domingo, 13 de mayo de 2018

Silencio


Tengo un beso encadenado entre mis labios que recorre suavemente mi espalda y anida siempre hacia el sur; lo llevo tatuado con fuego en mi cuello como si revivirte fuera parte de mis dedos, de mi piel que se eriza al recordar tu mirada entrando con furia y dolor en la mía. Estás clavado en mi centro como puñal, como carne, como aquella ternura extinguida que explota cada vez que mi corazón se agita entre supuestos; porque te temo cada tarde al pensar en nuevas noches que alcanzan la cima en tu cama, aquellas noches en que no sé de tu cuerpo más que en sueños lejanos que guardo para ti entre mis piernas, y que son los mismos que oculto y destruyo en una mente que no sabe descansar de tu nombre entre las dudas y los celos. Tengo un beso encadenado que te pertenece, porque abres mi jaula, mis alas, mi intinuición que permanecía inmóvil hasta tu llegada en un cálido rincón que hoy reconstruyo con miedo al olvido o a las caricias ajenas; porque te llevo escondido adentro, en mis huesos, mientras te niego en mi interior cuando mi razón insiste en la cobardía, en la mirada esquiva, en los labios atados y en este silencio.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Buscarte.

Te siento, te leo y te respiro; te cargo en mi piel y aún así, no puedo encontrar las palabras correctas, aquellas que griten tu nombre sin tener que llamarte, las que puedan hundirse en tu dulzura y me lleven por senderos paralelos que no sepan de despedidas. Te busco desde esta vereda, aquella que me recuerda una noche inconclusa en la que conocí tu verbo, cuando pude probar la suavidad de tus labios sobre mi cuello y tu alma entrar en la mía... te quedaste aquí, arraigado en un deseo que no sabe de prudencia mientras mi mente me encierra en silencios insostenibles, llenos de la rabia de pensarte en el corazón de otra, lleno de dudas y nubes que se cubren con una sonrisa falsa, porque mi cuerpo sólo grita amor por ti pero mis pies marchan en direccion opuesta por miedo a no encontrarte al final de esta ruta. Quiero soplar en tu oído, anidar en tus piernas, quedarme contigo un segundo más para fundirme en tu abrazo, para colarme en las sombras y unirme a tu espalda; gritar tu nombre al viento para que lleve a ti este sentir que no ha probado nuevas recetas desde que supe del sabor de tus ojos vaciando los míos. Llámame y quiébrame entera, rómpeme en cuerpo y espíritu, que si no es contigo no hay quien pueda llenarme; completa el acto y cierra la escena, navega en mi locura y piérdete en este amalgama de opuestos que es mi deseo, porque eres tú y tu palabra la que busco en entre el humo, porque eres tú a quien extraño esta noche en la oscuridad.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Imperativos.


Enséñame a ignorar esta cobardía, a dejarme llevar por tus labios, por tus letras, por la locura compartida en los océanos de la palabra; enséñame a revivir lentamente en tus brazos, porque cargo con un corazón maltrecho de tanto errar en lugares equivocados, movida por el terror de seguir sufriendo los embates del sentir. Quítame el miedo, la ropa y los pudores, sácame estas ganas de quedarme allí contigo, de enredar mis piernas en tu cintura sin medir las consecuencias de mi arrebato, sin pensar en las cadenas de mi pasado. Arráncame esta duda con tus besos, usa los dientes si es necesario, grita mi nombre al aire y hazme renunciar al ayer; porque mi canto se cansa de extrañarte, porque mi piel no resiste más los surcos que dejó tu dulzura. Ven y exígeme valentía, roba de mi boca estas palabras que por hoy sólo escribo, tócame el alma, palpa mi pecho, anida en mi vientre y quédate ahí la noche entera; porque ya no basta pensarte, ni mirarte oculta mientras evito encontrarte en aquella esquina del deber o la calma. Conjúgame en presente y futuro, que no quedan más pasados para pisar cuando el centro late al verte llegar; quédate a mi lado y quiéreme en la locura, en este amalgama de tu paz y mi tempestad que me domina cada noche que recuerdo tu sabor. Enséñame a amarte, a dejarme guiar por tus pasos hacia un cuarto propio y a mirar el cielo bajo tu cristal, con la magia de tu mirada desbordando cada uno de mis nudos, esos que desatas con la ternura de tus dedos, con el calor de tus ojos que se torna mi virtud.



Boats & Birds - Gregory and the Hawk.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Letras que hablan.



Voy cayendo en ti con una dulzura inusitada, abandonándome en tus letras cada vez que apuñalan mis dudas, como si de pronto los golpes del destino jugaran conmigo al ponerte en medio de una carretera rota de tanto andar sin rumbo, perdida por los vaivenes de lechos sin sabor ni sentido. Voy cayendo en ti cada vez que me canso de fingir que no dejaste marcada mi piel con la ternura de tus besos, con tu voz musitando en mi oído una invitación que, por cobardía, acepté a medias. Pasan los días, pasan los cuerpos y yo sigo aquí, ebria por el sabor de tus labios, mareada de tanto haberme perdido en tus sábanas, en la oscuridad de aquel rincón que trato de reconstruir entre imágenes borrosas en mi memoria para volver a poseerte en alma, en esa melodía que llegó como un vendaval y que escondo en relatos insignificantes de cómo pierdo el tiempo para dejar de pensarte. Porque te quiero y no salen las palabras correctas al mirarte a los ojos, al sentirte en mi centro, al buscarte a lo lejos en los pasillos de mi mente mientras me dejo ir en ti, en tu ritmo acompasado que me envuelve en esta locura de quererte entre las sombras y no querer partir.


Barrio Italia. Octubre de 2017.

domingo, 29 de octubre de 2017

Llamado.



