Los gritos siguen dando vueltas en mi cabeza,
reverberan y rompen mis tímpanos,
abren el dolor de viejas heridas,
perforan el sentido de mi femineidad.
Penetran fuerte en mi memoria y se quedan
los ecos ensordecedores del error,
del vacío,
del sufrimiento acallado por los rumores del silencio.
Sigue el ruido de la furia en las paredes,
aquél que duele en lo profundo de un cuerpo cansado,
que quema en lo hondo de una sonrisa impuesta
por el juego de roles y en la paz fingida
de un corazón que no da más de tanto amarte.
Sigue el sufrimiento de la espera y el letargo
pero permanezco en la incandescencia de la esperanza,
del deseo de volver a verte brillar.
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