miércoles, 17 de diciembre de 2025

Votos

Jaime:

Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explicar lo que estamos viviendo aqui. Nuestra ruta ha estado marcada desde el inicio por la sorpresa, lo fortuito, el asombro. Veinticuatro estaciones marcan un recorrido que espero las siga multiplicado. Tu mano me ha guiado en los momentos más difíciles, tu pecho abrió el hogar que necesitaba y que buscaba sin saberlo, tu amor ha sido el maestro que me ha permitido crecer en la oscuridad y lograr ver la luz cuando el ocaso no me permitía ver más allá. Amarte es la única promesa que puedo ofrecerte, amarte como tú lo has hecho, con ternura, con paciencia, con entrega y con disciplina. Tu amor es el mejor bálsamo porque es alegre, cómplice y compañero. Prometo seguirte de la misma forma en la que tú me has seguido y esperado, entregarme a tu abrazo y tener siempre en mi centro guardado como un tesoro todo aquello que me das día a día. Prometo permanecer a tu lado estoica cada vez que necesites mi fuerza, no soltarte en los momentos de dificultad y reír tal como lo hemos hecho hasta ahora, hasta que no nos quede voz y hasta que el sol se ponga para ambos. Te elijo hoy para elegirte cada uno de los días que nos quedan, porque no importa cuál sea el camino si es que es contigo, a mi lado, en mi pecho tatuado como mi ancla, mi viento y mi mar.

jueves, 9 de febrero de 2023

Desenlace



Quisiera estallar un segundo para poder enterrarme en tu torso, hacer un nido y quedarme pegada a ti un segundo más, escuchar los latidos de tu corazón, tu respiración tratando de volver a la calma, pasear mis dedos por tu cabeza y que tú hagas lo mismo con la mía, retorcer el cuello para decirte de algún modo que en ese momento eres mi hogar, el fuego que me resguarda del hielo que crece en mi alma. Quiero perderme en tu abrazo, aquél que me hace sentir frágil y pequeña, que me obliga a soñar o estirar las manos al cielo para colgar de tu cuello, porque no supe realmente de vértigo hasta el momento en que empecé a extrañarte, a enumerar tus formas de mirar y de dejar de hacerlo. Quisiera navegarte y naufragar sólo por una noche, abandonar las pesadillas que me acorralan a diario y encontrar un respiro contigo en mi espalda, cuidando mi sueño con la misma ternura con la que me acercaste aquella noche a tu cuerpo. Quiero quererte sin la piel y sin excusas, quererte en el pecho y en la mente, en mis labios que por hoy se estremecen con tan solo nombrarte; quererte así, en un beso que hoy guardo para no pensarte tanto, para evitar estas ganas de no dejarte ir.




sábado, 7 de enero de 2023

Inmarcesible



Tus besos hoy saben a despedida, amalgama de ternura y sinsabores por el vacío que queda en mi cuerpo con tu inminente ausencia. Miro tus ojos y encuentro en ellos el cielo atardeciendo, es el ocaso de un refugio con gusto a escape que develó y fue velado entre aquellas cuatro paredes que tanto nos cuidaron del ruido exterior y de las penas del alma. Tu corazón late extenuado mientras el mío se paraliza con cada paso que me aleja de tu abrazo, de tu calma, de tu risa; son los puñales que arraigan en mi vientre y la duda clavada en mi cabeza lo que aún me ata a tu espalda pero apresura la partida ante lo inmarcesible de este nosotros. Así, entre los árboles y la gente, jugamos por un instante a hacer visible lo negado, simulacros de una vida prestada que se fuga con el deseo de prolongar una última vez los pecados cometidos en el secreto de tu voz y en el silencio de tus labios.





jueves, 5 de enero de 2023

Ocaso



El sonido de tus pasos reverbera en mis recuerdos, son las hojas secas o la tierra agotada de tanta espera aquello que resuena en mi pecho y estalla en tu cama, o es el miedo tocando mi puerta como un fantasma gris que me pena en el pequeño vicio que se esconde en humaredas. Las ideas, de pronto, golpean mi cabeza, se suceden unas a otras sin orden ni dirección como el fluir de las aguas en plena tormenta y la resignación de las almas enfrentando la despedida; todo ello como atardeceres con la falsa idea de final cuando se anhela el término de los ciclos, escondiendo el puñal detrás de cada palabra medida, de cada caricia calculada con la distancia y el silencio; o quizás como atardeceres porque no hay dos adioses iguales, o quizás porque de pronto toda la luz se fuga y nos cubren las sombras.


martes, 27 de diciembre de 2022

Nauscopia

La pequeña muerte que se graba en mi cuerpo 
cada vez que mi espalda te encuentra 
se convierte en la fractura de mis labios y mi razón; 
no sé de mí con todo aquello que sale de mis poros
                                   cuando acampo en tu espacio. 

