sábado, 3 de octubre de 2015

Alma


La memoria se entierra ahora en mis piernas
                                                en tus dedos
                                                en tu lengua.
Se entierra en lo profundo de la tormenta
que habita en mi pecho y mis sentidos,
mientras revivo en lo salvaje de la memoria.

Se entierran tus besos,
                    tus manos,
                    tus dientes en mi piel descolorida,
en rincones olvidados por la razón
y reencontrados en una retorcida cotidianidad.

Se entierra el silencio y quedo cautiva
de un espacio reducido al olvido...
y el recuerdo deja de enterrarse para soltar raíz
en el engaño del cuerpo,
en la traición del pecado,
en la mentira de la prohibición.

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