domingo, 20 de agosto de 2017

Ya no te espero.


Mis labios tienen un nuevo sabor pero mi alma sigue impregnada de tu ambivalencia, esa que daña cada célula en mi cuerpo adolorido como si tus fallas de carácter fueran una dolencia terminal o tus silencios sangraran mis oídos y me impidiesen volver a sentirte como antes. Siento el viento soplar suavemente en mi rostro, pero tu recuerdo me impide soltar las riendas y aceptar un calor menos espectral, como si cargarte se transformara en la cruz que tanto odio, o tal vez odio cargarte como la cruz que eres. Ya no te busco porque quiero perderte, quemarte vivo en el destierro al que me lanzaste, porque hoy soy una exiliada de mí misma y tú te tornas un simple turista que paseó por mi geografía y sólo pudo conservar una fotografía borrosa, efímera, lejana de lo que era el fuego. Respiro un poco porque ya no te espero, porque fuiste un paseante más que no deja rastros ni huella por lo liviano de tu andar y lo errante de tu sentir; mientras yo sigo aquí, enterrada en un recuerdo muerto que ya no tiene cabida y que me canso de despedir, porque mis labios tienen un nuevo sabor y aún así la vida sigue teniendo sabor a ti.


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