El silencio es tanto que puedo escuchar
el caos y la velocidad de mis pensamientos,
los oigo derrumbarse uno a uno
junto con cada recuerdo de tu cuerpo;
escucho mi alma latir al compás de tus manos,
de tus besos en mi cuello,
mientras la tierra susurra los pasos de los viajantes
como si fuera mi voluntad la que se pierde en tu rumbo.
Escucho el silencio y trae consigo un aire a ti,
una brisa que anticipa la tormenta en tiempos en los que
el sentir explota en tu presencia y el pensar llueve en tu lejanía;
escucho el llanto en mi pecho y lo siento venir despacio,
con paso lento y sigiloso como si quisiera caer por sorpresa
para quebrar el abismo de mis postales y lo frágil de mi espíritu.
Escucho al desastre avecinarse, pero aquí resisto:
en el silencio de tus ojos, en el vacío de tu voz.
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