Ven, navega en mi locura, quédate enredado en mí por noches enteras, eternas, cuando el reloj se funde en tus sábanas y mi aliento cuelga de tus labios. Ven, que quiero sonreír mientras cometo el mismo error en tu espalda, quedarme un segundo más en tu almohada, atraparte entre mis piernas y mis sueños que se tiñen con tu tiempo para así quedarme contigo sin el miedo, sin la huida. Aprendí a vivir extrañándote incluso antes de conocerte, sintiéndote ahí, entre árboles que arropan nuestras soledades y aquellas luces que se fragmentan con tu mirada, bajo la sombra de tu cuerpo sobre el mío, ausente de tanto callar lo que digo con mis brazos. Ven, que quiero que leas cada marca de mi pecho, cada cicatriz que cargo en el alma y en la piel, porque aprendí a vivir sin sueños de miel aún cuando estos me encontraron en el puerto de tu cama, en la calma de tus ojos idos buscando mi boca mientras me escondía del ruido entre cuerpos y polvos. Ven, porque quiero vivirte mientras me siembro en tu memoria; porque, aunque trate de evitarlo, sigues apareciendo en mis páginas, iluminando todo como brisa de primavera en medio de tanto invierno asentado en mis huesos. Porque aprendí a correr en dirección opuesta, mas esta noche no quiero irme sin saber lo que el corazón oculta, lo que tus dedos grabaron, lo que viene después.
domingo, 29 de octubre de 2017
domingo, 22 de octubre de 2017
Magia y enigma.
Es extraño el sabor que me dejas cada noche al dormir; permanece conmigo tu calidez, la ternura de tu voz, la pasión de tus palabras que atraviesan mi vientre y resuenan en mis sueños con una intensidad etérea. Te siento jugar en mis labios; un poco de dulce y otro tanto de agraz, mezcla perfecta de sabores en mi almohada y en mi pecho que se abriga con cualquiera de tus desvelos, con la inocencia de tu mente y la devoción de tu cuerpo cansado de la incerteza. Eres magia y enigma, abrazo fortuito entre tantas miserias, el miedo enterrado en mi carne cuando la realidad cae como la noche y me cubre con el espanto de los límites... y aún así te pruebo un poco más, adicta a tu abismo, al vértigo de tu compañía y a tu mano sosteniendo la mía. Me estoy quedando en ti, contigo; aquí bajo el alumbrado en una imagen que quiero, por un instante, conservar en la memoria y atrapar entre mis dedos que se vuelven tornasol con solo nombrarte.
martes, 17 de octubre de 2017
Paisajes nocturnos.
Siento cómo la calma de la noche empieza a sumergirme en una extraña quietud, como si mi alma estuviera en reposo constante, en un compás de espera que se tiñe con tu nombre, con tu risa, con tus miedos. Te espero en la esquina mientras te busco de reojo entre las sombras de un deseo que crece y que no puedo detener, porque se asienta en mis piernas, en mi pecho, en mis ojos cada noche que duermo con el sabor de tus labios y con el ritmo de tu voz. Tu mirada me desnuda sin saberlo, tus ojos pequeños iluminan la oscuridad de una banca que espera por nosotros; caminamos perdidos, sin hora y sin plan por las veredas de una ciudad nueva, una ciudad que se abre para nosotros entre carreteras y canciones sin sentido que se acumulan en en una nueva armonía. Entraste lento en mi locura, de a poco te has metido en mi piel y vas dejando huella, porque aún no existen caricias ajenas que puedan sacarte de mi pensamiento o competirle al calor de tus brazos. Retomamos el rumbo y siento cómo la calma de la noche empieza a sumergirme en tu esencia; los árboles de aquella plaza cobijan anécdotas de lágrimas, de carne, de soledades que han sabido sobrevivir los años entre tantas desgracias y tanto humo; nuestras siluetas se alargan cobrando vida en la penumbra y yo naufrago entre aquellas palabras que pintas en el aire mientras me dejo ir en tus desvelos, en tu tormenta, en tu intensidad.
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No es secreto que el año pasado lo sobreviví como pude, a puro instinto. También el año pasado me dio por tejer a modo de terapia de ev...
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