jueves, 13 de septiembre de 2018

Respirarte, pensarte, escribirte.


Te quedas suavemente atorado en mi almohada, entre besos fugaces y caricias que aún siento en mi piel y que se pierden en mis formas hasta hundirse en mi cuello; te entierras en mi pecho, eres el viento que faltaba, el pensamiento que duerme conmigo transmutado en todos los colores de mi sonrisa, en el sabor de tus manos que rozan mi cordura y atraviesan mi intimidad. Caen los días con el peso de la rutina y surge este anhelo de poder encontrarte en algún rincón de alguna calle que me lleve hasta el hueco que me guarda tu espalda, el espacio para mis labios, para este impulso que me lleva a extrañarte aun cuando paseas entre mis sueños. El olor de tu cuerpo permanece en mis sábanas, disipa el letargo, distrae mi juicio mientras las perspectivas de siempre comienzan a transformarse al compás de aquel corazón que anidó entre mis piernas como tatuaje para mi espíritu. Pruebo tu sabor cada mañana, me enredo en tus cabellos y dejo al deseo volar, que me conduzca hacia ti la brisa y me tienda a tu lado sólo un segundo más para que el mundo ya no exista sino es a través de tus ojos, sumergido en tu dulzura, extraviado en tus formas de amar.


viernes, 10 de agosto de 2018

Volver a decir adiós


Esta noche miro al cielo y comprendo que no eres más que un espejismo, una farsa que entrega calidez a cambio de perpetuar complejos repetidos como espiral, porque no sabes de sinceridad si no es por violentas explosiones que terminan siendo un grito de ayuda.  Te recuerdo y comprendo que no existes, que logré descifrar tu misterio y que nada tiene que ver con el reflejo de tu imagen ni con tu voz trémula llamándome a la calma; no existes porque te has enterrado en tu pecho, porque quien camina es el impostor que has creado para jugar en cada esquina que encuentras y que te entregue un segundo de atención. Te recuerdo, porque lo más honesto de ti quedó perdido en una sábana sucia de aquella habitación que tomamos para olvidarnos del ruido del mundo y, aún así, comprendo que lo tuyo no son mentiras sino trampas y caprichos, una locura en la que te pierdes para justificar tus máscaras, para perder el tiempo que te consume lentamente porque sobrevives resistiendo los golpes en sólo un frente. Esta noche miro al cielo y te destierro, te expulso de mi piel, te libero de mis besos, le grito a las estrellas y así te despido; porque los cobardes siempre pierden cuando se trata de amor, porque tú sólo haces apuestas seguras. Entonces, en medio de la oscuridad nocturna cierro los ojos y siento cómo el viento abre mis alas para llevarme lejos de tu tormenta, lejos de todos tus miedos, lejos de este triste devenir que me aprieta el corazón cada vez que bajo mis barreras; pero todo termina, volvemos a decir adiós, los botes se alejan del puerto y yo respiro en calma sabiendo que allá lejos me espera otro faro que iluminará toda esta oscuridad que dejaste en mí.


sábado, 4 de agosto de 2018

Despedidas



Esta mañana desperté con el sabor de tus palabras, ese gusto a ti que viene con las ganas de hacer las cosas bien y quedarme a tu lado, de esperarte todas las tardes en la esquina de siempre y armar un nido en tu pecho para que tengas un poco de mí en cada sueño que te lleve lejos. Se me agotan lentamente las horas mientras busco desesperada algo para darte, algo para decirte, algo que calme estas ansias que me llevan a alejarte, a huir de la calidez de tu ternura que cae como lluvia para apagar tanta furia y tanto desastre después de todas mis derrotas pasadas. Fantasmas dejaron mis labios amargos con la hiel que esparcieron y tú los limpias con cada beso, con cada caricia que me entregas; llegaste para arrancar las máscaras, los velos que caen en mi alma y no dejan ver más que espejismos de barbarie y libertad, ideas difusas de revoluciones pasadas y caídas futuras; te lo llevas todo con un abrazo, arrazaste con mis muros y me dejas en la intemperie de un sentimiento que crece cada vez que escucho tu voz dulce, profunda en tono y pasión. Te miro una última vez, tus ojos ven lo que los míos anhelan y los míos se limitan a cerrarse para soñarte nuevamente entre mis rincones y la luna que nos aguarda, que quiere dejarte mi piel para que puedas vivirme como quieras mientras yo me despido una última vez porque, por este día, ya no puedo quedarme, no puedo seguir resistiendo tu calor.







