Te siento, te leo y te respiro; te cargo en mi piel y aún así, no puedo encontrar las palabras correctas, aquellas que griten tu nombre sin tener que llamarte, las que puedan hundirse en tu dulzura y me lleven por senderos paralelos que no sepan de despedidas. Te busco desde esta vereda, aquella que me recuerda una noche inconclusa en la que conocí tu verbo, cuando pude probar la suavidad de tus labios sobre mi cuello y tu alma entrar en la mía... te quedaste aquí, arraigado en un deseo que no sabe de prudencia mientras mi mente me encierra en silencios insostenibles, llenos de la rabia de pensarte en el corazón de otra, lleno de dudas y nubes que se cubren con una sonrisa falsa, porque mi cuerpo sólo grita amor por ti pero mis pies marchan en direccion opuesta por miedo a no encontrarte al final de esta ruta. Quiero soplar en tu oído, anidar en tus piernas, quedarme contigo un segundo más para fundirme en tu abrazo, para colarme en las sombras y unirme a tu espalda; gritar tu nombre al viento para que lleve a ti este sentir que no ha probado nuevas recetas desde que supe del sabor de tus ojos vaciando los míos. Llámame y quiébrame entera, rómpeme en cuerpo y espíritu, que si no es contigo no hay quien pueda llenarme; completa el acto y cierra la escena, navega en mi locura y piérdete en este amalgama de opuestos que es mi deseo, porque eres tú y tu palabra la que busco en entre el humo, porque eres tú a quien extraño esta noche en la oscuridad.
domingo, 12 de noviembre de 2017
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