martes, 15 de agosto de 2017

Rabia.



La rabia vuelve a enraizar lentamente y me vuelca
en palabras impulsadas por la ira momentánea,
cólera que no quiere salir al sentirme incomprendida,
                                                            desleída,
olvidada en plenitud y contemplada sólo en la superficie,
porque me siento como una extraña para quienes cargo en el alma
y mi transparencia se torna taciturna entre palabras erradas.

Te siento como una espina, clavado dolorosamente
cuando caigo en la realidad de tu inconsistencia
                                                      inconsciencia dura
por el error de pensarme desde ti y no desde mi esencia,
porque saltaste lo vital y te quedaste en lo ideal,
en la imagen material del concepto por el concepto,
en lo que creíste ver en mí sin saber sentirme ni vivirme.

Entierro entonces el humo en mi garganta
para asfixiar la rabia del no decir la decepción que crece en mí,
                     la tristeza del árbol caído por tu ceguera temporal,
por la incertidumbre en la que me abismas por esta culpa
de fallar cuando no puedo cargar más sobre mis hombros.

Entierro el humo para ahogar la rabia que vuelve a enraizar,
que se queda en mí ocupando el espacio que antes habitabas,
cuando tus alas se abren y las mías se queman en esta encrucijada,
                                                                          entre tu espada y mi pared,
entre tu silencio espectral y mis gritos de furia ciega,
estos que lanzo al aire para que perforen tus oídos a ver si así,
por última vez, puedes volver a verme desnuda de tanta máscara,
herida una vez más por el vaivén del porvenir.


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