lunes, 9 de noviembre de 2015

(Des)esperar


La rabia arraiga en lo hondo de mi cuerpo,
se funde con el sol de tus mañanas,
               con la luna de tus mentiras
y me llevan a habitar un espacio desconocido,
montañas de horrores enfrascados que alivian
la presión de una mente a punto de estallar
como la carne podrida de tu amor entre tanta fantasía,
como la oscuridad de saberte intocable en la realidad
de tus muros,
                      tus prisiones,
                                           tus pasiones ensordecidas
por el grito volátil de un deseo que no sabe de esperas.

La rabia arraiga y yo desespero ante tu presencia
por los celos de su nombre saliendo de tus labios,
de sus manos que tocan sin culpa, sin castigo,
sin el temor de ser descubiertas o rechazadas
por la inconsistencia de tu carácter:
la furia enraíza, el deseo decanta, yo ya no espero.







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