martes, 2 de mayo de 2017
Para no extrañarte...
Para no extrañarte te cargo en el cuello,
te llevo en la piel y en cada célula de mi carne;
porque me llenas y vacías con la voluntad del océano,
como la luz del sol que tiñe grises edificios cada amanecer
para luego revelar un cenizo hormigón.
Te llevo en los oídos con un grito silenciado
y con tus labios mordidos por la voracidad
de nuestros desencuentros,
por las idas y partidas de infinitos terminales
que aguardan infinitas despedidas
en infinitos rincones de una ausencia fantasmal,
de nuestro espacio vital,
de nuestro roce profundo,
agrietado por mi terquedad y alimentado por tu calidez;
porque te llevo en el dolor de mis brazos
cansados de asirse en la distancia y en la cercanía,
resignados a trepar por otros cuerpos más reales,
más constantes,
más presentes
en la intensidad de momentos de colección
que no logran convertirse en memorias.
Para no extrañarte te grabo en mi espalda,
en mi seno,
en el recuerdo de tu rostro embriagado por exhalaciones
que hoy solo reverberan en un cuarto vacío;
para no olvidarte te cargo en mi cuello, te quemo en mi piel.
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