lunes, 30 de julio de 2018

Noche de invierno



Un frío desconocido recorre mi espalda cada vez que sale el sol y yo invoco tu nombre, es como si los colores del cielo se fugaran con tu recuerdo dulce perdido en mi sillón, como si no existieras más que en mi memoria errática y en las sombras de un beso a medias que se esconde tras mis intenciones de quererte. Todo cambia cuando llegas a mis pensamientos, las nubes me cubren y sólo se esfuman cuando vuelvo a sentir tu pecho latiendo, cuando dejas caer tus ojos sobre mi indecisión, la misma que me come y me llena de temores al sentirte tan dentro mío, tan profundo, que quemas justo en el centro de mis miedos. Siento el hielo calando en mis huesos, adentrándose en mi alma mientras busco formas de exiliarte de mi mente, de mi corazón que sólo sabe de fantasmas y fracasos, de cuerpos que se pierden en la niebla por las huellas que han dejado aquí; siento el peso de tus besos expulsando a aquellos labios que dejé cruzar pero jamás quedarse, porque los míos sabían que algún día llegarían otros que no querrían dejar partir pero nunca anticiparon que vendrían con tu luz, con tu calor, con tu ternura. Así, acepto la distancia y me condeno al olvido, me resigno a haberte vivido y no ser capaz de enfrentar tu mirada sosteniendo la mía, abrazando mis penas, conteniendo mi aliento que se torna cada vez más débil sin tu mano recibiendo la mía, sin mis sueños escapando con tu voz.


jueves, 26 de julio de 2018

Nuevos anhelos



Quisiera explotar un segundo para poder enterrarme en tu torso, hacer un nido y quedarme pegada a ti un segundo más, escuchar los latidos de tu corazón, tu respiración tratando de volver a la calma, pasear mis dedos por tu cabeza y que tú hagas lo mismo con la mía, retorcer el cuello para decirte de algún modo que en ese momento eres mi hogar, el fuego que me resguarda del hielo en mi alma. Quiero perderme en tu abrazo, aquél que me hace sentir frágil y pequeña, que me obliga a soñar, a estirar las manos al cielo para colgar de tu cuello porque nunca supe de vértigo hasta el momento en que empecé a extrañarte, a enumerar tus formas de mirar y de dejar de hacerlo. Quisiera navegarte y naugragar sólo por una noche, abandonar las pesadillas que me acorralan a diario y encontrar un respiro, contigo en mi espalda, cuidando mi sueño con la misma ternura con la que me acercaste aquella noche a tu cuerpo. Quiero quererte sin la piel y sin excusas, quererte en el pecho, en la mente, en los labios que por hoy se estremecen con tan solo nombrarte; quererte así, en un beso que hoy guardo para no pensarte tanto, para evitar estas ganas de no dejarte ir.


Explicaciones al aire.


De algún modo que aún no entiendo empiezas a quedarte grabado en mi piel, llegaste como un hechizo para clavarte en mi espalda, en mis tatuajes corroídos por tanto amar de formas equivocadas. Te quedas la noche entera en mi oído, tus bajos anidan en mi cuello mientras recuerdo las vibraciones de tu voz llamándome a la calma, una sensación que hoy siento jamás haber conocido si no hubiesen llegado tus brazos; porque vivo rodeada de monstruos que me acechan cuando el sol se esconde, porque no me reconozco entre las calles de una ciudad que me vuelve ajena. Me pierdo en tu ternura, en tu forma de pensar, en tus sábanas que me escondieron de todo el ruido del mundo que me persigue hasta dejarme sorda; me pierdo pensando en si te quedarás conmigo y mis fantasmas cuando el solo hecho de andar se comienza a convertir en una utopía que mantiene mi ritmo pero no mi rumbo. De algún modo, de alguna forma que aun no conozco, empiezas a habitar entre mis telarañas y darme la esperanza que creía perdida, la esperanza que me aterra y me inmoviliza porque no sé querer ni entregar sin el cuerpo de por medio, porque me encuentro rota y no sé dónde quedaron aquellas instrucciones para reconstruir lo que yo misma he derrumbado. Empiezo a quererte, tal vez, empiezo a sonreírte, a pensarte al abrir los ojos y a invocarte cada vez que los cierro para ganar un poco de tiempo que me ayude a comprender cómo detenerlo y detenerte aquí, conmigo, en un respiro eterno.


lunes, 23 de julio de 2018

El cuerpo.



El cuerpo para mí es principio y final, un eterno enemigo cuando las imágenes se fragmentan, cuando aparece en los espejos de mil formas de mirar distintas, cuando los tabúes y los miedos vencen al deseo que desafía los cánones, o los principios, o las correctas formas de presentarse. Ese es el cuerpo, oprimido y acechado por una historia que le ha enseñado que debe adecuarse, esconderse, prohibirse; una víctima de nuestra hipocresía que quiere entregarse y no puede ser visto porque la cultura pesa más que su llamado, porque el pudor se impone a la libertad de poder vivirlo en cualquier forma y tamaño. Mi cuerpo es el recuerdo de todas aquellas heridas que llevo en la piel y en el alma; es la muestra de toda la resistencia que cargo en los brazos, en las piernas, en mi vientre: la pérdida y la vida que ahí han anidado. Guardo aquí mis temores y alegrías porque el cuerpo es tanto luces como sombras, porque me ha convertido en mujer, en madre, en cómplice, amiga, amante y contradicción. Así, mi cuerpo es el hogar de todo lo que tengo, porque lucho a diario por ignorar las voces que buscan imponerse sobre él, rescatarlo de sus estigmas y su pasado para simplemente dejarlo respirar. 





