Tus besos hoy saben a despedida, amalgama de ternura y sinsabores por el vacío que queda en mi cuerpo con tu inminente ausencia. Miro tus ojos y encuentro en ellos el cielo atardeciendo, es el ocaso de un refugio con gusto a escape que develó y fue velado entre aquellas cuatro paredes que tanto nos cuidaron del ruido exterior y de las penas del alma. Tu corazón late extenuado mientras el mío se paraliza con cada paso que me aleja de tu abrazo, de tu calma, de tu risa; son los puñales que arraigan en mi vientre y la duda clavada en mi cabeza lo que aún me ata a tu espalda pero apresura la partida ante lo inmarcesible de este nosotros. Así, entre los árboles y la gente, jugamos por un instante a hacer visible lo negado, simulacros de una vida prestada que se fuga con el deseo de prolongar una última vez los pecados cometidos en el secreto de tu voz y en el silencio de tus labios.
sábado, 7 de enero de 2023
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