Busco un interruptor que me permita detener
la velocidad de una rutina perversa que nos conduce
hacia el vacío,
a la nada de sabernos intocables,
de sentirnos invencibles
siempre que sea bajo la llave de tu piel.
Me gritas al oído y no me puedo contener,
no puedo silenciar tu voz en mis palpitaciones,
en el movimiento interior que me quema los párpados,
que hunde las crepitaciones de un pecho herido por la crueldad,
por la furia de tus ausencias.
Así te recuerdo entre los alaridos de una sábana perdida,
entre cajas y libros que guardan tu aroma en la oscuridad
mientras mis sentidos esperan dormidos por aquella llave
que ponga un alto momentáneo a la realidad y te dejen entrar en mí.
miércoles, 21 de octubre de 2015
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