viernes, 13 de julio de 2018

Perdida


Antes de ir a dormir suelo salir a fumar un cigarro todas las noches, me pierdo en las volutas del humo enfrentando el frío que se impregna en mi rostro y en mis dedos; es un acto de soledad suprema, un grito de tranquilidad en el que me afirmo de forma constante en la paz que me da no tener que explicar ni mis tardanzas ni mis anhelos. Prefiero esconder las marcas de mis manos de este modo, enterrarlas en mi bolsillo antes que vuelva la necesidad de entregarlas a quienes agotaron mi voluntad, porque querer suena cada día más utópico si no siento mis pies ni mi frente ni mi espalda. Al terminar permanezco un rato en el balcón contemplando las luces de los edificios que me rodean, aquellas bancas que se ven lejanas y, cuando tengo suerte, a algún paseante noctámbulo a quien me gusta creer igual de perdido que yo, igual de náufrago en esta ciudad. Me pierdo en la noche para no perderme en el vendaval de ideas que suele ahogarme día a día, pues mi mente avanza a caudales, irrefrenable, sin saber de paradas ni pausas. Me invade la tristeza y me sé rota, fragmentada; me quedo quieta en el mutismo porque las penas deben quedarse bajo la alfombra, no se lucen, no se muestran; me pierdo porque nací extraviada de mí misma, sin saber a qué puerto pertenezco ni si las luces de aquellos edificios, los mismos que hoy me acompañan, permanecen ahí para no dejarme sola o si son solo los fantasmas de otras vidas plenas a las que debo envidiar por tener mejores razones para alargar la jornada. Así, no hay más que atacar al insomnio con amargos bocados de sueños en negro, vacíos de cualquier energía  por sentirme incomprendida entre tanta desdicha, mientras el humo que antes me envolvía me abandona en la misma soledad con la que inicié, en el silencio ensordecedor de mi mente.


martes, 10 de julio de 2018

Antes de dormir


Antes de dormir comienzo a pensarlo, a revivirlo como si estuviese atorado en mis sábanas, en mi pecho y en mis piernas. Lo imagino perdido en aquél oscuro rincón en el que yo esperaba con ansias el perderme en su boca, en su mente infinita y caudalosa, navegar en sus ideas, en su lengua y en su carne, porque todo en él me seduce, todo en él me eriza la piel, la mente, el alma. Lo imagino descansando a mi lado, abrazándome aún por la espalda, rodeando mi cuerpo con su ingenio y su pasión; porque con el silencio de la noche irrumpió también su dulzura, la misma que se perdía en mi cabello mientras yo me perdía en su ombligo. Lo siento aún adentro, cerca del corazón cuando se estremece con sólo pensar su nombre, su verbo, sus brazos recorriendo mi columna; lo siento en el centro de un corazón que empieza a renacer no por su llegada sino por el descubrimiento de poder sentir lejos del canon impuesto, fuera de la comodidad en la que me sitúo buscando refugio y seguridad, buscando no volver a herirme de tanto amar la vida. Antes de dormir comienzo a pensarlo y su fantasma se desliza por mi almohada, musita en mi oído deseos que naufragan en el pudor de sabernos ocultos y expuestos bajo las luces de aquél semáforo que nunca nos dio luz roja, porque mi cuello no busca más que reconocer sus labios y mi sexo no recuerda más que su sabor.


lunes, 2 de julio de 2018

Día de invierno



Los días como este siempre aumentan esta nostalgia crónica que habita conmigo; es como si viviera extrañando algo o a alguien que aún no conozco, como si añorase un lugar que aún no he visitado y del cual me siento parte desde que tengo memoria. Quizás es el frío entrando en mis huesos mientras me pierdo mirando el humo del último cigarro, un abrazo que significó el mundo en su momento, o puede que sea una palabra recitada en mi oído con la suavidad de la lluvia y el viento estacional. Tal vez, es un sueño del que jamás desperté, a la orilla del mar, en el límite de mis arranques y del disfraz que cargo para no sentirme nuevamente lastimada, porque el frío me recuerda la fragilidad de la que me avergüenzo, la debilidad que cargo en el cuello y en mi alma. Los días así me roban el sol pero no la sonrisa, porque he aprendido a reír con nueva simpleza, con aires libres de heridas y de errores que no cargan mentiras que esconder entre las nubes de tormenta. Por mientras, la lluvia comienza a secarse en las calles, se encienden los faroles de la esquina y me siento en la misma banca de siempre a esperar que despeje la niebla, la nostalgia y este invierno que apaga los fantasmas y que enciende la tempestad.


Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...