Nuestros planetas colisionan, 
me sumerjo en el humo de un cigarro 
que sabe a miel y a desdicha, 
contemplo las estrellas infinitas 
de un cielo que no nos pertenece 
y te escribo estas líneas sin sentido 
que cruzan la frontera y trazan el límite. 

Es el deseo mi enemigo y me espera 
al interior de tus ojos, 
o tal vez en la punta de tu lengua; 
aguarda sigiloso para derribar uno a uno 
los pudores que ensombrecen 
la calma de tu abrazo y la ternura de tu beso. 

Deambulo entre las sombras sin pensarte 
pero sintiendo clavadas tus caricias en mi pecho 
con el último resquicio de sanidad que me queda. 

De pronto, tras el ruido sordo, llega el silencio. 
Navego en el abismo de la propia locura 
mientras solo se escucha el sonido del agua a lo lejos. 

Tal vez algún pensamiento se me escapa 
mientras miro a través de una ventana prestada, 
ajena a todo lo que podría ser y ya no fue, 
o quizás es tu sonrisa la que anida en mi pecho 
                                                 y debo dejar salir 
o son las heridas que queman por ser omitidas. 

Pensamientos errantes de un pecado acallado, 
sensaciones furtivas que guardo en el secreto 
de tu voz que se burla de la mía cada vez que 
la gravedad le gana a mi cuerpo y caigo en tu cuello
desnudo de prejuicios, libre de culpas.

La pequeña muerte sigue hablándole a mi cuerpo
mientras adivino otros que vienen a mi encuentro,
la nauscopia fracasa mientras renuncio a esta brisa
y permanece la fractura en la tempestad de mi razón;
tal vez no soy yo, tal vez yo soy otra,
una mujer rota que busca compasión
o quizás un espectro,
              una sombra,
              otro error.

jueves, 22 de diciembre de 2022

Nefelibata


Hoy desperté con tu esencia en mis labios,
                   y con tu aroma en mi pelo.
Soñé que nos perdíamos en un bosque
de árboles inmensos que apenas permitían 
vislumbrar pequeños trozos azules de cielo.

Tomaste mi mano, sentí el calor de tus dedos
trenzándose lentamente con los míos,
un temblor recorrió mi espalda:
eras tú entrando en mis huesos,
            colándote en mi piel.

Soñé que deambulamos perdidos en el otro,
vagamos entre las hojas caídas por el viento
y el olor de la tierra humedecida de tanto llanto;
eran mis piernas la fuente que recibían tu ímpetu
y las tuyas las que guiaban el vaivén de mi peligro.

Avanzamos inmersos en nuestra levedad
hasta aquella cascada que habita en mi fantasía,
sus aguas frescas nos invitaban a ahogarnos 
entre alaridos desgarrados de dolor y plenitud
mientras dejábamos atrás tanta miseria, tanta niebla.

Me hundí en el cuerpo de aquella poza y extravié el tuyo,
a lo lejos podía oír tu voz profunda llamando mi nombre.
Perdida de mí pude encontrarme en el fondo oscuro,
en lo inefable de tu silueta desdibujada ante mis ojos
y que solo se perfila en la memoria de mi cuerpo.

Nadé con fuerzas buscando abrirme el paso,
                                              quizás un escape o un descanso.
Te encontré en la salida cuando mis ojos se abrieron
de vuelta a la vida y al hogar de mi cielo en arrebol;
era el fuego de ese cielo el que avivaba una fogata,
llamas del Paraíso caído que me espera a tus pies.

Soñé con estrellas que brillaban furiosas 
en un desierto infinito que nos cobijaba en el secreto,
soñé con tu hombro cargado de cicatrices 
y el peso de todas mis ideas descansando en él. 

