que te sientas orgullosa, quiero dar lo mejor de mí en todo para que veas que no hay imposibles y, pese a que eres siempre mi primera y última razón, también quiero ser imperfecta para que aprendas a amarte a ti misma con todas tus dimensiones y realidades. Quiero que seas libre, feliz, auténtica. Quiero regalarte toda la dignidad y la integridad imaginable, que tu esencia trascienda todos los límites y que brilles con esa luz propia tan tuya, tan inexplicable que inunda todos los espacios que habitas. 

La vida quiso premiarme, aún no sé por qué, pero me dio el milagro más grande de todos con tu llegada. Gracias por elegirme en este universo, gracias por tus caricias, tus bailes, tus locuras, tu compasión y tu empatía. Gracias por ser maravillosa como sólo tú sabes serlo, por tu humor, por tu sonrisa, por tu energía. Gracias por dejarme enseñarte, por tus sarcasmos y tus respuestas inteligentes que me sacan de quicio y que me recuerdan que eres el reflejo de todo lo que hemos vivido a lo largo de estos 10 años. 

Feliz cumpleaños, amor...el amor más grande de todos.


Con toda el alma, 

Mamá


Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...