domingo, 10 de abril de 2016
Herida
Esta noche tengo el alma herida
no por tu capricho sino por mi voluntad.
Ha caído la sensatez y pierdo el control
sobre mis labios,
sobre mi boca;
pierdo el control de las palabras y de la mente
que me llevan a laberintos oscuros
donde la única salida es un perdón que no existe.
Tengo el alma herida por el temor que me causa
tanto tu presencia como tu ausencia;
miedo de mí y de lo que haces de mí en la oscuridad,
pánico al pensar cómo sería a la luz del día.
Sigo perdida entre tus sobras, tus formas desdibujadas,
tu lucidez y tu tacto desenfrenado
(arrebato de mi cordura);
me pierdo en la no respuesta de una honestidad acomplejada,
de las verdades que callo por prudencia,
de las alas rotas con recelo a volar.
Esta noche tengo el alma herida
no por tu capricho sino por mi voluntad:
herida por la sinrazón de mi adicción a tu cuerpo,
herida por la calidez de tu espalda y de tu alma la frialdad.
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