En un momento la vida pasó frente a mis ojos,
decidí cerrarlos para perderme un segundo más en mi sueño 
                                                              y en tu bosque 
                                                              y tu cascada 
                                                              y mi desierto,
porque hoy desperté con tu nombre en mis labios
y tu sabor en mis recuerdos.


lunes, 24 de octubre de 2022

Extrañar


Hay noches como esta en las que siento que nací para extrañar. Es como si fuera aquella constante que me descifra entre tantas formulas y volutas de humo, como si mi credo fuera la nostalgia y las variantes fuesen aquellos nombres que cambian el destinatario pero nunca el puerto. Nací enamorada, dañada, introspectiva; nací como fruto del silencio que rompe cualquier calma, porque dentro de mí hay un océano frío y oscuro que se mece de vez en cuando con tu aliento y tu susurro. La marea sube, de pronto tu olor se cuela entre mis dedos y me sumerjo en espirales de ti mientras me hundo en ensoñaciones que se vuelven reales en cada roce, en cada beso furtivo que quiere ser más pero no cruza la línea. La marea sube y yo permanezco inmóvil para sentir la brisa,  extraviada de mí misma, perdida en el puerto en el que espero aquello que aún extraño. Quizás es tu ausencia o el abismo que queda entre el todo y la nada de saberte negado y sentirte en mi pecho; talvez es la falta de ti la que me recuerda que nací para extrañar.

sábado, 29 de agosto de 2020

Pensamiento de invierno.

"Fue mi corazón el que cambió". Seguía repitiendo la misma frase una y otra vez, hacía ecos en mi cabeza sin parar, sin embargo, su ritmo era lento, como si todas aquellas palabras entre las cuales navegaba esta idea se hubiesen detenido, suspendidas en el tiempo para ser sorteadas como obstáculos. En efecto, mi corazón había cambiado y no había vuelta atrás, es lo que nos pasa a todos en algún punto, más de una vez en la vida: la terrible consciencia de saber que las culpas asignadas no son tales, que fue sólo la vida pasando, viviendo y pereciendo. Sin embargo, lenta y ligeramente, nuevos créditos aparecen, la niebla que cubría el pensamiento se disipa y surgen las palabras finales: "ya no duele".

martes, 5 de mayo de 2020

Carta a Franco

5 de mayo de 2020

A veces te extraño. Ya no es todos los días, tampoco es específicamente hoy, pero el encierro, el virus, el triste estado de eso que conocemos como humanidad hacen que hoy sí te extrañe. No es por la fecha, quiero que lo sepas, sino porque pienso qué me dirías si de la nada te hablara uno de estos días para saber de ti, para reconectarme como lo he estado haciendo de a poco en este tiempo. Digamos que la crisis me devolvió en parte la vista y comprendí que mis silencios me hacen perder más de lo que imaginaba. Claramente una de esas pérdidas fuiste tú, no porque hayas muerto y no porque este sea otro cumpleaños más sin mandarte el mensaje protocolar; muy por el contrario, creo que nos perdimos antes de que nosotros te perdiéramos. Catorce años atrás me escribiste una carta, la misma que conservo guardada en un libro porque se comenzaba a romper de tanto abrir y cerrar la hoja de papel estos últimos cinco años. En aquella carta deseabas que la vida te volviera a poner a mi camino. ¿Qué significa eso para nosotros ahora? ¿Qué significa para mí? La verdad es que te extraño y ya no sé si puedo decírtelo. Tal vez no es el tiempo porque cuando tú me extrañabas me lo decías, pero a mí siempre me costó más eso de ser auténtica: tenía que ensayarlo, medirlo, planificarlo todo. Debí aprender más de ti cuando nos tuvimos, quizás aprendí y cuando no te tuve a mi lado lo olvidé. Sea como sea, te he pensado por más de un mes, comencé allá en nuestra playa mirando el mar. Estoy lejos, pero sigo mirando por la ventana y pienso que sería lindo poder alcanzarte con un mensaje en una botella, o con un mordisco, o al menos con una visita en sueños.


miércoles, 8 de abril de 2020

Carta a Emilia

1 de abril de 2020

Emilia:


