Algo vibra en mi interior e impulsa mis pies, como si remolinos de humo me condujeran a tu lado cada noche que recuerdo tu verbo. La imaginación cobra vida y te pinto entre mis sábanas respirando mi aliento, bebiendo mi piel, enredándonos en la carne del otro como si no existiese otra misión más que devorarnos en ese instante, dejarnos seducir por la pequeña muerte que nos aguarda oculta en tu espalda y entre mis piernas. Te siento clavado en mi cenit, coronando con tu lengua el templo de nuestro cuerpo mientras yo te clamo de rodillas... y te dibujo con mis dedos recorriendo con suavidad mi pecho y todos aquellos rincones que esperan aún ser descubiertos por la dulzura de tu boca. Porque quiero enterrarme al sur de tus sentidos y quedarme ahí hasta el último suspiro, darle alas a la superstición y dejar la mente colgada, lamer tus labios y que muerdas los míos para perderme en ti, perderme de mí misma. Quiero sentir tu respiración en mi oído y enredarme en tu cabello hasta perder la conciencia... y quedarme ahí, yo guardada en tu pecho y tú enterrado en mi vientre, en un nuevo compás de espera dominado por el letargo natural de dos cuerpos que caen al unísono.
sábado, 1 de julio de 2017
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