Mis palabras quedan atoradas en la espuma del deseo
mientras la sugestión me eleva
entre sueños de cama y espadas de piel.
Así, en las noches frías eres incierta utopía,
ardiente caudal que fluye
como la marea que cubre mi cuerpo.
El aire de tu boca no me deja respirar;
me sofoca,
me reprime,
acalla las tribulaciones
en la sombra y la ficción de los no lugares profanados
(olvidados)
cuando el destello de tu furia toca mi ventana.
Te pienso, te revivo, te desnudo:
vivo en el tormento de tu espacio que me atrae
y que me arrastra contigo en la trampa del abrazo.
Ya no puedo renunciar: la pasión me ciega.
Me impide dejarte ir en escenarios tan adversos
como tus caricias clandestinas,
anónimas por lo sublime del castigo,
prohibidas por lo breve de tu ardor.
Soy la voz del placer hecho carne,
ese que corta las manos a quien busca el empirismo,
quien abisma en el vacío a quien se deja llevar
por el impulso de mis labios, de mi pecho, de mi locura...
la tortura del arrebato que no tiene pies,
del desenfreno sin razón.
lunes, 12 de octubre de 2015
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