La vida para mí abrió los ojos un día como hoy, hace 10 años. Nunca supe lo que es el amor antes de ti, me era imposible saberlo sin tus ojos de almendra, sin tu cabeza acurrucada en mi pecho, junto a mi corazón, buscando un lugar que se sintiera seguro. Fue tan inmenso todo, tan abismal. No sabía que podía sentir tanta plenitud y tanto miedo al unísono, era como si el universo hubiese colisionado justo en frente mío y todo se cristalizaba en tu cuerpo frágil, en tus 48 centímetros y tus 3,105 kilos. Pensé tantas veces que iba a romperte, jamás me había aterrado tanto la posibilidad de ser torpe. Con el tiempo aprendería que no sólo ibas a herirte, sino que cada herida tuya la sufriría como propia hasta el día de hoy y, en realidad, quién sabe hasta cuándo lo siga haciendo.

Hija, soy una persona llena de fallas, llena de imperfecciones, pero solo tú con tu aliento y amor puedes lograr que entienda que esos errores están bien, de hecho, que absolutamente todo está bien si estamos juntas. Te alegras con mis logros, sufres con mis penas, me acompañas en mis soledades. No hay nada más perfecto que tu amor porque llenas cada hueco, cada vacío, cada falta que existe en mi vida. Eres mi universo. Lucho a diario por no existir solo porque existes, por no darte ese peso y lo he ido logrando paso a paso. Quiero ser mejor siempre para que te sientas orgullosa, quiero dar lo mejor de mí en todo para que veas que no hay imposibles y, pese a que eres siempre mi primera y última razón, también quiero ser imperfecta para que aprendas a amarte a ti misma con todas tus dimensiones y realidades. Quiero que seas libre, feliz, auténtica. Quiero regalarte toda la dignidad y la integridad imaginable, que tu esencia trascienda todos los límites y que brilles con esa luz propia tan tuya, tan inexplicable que inunda todos los espacios que habitas. 

La vida quiso premiarme, aún no sé por qué, pero me dio el milagro más grande de todos con tu llegada. Gracias por elegirme en este universo, gracias por tus caricias, tus bailes, tus locuras, tu compasión y tu empatía. Gracias por ser maravillosa como sólo tú sabes serlo, por tu humor, por tu sonrisa, por tu energía. Gracias por dejarme enseñarte, por tus sarcasmos y tus respuestas inteligentes que me sacan de quicio y que me recuerdan que eres el reflejo de todo lo que hemos vivido a lo largo de estos 10 años. 

Feliz cumpleaños, amor...el amor más grande de todos.


Con toda el alma, 

Mamá


martes, 20 de noviembre de 2018

Algo dulce



El verano comienza a adueñarse de mi piel, se entierra en mi pecho y deja un gusto nuevo, como de frutos tan dulces como tus besos, esos mismos que se esconden para proteger aquello que crece sin saber de pausas ni de esperas. El viento a penas sopla, se adueña de mis sentidos, me enseña a respirar en tu ternura, en tus secretos; el viento sopla y comienzo nuevamente a creer en las palabras y en los silencios, comienzo a sentirte en cada abrazo un poco más adentro, como si tu aliento diera vida a mis pies dormidos mientras comienzo a habitar en ti con el mismo cuidado con el que tocas mi alma antes de entrar. Está el viento, el verano, el sol que quema y se siente en lo profundo; te repito en mi memoria, en mi cuerpo, en mis labios, te repito para traerte en la distancia y vuelvo a repetirte para no salir de ti, porque mi militancia es tu sonrisa y tu libertad es el principio que mueve mis piernas cuando debo despedirte cinco veces en una noche mientras cierro los ojos y te miro en el centro, en tu mirada, en un lugar que es nuestro y del que no quiero partir.





viernes, 28 de septiembre de 2018

Pequeñas escenas cotidianas.



