Estoy en la mitad de la carretera cuando las preguntas aparecen en el camino, cuando invaden el café matutino, el descanso cotidiano, porque ya no sé si estoy sin ti o conmigo, si extrañarte nace en el corazón o en la costumbre. Te pienso cada segundo del día, vives aquí, conmigo, en cada cielo no compartido y en cada piedra pisada mientras divago entre ideas veloces tratando de entender si la nostalgia es por tu ausencia repentina o por mis ganas de abrazar tu espalda, por el sabor que dejaste en mi piel aquella tarde de sol antes de abandonar en aquél parque los pudores. Te pienso, te cargo conmigo un último momento, porque las dudas ya no nacen de ti, porque mi mente se desnuda de tanta emoción y en frío se repite con una constancia abrumadora las preguntas de siempre, el miedo arraigado de no saber si te extraño por ti o por eso que tú me dabas, por el vértigo de despertar tan lejos y saber que ahí estarías, a tan solo una palabra de mi almohada, velando mis sueños turbios que comenzaban a teñirse con tu esencia de puro terciopelo e inédita dulzura. Te revivo en la memoria y esta melancolía se torna impersonal, como si estuviese despertando lentamente de una quimera, como si nunca hubieses estado y solo existieras aquí, en mi mente, en mis recuerdos, en la virtualidad de un lazo que nunca estuvo y cuyo nudo no deja más huella que aquellas a la orilla del mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario