lunes, 6 de marzo de 2017

La espera.



Permanezco sentada,
inmóvil por el miedo de tu distancia,
mientras contemplo la inmensidad del mar
golpeando con cada ola el recuerdo de tu espalda,
mientras extraño tu cuerpo
respirándome a plena luz del sol,
enterrado en la arena de una soledad
cansada de extrañarte,
cansada de construirte en recuerdos de miel
que me permiten sobrevivirte
en la lejanía de una tierra
que habla de ti hasta en el silencio.

Permanezco sentada,
inmóvil en el café de tus ojos,
en la dulzura de tus labios que siguen
ardiendo en la espuma de mi sangre,
porque corres por mis venas y temo detenerte,
porque fluyes y fluyo en ti,
                                            contigo,
en la espera de un tiempo
que no sabe llegar a nosotros
pero que me amarra a tu cintura,
                                 al jardín de tu despedida.



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