Él podía citar a Cortázar a la perfección mientras yo lo miraba perdida en la extensión de sus palabras que, lentamente, se esparcían en el espacio. Así éramos, dos locos que buscaban aprender a querer en una sala oscura, entre líneas ajenas, desesperados por encontrarse en otro cuerpo, en otra piel que cargara con cicatrices distintas, menos profundas que las dejadas por los fantasmas del ayer. A veces, él me leía algunas historias sueltas sobre fútbol y amor, era otra fórmula que encontramos para el sudor en medio de tanto caos, nuestra forma de unirnos en un amalgama infinito, muchas veces exasperante también, porque entrar en nuestro mundo de miradas y silencios era tan imposible como evitar que la luna riele en el mar. También habían noches en que faltaban las palabras y sobraban las melodías, noches en las que el silencio se metía entre las sábanas cada vez que se levantaba para ir en búsqueda de aquellas notas que entraban en mi alma tanto como él en mi cuerpo. Por cierto, nunca aprendimos a amarnos, pero sí jugamos a hacerlo de vez en vez, escondidos entre su espacio y mi mundo, y fuimos felices cuando nuestra piel se unía con canciones y bocetos y palabras que nunca nos pertenecieron pero que nos sirvieron como guías para sobrevivir al absurdo de un mundo que no sabe ser en soledad y que ahora aprende a ser sin su compañía.


jueves, 13 de septiembre de 2018

Respirarte, pensarte, escribirte.


Te quedas suavemente atorado en mi almohada, entre besos fugaces y caricias que aún siento en mi piel y que se pierden en mis formas hasta hundirse en mi cuello; te entierras en mi pecho, eres el viento que faltaba, el pensamiento que duerme conmigo transmutado en todos los colores de mi sonrisa, en el sabor de tus manos que rozan mi cordura y atraviesan mi intimidad. Caen los días con el peso de la rutina y surge este anhelo de poder encontrarte en algún rincón de alguna calle que me lleve hasta el hueco que me guarda tu espalda, el espacio para mis labios, para este impulso que me lleva a extrañarte aun cuando paseas entre mis sueños. El olor de tu cuerpo permanece en mis sábanas, disipa el letargo, distrae mi juicio mientras las perspectivas de siempre comienzan a transformarse al compás de aquel corazón que anidó entre mis piernas como tatuaje para mi espíritu. Pruebo tu sabor cada mañana, me enredo en tus cabellos y dejo al deseo volar, que me conduzca hacia ti la brisa y me tienda a tu lado sólo un segundo más para que el mundo ya no exista sino es a través de tus ojos, sumergido en tu dulzura, extraviado en tus formas de amar.


viernes, 10 de agosto de 2018

Volver a decir adiós


Esta noche miro al cielo y comprendo que no eres más que un espejismo, una farsa que entrega calidez a cambio de perpetuar complejos repetidos como espiral, porque no sabes de sinceridad si no es por violentas explosiones que terminan siendo un grito de ayuda.  Te recuerdo y comprendo que no existes, que logré descifrar tu misterio y que nada tiene que ver con el reflejo de tu imagen ni con tu voz trémula llamándome a la calma; no existes porque te has enterrado en tu pecho, porque quien camina es el impostor que has creado para jugar en cada esquina que encuentras y que te entregue un segundo de atención. Te recuerdo, porque lo más honesto de ti quedó perdido en una sábana sucia de aquella habitación que tomamos para olvidarnos del ruido del mundo y, aún así, comprendo que lo tuyo no son mentiras sino trampas y caprichos, una locura en la que te pierdes para justificar tus máscaras, para perder el tiempo que te consume lentamente porque sobrevives resistiendo los golpes en sólo un frente. Esta noche miro al cielo y te destierro, te expulso de mi piel, te libero de mis besos, le grito a las estrellas y así te despido; porque los cobardes siempre pierden cuando se trata de amor, porque tú sólo haces apuestas seguras. Entonces, en medio de la oscuridad nocturna cierro los ojos y siento cómo el viento abre mis alas para llevarme lejos de tu tormenta, lejos de todos tus miedos, lejos de este triste devenir que me aprieta el corazón cada vez que bajo mis barreras; pero todo termina, volvemos a decir adiós, los botes se alejan del puerto y yo respiro en calma sabiendo que allá lejos me espera otro faro que iluminará toda esta oscuridad que dejaste en mí.


