domingo, 31 de julio de 2016

Inmortal.



Atrás quedan paisajes eternos pintados en mi memoria,
                                   inmóviles por el peso de tu tacto;
abandono los parajes de un todo indivisible
que se fragmenta entre recuerdos
por la simple necesidad de sobrevivirte,
por el imperativo de no dejar de sentir tus manos,
                                                              tu abrazo,
                                                              tu vuelo,
tu sonrisa eterna que alimenta mi alma
                                          con tan solo mirar tus labios,
                                          con sentir el roce fugaz
de una caricia limpia de todo el ruido del mundo.

Te llevo conmigo, adentro, tatuado en mi piel,
en mi respiración que habla de aquel momento
que se hace eterno y camina por tu espalda;
te llevo conmigo y me voy quedando aquí,
           sembrada en la espera de un tiempo
que nos abandone en la libertad del otro.



Buenos Aires desde el cielo, 22 de julio de 2016.

jueves, 16 de junio de 2016

Tu espalda.


Mi memoria transita por tu vereda,
te recuerda con la furia de las noches
que nos ocultaban entre el humo y la calidez
de caricias encubiertas por un grito mudo.

Te pienso con el calor de mis piernas entre las raíces
que crecían en la espera de tu carne,
                                       de tu sonrisa inmortal,
de tu piel eterna deslizándose bajo mi cintura,
desenterrando el deseo que se oculta en el tormento.

Mi memoria no tiene pies pero marcha constante
entre rutas que hablan del sabor de tus labios,
que gritan la dulzura de tu sudor cayendo lento sobre mi pecho,
                                                     cayendo firme bajo mi vientre,
derramando el arrebato que guardo en tu espalda.

Mi memoria vaga entre imágenes perdidas
y los ecos de mis fallas persiguen mis pasos,
cercan los caminos de salida y me conducen a ti:
soy prisionera de tu pasión y del descaro angular,
       prisionera de tu piel respirando mis verdades,
de tus manos enterrándose en mi cuerpo;
porque no sé ser desde que tu lengua entró en mí,
no sé más que de la brutalidad de un llamado animal
que se esconde entre las sábanas y la cordura,
                         entre el quedarse y el huir.


martes, 24 de mayo de 2016

Sonambulismo.


Por las noches me desvelo pensando en tu nombre,
recordando la piel que recorría mi superficie
con el tacto de un ladrón que entra en la oscuridad
para apropiarse de lo que siempre le ha sido ajeno.

Me desvelo con tan solo guardarte en mis dedos,
tocando un espacio de espera en el sonambulismo de tu llamada,
                                                en la alienación de las palabras
que expulsas y luego olvidas a tu antojo,
pretendiendo no herir el ego de mis alas caídas,
de mis pies cansados de tanto buscar caminos
que me alejen de tu inconsistencia y del grito de tu llegada.

Por las noches insisto en llamarte entre sueños,
porque el sentido no alcanza para olvidar tu locura,
desenfreno de la carne que se pierde en la silueta del día,
sinsentido pasajero que es opacado por la idiotez compartida
                                      de un pecado que ya no deseo purgar;
porque se han encendido todas las alarmas
y el compás de espera de transforma en advertencia:
la violencia de tu impulso me hace perder
y el llamado de tu cuerpo no me basta,
                                         no me llena,
                                         me pide partir.

                       

domingo, 1 de mayo de 2016

Nota mental.


En mi pecho habita la angustia,
me corta el aire y me impide respirar;
oprime la pobreza de mi espíritu
y se encierra en la incertidumbre
de mi cuerpo cansado de tanto buscar
                 respuestas en ningún lugar:
por hoy no hay más elocuciones,
por hoy solo busco un poco de paz.





sábado, 23 de abril de 2016

Viejas noticias.


A veces la calma del humo inunda mi ventana,
aquella que tantas veces esperó por tu llegada
                     en noches invencibles por el frío
en noches eternas por el inquebrantable deseo
que nos embriagaba entre imágenes y palabras
compartidas en la oscuridad del anonimato.

A veces la altisonancia sobra y solo queda
el recuerdo de tus manos cubriendo mis caderas,
cada uno de mis rincones en la prohibición del tacto;
porque la moral sigue herida por el juicio impuesto
y los compases cesan en la velocidad de tu canto.

A veces, las piernas tiemblan al recordar tu nombre
y la firmeza del cuerpo cede ante la tentación
de recordar el dulce descaro de tus palabras,
el suave roce de tu piel sobre la mía,
bajo los instintos de una melodía perdida
                        en el tren de mis mentiras.

A veces te escribo solo para provocar a la memoria,
para tentar la sugerencia de una carne que no olvida,
de un cuerpo que insiste en gritar tu nombre
cuando es tocado por otras manos,
                                                      otro aroma,
                                                                        otro color...
así, a veces espero la amargura del castigo que llevo tatuado,
                                                 el que ha caído por dejarme ir.





lunes, 18 de abril de 2016

Fénix



Florecer no es siempre un acto poético de patetismo:
es la rebeldía de un corazón cansado de esgrimir su espada 
frente a castillos infranqueables y nubes imaginarias;
es el síntoma de un alma hastiada de esperar la llegada
de nuevos brazos que protejan su candidez del arribo
                    de eclipses eternos y eternos vendavales.

