domingo, 7 de mayo de 2017

Ciudades.



Quiero creer que la ciudad despierta contigo cada mañana,
                     que se acuesta conmigo cada anochecer,
creer que la noche me aguarda en cada esquina de tu piel
mientras espero que llegue el tiempo de la valentía
para poder escupir las verdades que llevo atoradas
en la garganta,
                        en las piernas,
                                                 en mis dedos
que te quisieron seriamente y hoy no saben de nosotros.


Quiero creer que la ciudad despierta contigo
en la distancia de un abrazo que se niega a dejarte partir,
mientras mi boca se niega a aceptar su egoísmo:
quiero creer que te quiero libre como el mar y la brisa
que me cubren en la profundidad de tu carne,
que me basta con el palpitar de tu pecho volátil
                             en tardes de otoño con gusto a verano,
                             en noches febriles con aires de algo más.


Quiero creer que la ciudad despierta contigo cada mañana
y te lleva lejos con su viento al anochecer;
que no existe un lenguaje ni un nombre que te toque
en la inmensidad de un caudal que no sabe de fronteras,
en la infinitud del silencio que ahoga mis gritos
y el dolor de no poder llamarte mío en cada encuentro furtivo,
en cada sábana herida por el descaro de una pasión
que no conoce límites ni creencias,
que no sabe compartirte entre supuestos y quimeras.


Quiero creer que la ciudad despierta a tu lado
y que permanezco ahí,
                                    contigo,
en el dominio de las bajas pasiones que dominan
este impulso de callar mis anhelos que sólo hablan de ti.



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