sábado, 4 de agosto de 2018

Despedidas



Esta mañana desperté con el sabor de tus palabras, ese gusto a ti que viene con las ganas de hacer las cosas bien y quedarme a tu lado, de esperarte todas las tardes en la esquina de siempre y armar un nido en tu pecho para que tengas un poco de mí en cada sueño que te lleve lejos. Se me agotan lentamente las horas mientras busco desesperada algo para darte, algo para decirte, algo que calme estas ansias que me llevan a alejarte, a huir de la calidez de tu ternura que cae como lluvia para apagar tanta furia y tanto desastre después de todas mis derrotas pasadas. Fantasmas dejaron mis labios amargos con la hiel que esparcieron y tú los limpias con cada beso, con cada caricia que me entregas; llegaste para arrancar las máscaras, los velos que caen en mi alma y no dejan ver más que espejismos de barbarie y libertad, ideas difusas de revoluciones pasadas y caídas futuras; te lo llevas todo con un abrazo, arrazaste con mis muros y me dejas en la intemperie de un sentimiento que crece cada vez que escucho tu voz dulce, profunda en tono y pasión. Te miro una última vez, tus ojos ven lo que los míos anhelan y los míos se limitan a cerrarse para soñarte nuevamente entre mis rincones y la luna que nos aguarda, que quiere dejarte mi piel para que puedas vivirme como quieras mientras yo me despido una última vez porque, por este día, ya no puedo quedarme, no puedo seguir resistiendo tu calor.







lunes, 30 de julio de 2018

Noche de invierno



Un frío desconocido recorre mi espalda cada vez que sale el sol y yo invoco tu nombre, es como si los colores del cielo se fugaran con tu recuerdo dulce perdido en mi sillón, como si no existieras más que en mi memoria errática y en las sombras de un beso a medias que se esconde tras mis intenciones de quererte. Todo cambia cuando llegas a mis pensamientos, las nubes me cubren y sólo se esfuman cuando vuelvo a sentir tu pecho latiendo, cuando dejas caer tus ojos sobre mi indecisión, la misma que me come y me llena de temores al sentirte tan dentro mío, tan profundo, que quemas justo en el centro de mis miedos. Siento el hielo calando en mis huesos, adentrándose en mi alma mientras busco formas de exiliarte de mi mente, de mi corazón que sólo sabe de fantasmas y fracasos, de cuerpos que se pierden en la niebla por las huellas que han dejado aquí; siento el peso de tus besos expulsando a aquellos labios que dejé cruzar pero jamás quedarse, porque los míos sabían que algún día llegarían otros que no querrían dejar partir pero nunca anticiparon que vendrían con tu luz, con tu calor, con tu ternura. Así, acepto la distancia y me condeno al olvido, me resigno a haberte vivido y no ser capaz de enfrentar tu mirada sosteniendo la mía, abrazando mis penas, conteniendo mi aliento que se torna cada vez más débil sin tu mano recibiendo la mía, sin mis sueños escapando con tu voz.


jueves, 26 de julio de 2018

Nuevos anhelos



Quisiera explotar un segundo para poder enterrarme en tu torso, hacer un nido y quedarme pegada a ti un segundo más, escuchar los latidos de tu corazón, tu respiración tratando de volver a la calma, pasear mis dedos por tu cabeza y que tú hagas lo mismo con la mía, retorcer el cuello para decirte de algún modo que en ese momento eres mi hogar, el fuego que me resguarda del hielo en mi alma. Quiero perderme en tu abrazo, aquél que me hace sentir frágil y pequeña, que me obliga a soñar, a estirar las manos al cielo para colgar de tu cuello porque nunca supe de vértigo hasta el momento en que empecé a extrañarte, a enumerar tus formas de mirar y de dejar de hacerlo. Quisiera navegarte y naugragar sólo por una noche, abandonar las pesadillas que me acorralan a diario y encontrar un respiro, contigo en mi espalda, cuidando mi sueño con la misma ternura con la que me acercaste aquella noche a tu cuerpo. Quiero quererte sin la piel y sin excusas, quererte en el pecho, en la mente, en los labios que por hoy se estremecen con tan solo nombrarte; quererte así, en un beso que hoy guardo para no pensarte tanto, para evitar estas ganas de no dejarte ir.


Explicaciones al aire.


