lunes, 28 de marzo de 2016

En lo profundo



Te entierras en mi mente contra mi voluntad,
te encierras y no das respuesta alguna a mi insistencia
nacida en el tacto de tus labios, de tus manos, de tu lengua,
aumentadas por el roce de tu cuerpo en lo profundo de mi vientre.

Te clavas en mi mente y dueles de placer
entre recuerdos acallados por una discreción malentendida
y por los errores que contigo cometí por culpa del miedo,
del pavor de dejarme llevar por lo desconocido de tu ímpetu,
                                                                            de tu locura pasajera,
mientras desaprendía en cada encuentro todo lo construido,
                                                                 la confianza de catálogo
                                                                 el misterio de probeta.

Te hundes en mi cuerpo, en mis sueños, en mis rincones,
porque bastaron cuatro besos para cortarme la libertad,
porque sobraron los días del calendario en que mi cuerpo te extrañaba
mientras yo insistía en ignorar el instinto de mi carne
que se detenía solo para leer los llamados que ya no volverán
porque la piel no es de acero y el tiempo avanza a paso firme:
te clavas en mi pecho,
                                    pero yo no te espero.




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