Hay noches como esta en las que siento que nací para extrañar. Es como si fuera aquella constante que me descifra entre tantas formulas y volutas de humo, como si mi credo fuera la nostalgia y las variantes fuesen aquellos nombres que cambian el destinatario pero nunca el puerto. Nací enamorada, dañada, introspectiva; nací como fruto del silencio que rompe cualquier calma, porque dentro de mí hay un océano frío y oscuro que se mece de vez en cuando con tu aliento y tu susurro. La marea sube, de pronto tu olor se cuela entre mis dedos y me sumerjo en espirales de ti mientras me hundo en ensoñaciones que se vuelven reales en cada roce, en cada beso furtivo que quiere ser más pero no cruza la línea. La marea sube y yo permanezco inmóvil para sentir la brisa, extraviada de mí misma, perdida en el puerto en el que espero aquello que aún extraño. Quizás es tu ausencia o el abismo que queda entre el todo y la nada de saberte negado y sentirte en mi pecho; talvez es la falta de ti la que me recuerda que nací para extrañar.
lunes, 24 de octubre de 2022
sábado, 29 de agosto de 2020
Pensamiento de invierno.
"Fue mi corazón el que cambió". Seguía repitiendo la misma frase una y otra vez, hacía ecos en mi cabeza sin parar, sin embargo, su ritmo era lento, como si todas aquellas palabras entre las cuales navegaba esta idea se hubiesen detenido, suspendidas en el tiempo para ser sorteadas como obstáculos. En efecto, mi corazón había cambiado y no había vuelta atrás, es lo que nos pasa a todos en algún punto, más de una vez en la vida: la terrible consciencia de saber que las culpas asignadas no son tales, que fue sólo la vida pasando, viviendo y pereciendo. Sin embargo, lenta y ligeramente, nuevos créditos aparecen, la niebla que cubría el pensamiento se disipa y surgen las palabras finales: "ya no duele".
martes, 5 de mayo de 2020
Carta a Franco
miércoles, 8 de abril de 2020
Carta a Emilia
martes, 20 de noviembre de 2018
Algo dulce
viernes, 28 de septiembre de 2018
Pequeñas escenas cotidianas.
jueves, 13 de septiembre de 2018
Respirarte, pensarte, escribirte.
viernes, 10 de agosto de 2018
Volver a decir adiós
sábado, 4 de agosto de 2018
Despedidas
Esta mañana desperté con el sabor de tus palabras, ese gusto a ti que viene con las ganas de hacer las cosas bien y quedarme a tu lado, de esperarte todas las tardes en la esquina de siempre y armar un nido en tu pecho para que tengas un poco de mí en cada sueño que te lleve lejos. Se me agotan lentamente las horas mientras busco desesperada algo para darte, algo para decirte, algo que calme estas ansias que me llevan a alejarte, a huir de la calidez de tu ternura que cae como lluvia para apagar tanta furia y tanto desastre después de todas mis derrotas pasadas. Fantasmas dejaron mis labios amargos con la hiel que esparcieron y tú los limpias con cada beso, con cada caricia que me entregas; llegaste para arrancar las máscaras, los velos que caen en mi alma y no dejan ver más que espejismos de barbarie y libertad, ideas difusas de revoluciones pasadas y caídas futuras; te lo llevas todo con un abrazo, arrazaste con mis muros y me dejas en la intemperie de un sentimiento que crece cada vez que escucho tu voz dulce, profunda en tono y pasión. Te miro una última vez, tus ojos ven lo que los míos anhelan y los míos se limitan a cerrarse para soñarte nuevamente entre mis rincones y la luna que nos aguarda, que quiere dejarte mi piel para que puedas vivirme como quieras mientras yo me despido una última vez porque, por este día, ya no puedo quedarme, no puedo seguir resistiendo tu calor.
lunes, 30 de julio de 2018
Noche de invierno
Un frío desconocido recorre mi espalda cada vez que sale el sol y yo invoco tu nombre, es como si los colores del cielo se fugaran con tu recuerdo dulce perdido en mi sillón, como si no existieras más que en mi memoria errática y en las sombras de un beso a medias que se esconde tras mis intenciones de quererte. Todo cambia cuando llegas a mis pensamientos, las nubes me cubren y sólo se esfuman cuando vuelvo a sentir tu pecho latiendo, cuando dejas caer tus ojos sobre mi indecisión, la misma que me come y me llena de temores al sentirte tan dentro mío, tan profundo, que quemas justo en el centro de mis miedos. Siento el hielo calando en mis huesos, adentrándose en mi alma mientras busco formas de exiliarte de mi mente, de mi corazón que sólo sabe de fantasmas y fracasos, de cuerpos que se pierden en la niebla por las huellas que han dejado aquí; siento el peso de tus besos expulsando a aquellos labios que dejé cruzar pero jamás quedarse, porque los míos sabían que algún día llegarían otros que no querrían dejar partir pero nunca anticiparon que vendrían con tu luz, con tu calor, con tu ternura. Así, acepto la distancia y me condeno al olvido, me resigno a haberte vivido y no ser capaz de enfrentar tu mirada sosteniendo la mía, abrazando mis penas, conteniendo mi aliento que se torna cada vez más débil sin tu mano recibiendo la mía, sin mis sueños escapando con tu voz.
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Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...
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No es secreto que el año pasado lo sobreviví como pude, a puro instinto. También el año pasado me dio por tejer a modo de terapia de ev...
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Quisiera estallar un segundo para poder enterrarme en tu torso, hacer un nido y quedarme pegada a ti un segundo más, escuchar los latidos de...
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"Fue mi corazón el que cambió". Seguía repitiendo la misma frase una y otra vez, hacía ecos en mi cabeza sin parar, sin embargo, s...