Tu carne es un recuerdo vivo que aun arde en mi piel.
Busco acallarla, silenciar tu roce, tu tacto,
el descaro de tus manos sosteniendo mi cintura
mientras me pierdo en tus polaridades, en el vaivén
de tu espíritu que me hunde en el mareo y la incertidumbre.
Tu pasión oscila entre el pudor de lo correcto
y el llamado animal de mi cuerpo que te extraña,
que te grita en la distancia por los ecos de tu lengua
de tus labios
de tu perfume impregnado en el encaje de la seducción.
Tu lenguaje me alcanza, tu imagen me persigue
y perturba las aguas tranquilas de mi naturaleza,
se inserta en el espasmo de mi vientre tan hondo
que los sueños se humedecen con tan solo nombrarte
y la distancia se hace encierro entre tu espada y su pared.
domingo, 18 de octubre de 2015
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