martes, 27 de diciembre de 2022

Nauscopia

La pequeña muerte que se graba en mi cuerpo 
cada vez que mi espalda te encuentra 
se convierte en la fractura de mis labios y mi razón; 
no sé de mí con todo aquello que sale de mis poros
                                   cuando acampo en tu espacio. 

Nuestros planetas colisionan, 
me sumerjo en el humo de un cigarro 
que sabe a miel y a desdicha, 
contemplo las estrellas infinitas 
de un cielo que no nos pertenece 
y te escribo estas líneas sin sentido 
que cruzan la frontera y trazan el límite. 

Es el deseo mi enemigo y me espera 
al interior de tus ojos, 
o tal vez en la punta de tu lengua; 
aguarda sigiloso para derribar uno a uno 
los pudores que ensombrecen 
la calma de tu abrazo y la ternura de tu beso. 

Deambulo entre las sombras sin pensarte 
pero sintiendo clavadas tus caricias en mi pecho 
con el último resquicio de sanidad que me queda. 

De pronto, tras el ruido sordo, llega el silencio. 
Navego en el abismo de la propia locura 
mientras solo se escucha el sonido del agua a lo lejos. 

Tal vez algún pensamiento se me escapa 
mientras miro a través de una ventana prestada, 
ajena a todo lo que podría ser y ya no fue, 
o quizás es tu sonrisa la que anida en mi pecho 
                                                 y debo dejar salir 
o son las heridas que queman por ser omitidas. 

Pensamientos errantes de un pecado acallado, 
sensaciones furtivas que guardo en el secreto 
de tu voz que se burla de la mía cada vez que 
la gravedad le gana a mi cuerpo y caigo en tu cuello
desnudo de prejuicios, libre de culpas.

La pequeña muerte sigue hablándole a mi cuerpo
mientras adivino otros que vienen a mi encuentro,
la nauscopia fracasa mientras renuncio a esta brisa
y permanece la fractura en la tempestad de mi razón;
tal vez no soy yo, tal vez yo soy otra,
una mujer rota que busca compasión
o quizás un espectro,
              una sombra,
              otro error.

jueves, 22 de diciembre de 2022

Nefelibata


Hoy desperté con tu esencia en mis labios,
                   y con tu aroma en mi pelo.
Soñé que nos perdíamos en un bosque
de árboles inmensos que apenas permitían 
vislumbrar pequeños trozos azules de cielo.

Tomaste mi mano, sentí el calor de tus dedos
trenzándose lentamente con los míos,
un temblor recorrió mi espalda:
eras tú entrando en mis huesos,
            colándote en mi piel.

Soñé que deambulamos perdidos en el otro,
vagamos entre las hojas caídas por el viento
y el olor de la tierra humedecida de tanto llanto;
eran mis piernas la fuente que recibían tu ímpetu
y las tuyas las que guiaban el vaivén de mi peligro.

Avanzamos inmersos en nuestra levedad
hasta aquella cascada que habita en mi fantasía,
sus aguas frescas nos invitaban a ahogarnos 
entre alaridos desgarrados de dolor y plenitud
mientras dejábamos atrás tanta miseria, tanta niebla.

Me hundí en el cuerpo de aquella poza y extravié el tuyo,
a lo lejos podía oír tu voz profunda llamando mi nombre.
Perdida de mí pude encontrarme en el fondo oscuro,
en lo inefable de tu silueta desdibujada ante mis ojos
y que solo se perfila en la memoria de mi cuerpo.

Nadé con fuerzas buscando abrirme el paso,
                                              quizás un escape o un descanso.
Te encontré en la salida cuando mis ojos se abrieron
de vuelta a la vida y al hogar de mi cielo en arrebol;
era el fuego de ese cielo el que avivaba una fogata,
llamas del Paraíso caído que me espera a tus pies.

Soñé con estrellas que brillaban furiosas 
en un desierto infinito que nos cobijaba en el secreto,
soñé con tu hombro cargado de cicatrices 
y el peso de todas mis ideas descansando en él. 

En un momento la vida pasó frente a mis ojos,
decidí cerrarlos para perderme un segundo más en mi sueño 
                                                              y en tu bosque 
                                                              y tu cascada 
                                                              y mi desierto,
porque hoy desperté con tu nombre en mis labios
y tu sabor en mis recuerdos.


lunes, 24 de octubre de 2022

Extrañar


Hay noches como esta en las que siento que nací para extrañar. Es como si fuera aquella constante que me descifra entre tantas formulas y volutas de humo, como si mi credo fuera la nostalgia y las variantes fuesen aquellos nombres que cambian el destinatario pero nunca el puerto. Nací enamorada, dañada, introspectiva; nací como fruto del silencio que rompe cualquier calma, porque dentro de mí hay un océano frío y oscuro que se mece de vez en cuando con tu aliento y tu susurro. La marea sube, de pronto tu olor se cuela entre mis dedos y me sumerjo en espirales de ti mientras me hundo en ensoñaciones que se vuelven reales en cada roce, en cada beso furtivo que quiere ser más pero no cruza la línea. La marea sube y yo permanezco inmóvil para sentir la brisa,  extraviada de mí misma, perdida en el puerto en el que espero aquello que aún extraño. Quizás es tu ausencia o el abismo que queda entre el todo y la nada de saberte negado y sentirte en mi pecho; talvez es la falta de ti la que me recuerda que nací para extrañar.

Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...