De algún modo que aún no entiendo empiezas a quedarte grabado en mi piel, llegaste como un hechizo para clavarte en mi espalda, en mis tatuajes corroídos por tanto amar de formas equivocadas. Te quedas la noche entera en mi oído, tus bajos anidan en mi cuello mientras recuerdo las vibraciones de tu voz llamándome a la calma, una sensación que hoy siento jamás haber conocido si no hubiesen llegado tus brazos; porque vivo rodeada de monstruos que me acechan cuando el sol se esconde, porque no me reconozco entre las calles de una ciudad que me vuelve ajena. Me pierdo en tu ternura, en tu forma de pensar, en tus sábanas que me escondieron de todo el ruido del mundo que me persigue hasta dejarme sorda; me pierdo pensando en si te quedarás conmigo y mis fantasmas cuando el solo hecho de andar se comienza a convertir en una utopía que mantiene mi ritmo pero no mi rumbo. De algún modo, de alguna forma que aun no conozco, empiezas a habitar entre mis telarañas y darme la esperanza que creía perdida, la esperanza que me aterra y me inmoviliza porque no sé querer ni entregar sin el cuerpo de por medio, porque me encuentro rota y no sé dónde quedaron aquellas instrucciones para reconstruir lo que yo misma he derrumbado. Empiezo a quererte, tal vez, empiezo a sonreírte, a pensarte al abrir los ojos y a invocarte cada vez que los cierro para ganar un poco de tiempo que me ayude a comprender cómo detenerlo y detenerte aquí, conmigo, en un respiro eterno.


lunes, 23 de julio de 2018

El cuerpo.



El cuerpo para mí es principio y final, un eterno enemigo cuando las imágenes se fragmentan, cuando aparece en los espejos de mil formas de mirar distintas, cuando los tabúes y los miedos vencen al deseo que desafía los cánones, o los principios, o las correctas formas de presentarse. Ese es el cuerpo, oprimido y acechado por una historia que le ha enseñado que debe adecuarse, esconderse, prohibirse; una víctima de nuestra hipocresía que quiere entregarse y no puede ser visto porque la cultura pesa más que su llamado, porque el pudor se impone a la libertad de poder vivirlo en cualquier forma y tamaño. Mi cuerpo es el recuerdo de todas aquellas heridas que llevo en la piel y en el alma; es la muestra de toda la resistencia que cargo en los brazos, en las piernas, en mi vientre: la pérdida y la vida que ahí han anidado. Guardo aquí mis temores y alegrías porque el cuerpo es tanto luces como sombras, porque me ha convertido en mujer, en madre, en cómplice, amiga, amante y contradicción. Así, mi cuerpo es el hogar de todo lo que tengo, porque lucho a diario por ignorar las voces que buscan imponerse sobre él, rescatarlo de sus estigmas y su pasado para simplemente dejarlo respirar. 





viernes, 13 de julio de 2018

Perdida


Antes de ir a dormir suelo salir a fumar un cigarro todas las noches, me pierdo en las volutas del humo enfrentando el frío que se impregna en mi rostro y en mis dedos; es un acto de soledad suprema, un grito de tranquilidad en el que me afirmo de forma constante en la paz que me da no tener que explicar ni mis tardanzas ni mis anhelos. Prefiero esconder las marcas de mis manos de este modo, enterrarlas en mi bolsillo antes que vuelva la necesidad de entregarlas a quienes agotaron mi voluntad, porque querer suena cada día más utópico si no siento mis pies ni mi frente ni mi espalda. Al terminar permanezco un rato en el balcón contemplando las luces de los edificios que me rodean, aquellas bancas que se ven lejanas y, cuando tengo suerte, a algún paseante noctámbulo a quien me gusta creer igual de perdido que yo, igual de náufrago en esta ciudad. Me pierdo en la noche para no perderme en el vendaval de ideas que suele ahogarme día a día, pues mi mente avanza a caudales, irrefrenable, sin saber de paradas ni pausas. Me invade la tristeza y me sé rota, fragmentada; me quedo quieta en el mutismo porque las penas deben quedarse bajo la alfombra, no se lucen, no se muestran; me pierdo porque nací extraviada de mí misma, sin saber a qué puerto pertenezco ni si las luces de aquellos edificios, los mismos que hoy me acompañan, permanecen ahí para no dejarme sola o si son solo los fantasmas de otras vidas plenas a las que debo envidiar por tener mejores razones para alargar la jornada. Así, no hay más que atacar al insomnio con amargos bocados de sueños en negro, vacíos de cualquier energía  por sentirme incomprendida entre tanta desdicha, mientras el humo que antes me envolvía me abandona en la misma soledad con la que inicié, en el silencio ensordecedor de mi mente.


Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...