Repito tu nombre a mi almohada cada noche en tu ausencia,
pensando que tal vez me pueda regresar un poco de tu libertad.
Sigo repitiendo las caricias enfrascadas
que guardo en mi memoria como presa de tu cuerpo,
de tu enigma (tu misterio)
mientras busco encerrar por última vez tus besos
en bodegas ateridas de temores y fantasmas.
Te pienso, te deseo, te escucho...
te busco en los cajones de un recuerdo sincrónico,
en las melodías de una tentación mordida,
arrancada, pervertida y extraviada en la bocanada
que incendia mis sentidos y quema mis manos,
que quiebra el cristal del hipnotismo y me desnuda el alma, el juicio y el torso
cuando tus dientes se clavan en mi pecho y pensamiento.
Repito tu nombre -y tus caricias- entre la espuma que busca
calmar el fuego que corrompe mi claridad
y mientras tanto, aquí te espero:
ahogada en mí misma,
atrapada en tu maldad.
lunes, 12 de octubre de 2015
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