viernes, 8 de enero de 2016
Navegarte
Navego en la tempestad de tu mirada,
en el rostro de un alma perdida entre las sábanas y el sudor
que aun marca su paso en cada esquina de mi cuerpo.
Navego y naufrago: me pierdo en tus ojos y ya no sé de mí
si no es por tu recuerdo vivo que me eriza la piel,
que marea mis sentidos y anida entre mis piernas
susurrándome al oído palabras oxidadas, anaranjadas
de tanto exponerlas al sol de tu sublime caudal.
Me siento a respirar, a esperar por tu regreso
cual pueblo aun espera un mesías inventado,
cual ser que recurre a la ficción buscando no perder la fe
entre las olas de la decrepitud y tu marea que recorre mi superficie.
Aquí te esperamos con la soledad y la furia del olvido,
con el tiempo que juega a voluntad propia
pervirtiendo el deseo encadenado que me ata a tu dominio,
que me encierra en tus aguas, en tu roce, en tus besos sellados
que guardan el secreto de las nubes que nacen de ti.
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