Esta mañana desperté con el sabor de tus palabras, ese gusto a ti que viene con las ganas de hacer las cosas bien y quedarme a tu lado, de esperarte todas las tardes en la esquina de siempre y armar un nido en tu pecho para que tengas un poco de mí en cada sueño que te lleve lejos. Se me agotan lentamente las horas mientras busco desesperada algo para darte, algo para decirte, algo que calme estas ansias que me llevan a alejarte, a huir de la calidez de tu ternura que cae como lluvia para apagar tanta furia y tanto desastre después de todas mis derrotas pasadas. Fantasmas dejaron mis labios amargos con la hiel que esparcieron y tú los limpias con cada beso, con cada caricia que me entregas; llegaste para arrancar las máscaras, los velos que caen en mi alma y no dejan ver más que espejismos de barbarie y libertad, ideas difusas de revoluciones pasadas y caídas futuras; te lo llevas todo con un abrazo, arrazaste con mis muros y me dejas en la intemperie de un sentimiento que crece cada vez que escucho tu voz dulce, profunda en tono y pasión. Te miro una última vez, tus ojos ven lo que los míos anhelan y los míos se limitan a cerrarse para soñarte nuevamente entre mis rincones y la luna que nos aguarda, que quiere dejarte mi piel para que puedas vivirme como quieras mientras yo me despido una última vez porque, por este día, ya no puedo quedarme, no puedo seguir resistiendo tu calor.
sábado, 4 de agosto de 2018
Despedidas
Esta mañana desperté con el sabor de tus palabras, ese gusto a ti que viene con las ganas de hacer las cosas bien y quedarme a tu lado, de esperarte todas las tardes en la esquina de siempre y armar un nido en tu pecho para que tengas un poco de mí en cada sueño que te lleve lejos. Se me agotan lentamente las horas mientras busco desesperada algo para darte, algo para decirte, algo que calme estas ansias que me llevan a alejarte, a huir de la calidez de tu ternura que cae como lluvia para apagar tanta furia y tanto desastre después de todas mis derrotas pasadas. Fantasmas dejaron mis labios amargos con la hiel que esparcieron y tú los limpias con cada beso, con cada caricia que me entregas; llegaste para arrancar las máscaras, los velos que caen en mi alma y no dejan ver más que espejismos de barbarie y libertad, ideas difusas de revoluciones pasadas y caídas futuras; te lo llevas todo con un abrazo, arrazaste con mis muros y me dejas en la intemperie de un sentimiento que crece cada vez que escucho tu voz dulce, profunda en tono y pasión. Te miro una última vez, tus ojos ven lo que los míos anhelan y los míos se limitan a cerrarse para soñarte nuevamente entre mis rincones y la luna que nos aguarda, que quiere dejarte mi piel para que puedas vivirme como quieras mientras yo me despido una última vez porque, por este día, ya no puedo quedarme, no puedo seguir resistiendo tu calor.
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