viernes, 23 de junio de 2017

Cafuné o la verdadera intimidad.



Es al menos curioso cómo, en las acciones del día a día, uno puede encontrar espacios llenos de magia. Porque la magia no es eso que te venden en televisión o en publicidades, la magia real está en pequeños momentos que te hacen abrir los ojos y respirar profundo al darte cuenta de lo simple que puede ser todo. El cuadro es el siguiente: figuraba yo secando y cepillado con mis dedos el pelo de mi hija. Así de simple, así de cotidiano. Recordé entonces que los brasileños tienen una de esas rarezas lingüísticas que tanta fascinación me generan: cafuné, o el término para nombrar la acción de pasar los dedos con cariño por el cabello de alguien. Y pensé (como si eso fuera una novedad) que no hay acto de intimidad más grande que acariciar el pelo de alguien.


Más allá de conceptos morales que ya parecen polvorientos en una realidad donde besos, brazos, camas y sábanas se pueden compartir fugazmente; me parece que, ese momento de paz cuando te acarician o tú acaricias la cabeza de alguien más, no tiene parámetros de comparación alguna. A los chicos se les exige saludar de beso a desconocidos, nos enseñan que es por buena educación saludar con un abrazo al médico al entrar a su despacho, se abraza a los jefes, a los colegas y besas a los amigos y a los amigos de tus amigos y a desconocidos en un bar de buena o mala reputación. Ni hablar de cómo puedes compartir una cama. La intimidad es un concepto que ha sido transgredido, tergiversado, transformado en la era de las redes sociales y compartimos el despertar y el desayuno y la cena. Pero ¿a cuántos y a quiénes le acariciamos el cabello? Ese y no otro debería ser el parámetro para medir nuestras intenciones. Y la pregunta no debería ser por si besarías a alguien, la pregunta verdadera es por si te gustaría ese cafuné con alguien o para alguien.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...