domingo, 23 de julio de 2017

Despedidas.



A veces, sobran las palabras y abundan los silencios, aparecen en largas caminatas tras perder el rumbo en medio de ausencias venideras y miedos futuros que me desarman con tus ojos idos y la distancia de tu cuerpo. Entonces, los silencios se vuelven ensordecedores en medio de la noche, porque necesito del ruido para no escuchar lo que mi piel grita en medio de soledades altivas que bordean tu abismo; busco entender lo que guarda mi pecho y no queda más por decir, tus ojos dijeron todo en medio de la oscuridad de las sábanas, habló la duda arraigada y el temor por la cercanía, habló la rabia germinante de un lugar abandonado, el infierno de las despedidas y la lejanía impuesta por la razón. A veces, sobran los silencios y faltan las palabras para darte, para entregarte la dulzura que guarda mi vientre cada vez que tiembla al perder el control de la superstición, de las ideas forzosas que me alejan de tu rumbo y que ignoro a conciencia para seguir los pasos de tu calor, de tus formas de entregarte y retroceder como el vaivén de las olas que te acercan y alejan a su antojo con la voluntad de la marea. A veces, sobra el espacio y falta la voz, pero soy faro y estrella para esperar en medio de la tormenta por un poco de claridad, por la calma que hoy me entrega tu abrazo que ya no está más; porque contigo sobran las palabras, sobran los miedos, la ternura, los motivos y este adiós mientras contemplo el silencio hasta desaparecer.


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Votos

Jaime: Podría iniciar estos votos tratando de ser elocuente, pero la verdad es que debo iniciar diciendo que no existen palabras para explic...