Vuelvo a mirar tu andar insolente,
te desvisto con sutileza mientras ignoras
el temblor que me causa rozar tu espalda,
tus brazos con mis dedos,
ese temblor que me lleva a desearte
en noches insostenibles por el horror,
por el deber de mi cuerpo que grita tu nombre.
Vuelvo a caer en el contacto forzado
tratando de leer tu distancia, proximidad enferma
que me lleva a laberintos extraviados en esta sed de ti,
en la necesidad de conocer la medida de tu discreción
a penas me pierdo en los pasos olvidados de un juego
que cortó el elástico y golpeó mi juicio...
Habito entonces en el aliento del impulso,
el pecado de un cuchillo que no tiene papel para darte
más que el de estas letras atoradas en mi pecho,
donde cae la cascada de la irreverencia,
el sino de tu maldad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario