De tanto gritar rompes mi garganta,
callas la desesperación de un cuerpo aletargado
y la claridad de mi deseo se pierde en tu espalda:
toca mi puerta,
abre mis labios,
cierra mi boca.
juega a enredarte en el vaivén de mis caderas
mientras el ruido se asienta en tu pecho
y mis piernas te invitan al caos y lo sublime.
Carne y deseo se conjugan en tu lado salvaje,
en mi lado natural que perfora tus oídos
y ensordece el trago amargo de tu apatía,
que anula los impulsos del buen juicio
y tortura el desenfreno de una canción desconocida.
De tanto gritar rompemos las cadenas
y repetimos los golpes de la poca cordura
enraizados en la mediocridad de tu compás,
que permiten el andar decadente de mis pasos
que solo saben llevarme a ti.
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