es la rebeldía de un corazón cansado de esgrimir su espada
frente a castillos infranqueables y nubes imaginarias;
es el síntoma de un alma hastiada de esperar la llegada
de nuevos brazos que protejan su candidez del arribo
de eclipses eternos y eternos vendavales.
de nuevos brazos que protejan su candidez del arribo
de eclipses eternos y eternos vendavales.
Florecer es el deber frente al escarnio de tu ausencia,
frente al deseo pervertido por la emoción
de no saber si buscarte o dejarme partir,
de no creer que existan razones para odiarte más que el temor
que generan tus caricias escondidas en mi viente.
que generan tus caricias escondidas en mi viente.
Florecer es un invento de los otros para entender
el por qué seguimos de pie después de la tormenta,
el mito creado para sostener una esperanza caduca,
encerrada,
prohibida
por el recelo de tus formas y la intensidad de tu cuerpo;
porque no quedan más razones que tejer en la espera
ni excusas que frenen la tempestad de tu locura.
Florecer es sólo la imagen recurrente de los heridos crónicos,
un acto de patriotismo frente al amor y el desencanto;
porque florecer es el ingrediente imaginario de toda desdicha
y yo renazco como las olas en intensidad e inconsistencia:
mientras las flores se marchitan,
el mar me espera.
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