Florecer es el deber frente al escarnio de tu ausencia,
frente al deseo pervertido por la emoción
de no saber si buscarte o dejarme partir,
de no creer que existan razones para odiarte más que el temor
que generan tus caricias escondidas en mi viente.

Florecer es un invento de los otros para entender 
el por qué seguimos de pie después de la tormenta,
el mito creado para sostener una esperanza caduca, 
                                                                     encerrada,
                                                                     prohibida
por el recelo de tus formas y la intensidad de tu cuerpo;
porque no quedan más razones que tejer en la espera
ni excusas que frenen la tempestad de tu locura.

Florecer es sólo la imagen recurrente de los heridos crónicos,
un acto de patriotismo frente al amor y el desencanto;
porque florecer es el ingrediente imaginario de toda desdicha
y yo renazco como las olas en intensidad e inconsistencia:
mientras las flores se marchitan, 
                                                    el mar me espera.



jueves, 14 de abril de 2016

En negro.



La ira se queda en mi interior,
arraiga como las viejas heridas del mar
que marcan mi cuerpo en cada esquina,
en cada rincón abandonado por tu ausencia.

La rabia me domina lentamente y pierdo el control
                      de mis manos y de mis pensamientos,
golpea mis muslos y se queda roja del pudor
al tener que aceptar que no soy dueña de mí,
que no tengo el control de lo que tocan,
                                      de lo que rompen,
                                      de lo que hieren
por no medir el veneno que brota de cada impacto;
porque el fuego me consume en la soledad,
porque la intensidad de mis maneras encuentra ecos
                       en una piel cansada de tantas afrentas.

La ira me conduce por laberintos indolentes,
                              por pasajes que desconozco
entre la oscuridad de mis pensamientos y la furia de mis puños;
me guía en la espesura de mis pesadillas y me impide respirar
mientras insisto sentada en la espera de un mañana
                                       que permita la caída de mi perversidad,
                                       que el tiempo al fin se detenga,
                                       que la locura llegue a cualquier final.




Cayendo


De pronto un nuevo aire me domina
porque el tiempo solía detenerse en tu presencia
y hoy la inmovilidad enferma mi espíritu:
busqué libertad en tu cuerpo y encontré solo cadenas,
                                                                la traición a mis instintos
                                                                la caída del mar...
busqué libertad en tus labios
y sólo pude hacerme cautiva de los tuyos,
enrojecidos por el furor de mi vientre,
endurecidos por las viejas heridas aun abiertas.

Un aire nuevo me domina y me lleva a soltar tu cuerda,
gana de nuevo la manía de sentir el control y pierdo el miedo
a dejarte partir aun sabiendo que nunca fuiste mío;
que las sábanas quedaban guardadas para otras piernas
y el aroma de tu cuerpo se cubría de honestidad,
                                                      de la dulzura
que hoy encuentro en mis manos y en tu tempestad.

Me conquista un nuevo aire,
                                              traído desde el otro lado del mar;
y me quedo tranquila, intentando respirar.



domingo, 10 de abril de 2016

Herida


Esta noche tengo el alma herida
no por tu capricho sino por mi voluntad.

Ha caído la sensatez y pierdo el control
                                                               sobre mis labios,
                                                               sobre mi boca;
pierdo el control de las palabras y de la mente
que me llevan a laberintos oscuros
donde la única salida es un perdón que no existe.

Tengo el alma herida por el temor que me causa
tanto tu presencia como tu ausencia;
miedo de mí y de lo que haces de mí en la oscuridad,
pánico al pensar cómo sería a la luz del día.

Sigo perdida entre tus sobras, tus formas desdibujadas,
tu lucidez y tu tacto desenfrenado
                                                     (arrebato de mi cordura);
me pierdo en la no respuesta de una honestidad acomplejada,
                                              de las verdades que callo por prudencia,
                                              de las alas rotas con recelo a volar.

Esta noche tengo el alma herida
no por tu capricho sino por mi voluntad:
herida por la sinrazón de mi adicción a tu cuerpo,
herida por la calidez de tu espalda y de tu alma la frialdad.


domingo, 3 de abril de 2016

Farewell


El humo se escapa de mis pulmones hacia mi cabeza,
                                                           hasta mis ojos,
me nubla la vista y me impide volver a verte
porque trae consigo la claridad de tu abismo:
la verdad de una naturaleza fácil de leer
pues tu cuerpo no guarda rincones libres de mi roce
y tu alma no guarda secretos ante mis ojos.

Algo perturba mi quietud, tu piel sigue bañándome
pero me alejo a paso firme ya en la ruta que me guía
                                   a nuevos parajes de lo privado,
a nuevos brazos como los fueron alguna vez los tuyos
porque huir se ha vuelto mi vicio y mi mayor virtud,
porque debo cubrirme de la lluvia que trae tu tormenta.

El humo se escapa y se aclara mi pensar:
no quedan reproches ni excusas que guarden tus máscaras,
porque esta noche marco la distancia,
                                            porque esta noche escapo de ti.

Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...