Ven, navega en mi locura, quédate enredado en mí por noches enteras, eternas, cuando el reloj se funde en tus sábanas y mi aliento cuelga de tus labios. Ven, que quiero sonreír mientras cometo el mismo error en tu espalda, quedarme un segundo más en tu almohada, atraparte entre mis piernas y mis sueños que se tiñen con tu tiempo para así quedarme contigo sin el miedo, sin la huida. Aprendí a vivir extrañándote incluso antes de conocerte, sintiéndote ahí, entre árboles que arropan nuestras soledades y aquellas luces que se fragmentan con tu mirada, bajo la sombra de tu cuerpo sobre el mío, ausente de tanto callar lo que digo con mis brazos. Ven, que quiero que leas cada marca de mi pecho, cada cicatriz que cargo en el alma y en la piel, porque aprendí a vivir sin sueños de miel aún cuando estos me encontraron en el puerto de tu cama, en la calma de tus ojos idos buscando mi boca mientras me escondía del ruido entre cuerpos y polvos. Ven, porque quiero vivirte mientras me siembro en tu memoria; porque, aunque trate de evitarlo, sigues apareciendo en mis páginas, iluminando todo como brisa de primavera en medio de tanto invierno asentado en mis huesos. Porque aprendí a correr en dirección opuesta, mas esta noche no quiero irme sin saber lo que el corazón oculta, lo que tus dedos grabaron, lo que viene después.


domingo, 22 de octubre de 2017

Magia y enigma.


Es extraño el sabor que me dejas cada noche al dormir; permanece conmigo tu calidez, la ternura de tu voz, la pasión de tus palabras que atraviesan mi vientre y resuenan en mis sueños con una intensidad etérea. Te siento jugar en mis labios; un poco de dulce y otro tanto de agraz, mezcla perfecta de sabores en mi almohada y en mi pecho que se abriga con cualquiera de tus desvelos, con la inocencia de tu mente y la devoción de tu cuerpo cansado de la incerteza. Eres magia y enigma, abrazo fortuito entre tantas miserias, el miedo enterrado en mi carne cuando la realidad cae como la noche y me cubre con el espanto de los límites... y aún así te pruebo un poco más, adicta a tu abismo, al vértigo de tu compañía y a tu mano sosteniendo la mía. Me estoy quedando en ti, contigo; aquí bajo el alumbrado en una imagen que quiero, por un instante, conservar en la memoria y atrapar entre mis dedos que se vuelven tornasol con solo nombrarte.




martes, 17 de octubre de 2017

Paisajes nocturnos.



Siento cómo la calma de la noche empieza a sumergirme en una extraña quietud, como si mi alma estuviera en reposo constante, en un compás de espera que se tiñe con tu nombre, con tu risa, con tus miedos. Te espero en la esquina mientras te busco de reojo entre las sombras de un deseo que crece y que no puedo detener, porque se asienta en mis piernas, en mi pecho, en mis ojos cada noche que duermo con el sabor de tus labios y con el ritmo de tu voz. Tu mirada me desnuda sin saberlo, tus ojos pequeños iluminan la oscuridad de una banca que espera por nosotros; caminamos perdidos, sin hora y sin plan por las veredas de una ciudad nueva, una ciudad que se abre para nosotros entre carreteras y canciones sin sentido que se acumulan en en una nueva armonía. Entraste lento en mi locura, de a poco te has metido en mi piel y vas dejando huella, porque aún no existen caricias ajenas que puedan sacarte de mi pensamiento o competirle al calor de tus brazos. Retomamos el rumbo y siento cómo la calma de la noche empieza a sumergirme en tu esencia; los árboles de aquella plaza cobijan anécdotas de lágrimas, de carne, de soledades que han sabido sobrevivir los años entre tantas desgracias y tanto humo; nuestras siluetas se alargan cobrando vida en la penumbra y yo naufrago entre aquellas palabras que pintas en el aire mientras me dejo ir en tus desvelos, en tu tormenta, en tu intensidad.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Como las olas de mar, tu recuerdo.


El oleaje vuelve a cubrir mi cuerpo, baña mi alma con su ambivalencia, con sus venidas y retiradas, con la inconsistencia que tanto me aturde y me hace perder los estribos. Busqué paz en tu distancia, busqué calma ante la desesperación de tu ausencia mientras observabas desde lejos cómo iba tejiendo el camino que hoy de ti me separa. Busqué viento y mis pies encontraron vida propia, anduve errante entre fallos y aciertos cuando esperabas en una tormenta propia que me impedía escucharte, porque nunca alzaste la voz para detenerme en mi huida. Nos perdimos de todo, nos perdimos del mundo con mis labios en tu cuello, con mis piernas rodeando tu espalda, con tus brazos afirmando mi cintura. Me perdí en tus ojos y no supe cómo sobrevivir el naufragio porque nos perdimos sin tenernos jamás, porque el amor no sabe de intentos ni de cobardías, porque me ganó el temor y me refugié en los muros que tú mismo construiste en lugar de derribarlos con la intensidad de aquél sentimiento que hoy yace agónico, por la inclemencia de la desmemoria y por la crueldad del reloj que no permite espacio para el arrepentimiento ni tiempo para un salto más. Entonces, el oleaje vuelve a cubrir mi cuerpo, baña mi alma con su espuma de olvido, porque renunciaste a mí sin darme aviso, porque te dejé ir sin saber luchar.



domingo, 24 de septiembre de 2017

Amar.


Amar es esa extraña mezcla de saber cuándo renunciar, cuándo dejar ir y cuándo quedarse para dar la pelea.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Decir.


Hay cosas que cuesta una vida aprender a decir.
Para mí, lo más difícil es decir "te extraño".

Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...