domingo, 20 de mayo de 2018

Ambivalencias



Te quiero en el equilibrio y en el desbalance, porque el amor no nace en el estómago sino entre las piernas, en el deseo que surge entre miradas y palabras, entre roces que se mezclan con lo humano y lo divino. Te quiero en el bien, en la cítrica luz que atraviesa tu ventana y en el sabor de las mañanas entre tus sábanas; te quiero así, en lo simple, en lo cotidiano, pero te amo aún más en el mal, en la oscuridad de aquel cuarto y en la tenue luz de nuestros rincones; te quiero en las sombras porque ahí nacimos a la vida, entre el error y la locura de desearte en lo imposible, en lo inefable de tus besos bajando por mi cuello aquella lejana tarde de lluvia. Así, cuando el cielo se cubre de negro y llega a mi mente tu imagen, te sueño con el pecho apretado de tanta angustia al recibirte en la duda y la cobardía de no saber cómo gritar este sentir que duerme conmigo, de no saber cómo ahogar este anhelo ambivalente que carga tu nombre.


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